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Cuentos de un mochilero: Día de logros

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Hoy, 20 de junio es un día importante. Exactamente hace dos años renuncié a mi trabajo para irme de mochilero por el mundo y convertirme en autor. Aquí les dejo una lista cortísima de mis logros más importantes. ¡Tengo mucho que agradecerle al mundo y a su gente!

1. Estoy vivo.

Desde que renuncié, he recorrido 21 nuevos países en Asia, el Medio Oriente y Escandinavia (van 53 países en lo que me va de vida). Y, mi gente, no estamos hablando de vacacionar en hoteles de cinco estrellas (excepto en Corea del Norte, ya que no te dan otra opción). Voy con mi mochila y me quedo en hostales de cuartos compartidos, o en la casa de gente que acabo de conocer, o en una caseta en el medio de la nada en Mongolia (donde me decían que tuviera cuidado con los lobos, que acaban con cualquiera y no dejan ni los huesos).

Me he caído varias veces corriendo en motocicleta; las llamo mis heridas de guerra en Vietnam. Me he chocado de cabeza con un camión y por poco me llevo a un cebú enredao’, por mencionar algunas pocas de mis aventuras en motocicleta desde Ho Chi Minh City hasta Hanoi. Puedo decir que me he hecho un profesional corriendo en todo tipo de terrenos infernales y con tráfico tan caótico que hace ver al tráfico de Puerto Rico como nene de teta.

He comido perros, serpientes, sapos e insectos. Además de que he comido mucho en las calles de

los países más sucios de este planeta. No sé por qué no me ha dado un gusano de esos que te crecen largos dentro de la barriga; al menos, no hasta el día de hoy.

Entonces, si voy a morir a causa de mis viajes, me imagino que será a largo plazo gracias a las fumetas involuntarias de plástico quemándose entre la basura que me di (una práctica muy común por esos lares).

Pero sigo vivo; eso es lo que importa.

2. He conocido gente increíble.

He hecho amistades locales en cada país y todas han sido especiales. Gracias a ellos, he visto cientos de ciudades desde la perspectiva de un local y he tenido la oportunidad de tener conversaciones muy enriquecedoras. Me han llevado a sus casas, me han dado de comer, me han llevado a fiestas de familiares e inclusive bodas.

A eso le añado los cientos de viajeros que he conocido en cada país. He visto todo tipo de mochilero: desde el que viaja solo con una caseta y tres mudas de ropa hasta el que viaja con una mochila acabada de comprar y viste ropa de marca. Cada cual maneja su presupuesto como puede: desde los que trabajan a cambio de comida y un lugar para dormir hasta los que van como ricos sin preocupaciones; todo es cosa de prioridades. También los he visto de todas las edades: desde jóvenes universitarios hasta familias mochileras y hombres retirados ya pasados de sus 65 años (el hombre tenía un afán con las prostitutas en Indonesia).

He aprendido mucho de todos ellos, tanto de locales como de mochileros: sus filosofías de vida, sus métodos de supervivencia, sus aventuras. Mi “consciencia cultural” ha crecido exponencialmente en los últimos dos años. Y les dejo una verdad: la gente es feliz en todo el mundo. Sin importar cuán pobres o cuán ricos sean, siempre hay espacio para una sonrisa.

3. Tengo nuevas destrezas.

Habiendo aprendido a comer lo que sea, a dormir con cucarachas en el tren y a negociar con cualquier tipo de vendedor hasta obtener el precio de los locales (el precio justo), entiendo que ya puedo ubicarme y desenvolverme en cualquier país con mínima planificación e inclusive sin saber el lenguaje. Solo se necesita tiempo, paciencia e imaginación. Aunque es algo más turístico, vale mencionar que obtuve mi licencia de buceo recreacional PADI. De todos los lugares que pude escoger, escogí la isla de Coron en Filipinas. Mi examen práctico lo hice a 30 metros de profundidad con un buque de guerra japonés de la Segunda Guerra Mundial de trasfondo.

Aparte de los viajes, he dedicado mi tiempo a escribir dos novelas, Los zapatos blancos y Signe. La motivación de escribir novelas surgió por hacer algo que siempre quise hacer; además es una buena forma para refinar el pensamiento acerca de la vida y la dirección a tomar, algo como repensar mi filosofía de vida. Pero todo ese pensamiento se refleja de manera indirecta en mis novelas, ya que yo también quería aprender a escribir una buena historia. Las novelas tienen muchos temas secundarios interesantes y están escritas para entretener al lector.

Añadido a mi trabajo como autor, decidí que quería aprender a llevar a cabo el proceso de edición y diseño de un libro como autor independiente. Esto me ha llevado a hacer contactos con la industria en Puerto Rico para finalmente lograr que mis novelas llegaran a todos los puntos de venta posibles en la Isla, cosa que me ha abierto las puertas para presentar mis novelas no solo en Puerto Rico sino que también en el exterior.

4. He hecho todo lo que he querido hacer.

Me puedo morir mañana y muero feliz. Aparte de lo ya mencionado, he visto todo tipo de bellezas

naturales y arquitectónicas alrededor del mundo (aunque me faltan las pirámides mayas y aztecas…). Me queda mucho más por ver, lo sé, pero me siento muy contento y satisfecho con lo que he visto y las experiencias que he tenido. Mi reto ahora no es alcanzar los sueños de mi niñez, sino encontrar nuevos sueños dignos a alcanzar. Creo que no puedo pedirle a la vida mucho más que eso.

¿Y ahora qué? Me sigo moviendo, sigo aprendiendo. Ahora mismo estoy en Finlandia escribiendo un tercer libro. Esta vez no será ficción (a menos que cambie de opinión). Quiero completar una obra que contribuya a la sociedad de una manera diferente, que tenga un poco de lo mejor que he visto en cada país y que ofrezca una perspectiva nueva de cómo forjar un mejor mundo para todos.

Es un sueño, una ambición. Ya veremos en qué termina.

Crédito foto: elenghan, www.flickr.com, bajo licencia de Creative Commons (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/)