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Vivir por el Canto de la Palabra

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alt“El que sea el hombre un animal político, más aún que las abejas y todo otro animal gregario, es evidente. La naturaleza -según hemos dicho- no hace nada en vano; ahora bien, el hombre es entre los animales el único que tiene palabra". (Política, libro 1, 1) Aristóteles

Y también se ha dicho, que después de Sócrates, Aristóteles y Platón, se ha dicho al menos casi todo sobre el pensamiento humano.

Durante las navidades llegó a mis manos un libro titulado: The Hidden Life’s of Trees. Ese libro devela la comunidad de seres que viven en un árbol, pero también devela científicamente, la comunidad de árboles que viven en los bosques, cómo se interrelacionan, como a través de las raíces, conversan entre sí. Compañeros, los árboles conversan entre sí. El bosque no es un lugar de silencios.

Quiero contarles una anécdota, y era precisamente esta anécdota lo que iba a ser el principio de este breve escrito.

Cuando regresé a Puerto Rico, después de haber hecho mi Maestría en Escritura Creativa en Vermont, supe de aquellos poetas que se reunían en La Bombonera. Hablamos de principios de los años 90. Conversábamos allí con importantes poetas de la década de los 60 y 70. Le pregunté a uno de ellos, un poeta huraño, malhumorado, no muy amigo de nadie, quien también tenía mala suerte con las mujeres… pero sin embargo, era querido por la crítica, publicado por La Editorial de la Universidad de Puerto Rico, y demás está decir, que también tenía y tiene mi admiración como poeta. Y le pregunté si él creía que yo hacía bien en dedicar parte de mi tiempo en la promoción y provocación de la poesía haciendo eventos públicos y demás escándalos.

Para aquellos tiempos comenzábamos el Grupo Puertas, un movimiento artístico-literario que duró hasta fines de siglo cuando nuestro lugar de encuentro, la antigua Librería Papyrus del Viejo San Juan, cerró sus puertas temerosas de la llegada del monstruo de las librerías: Borders.

El poeta elegido para mi pregunta me contestó con convicción de poeta huraño, “No, Mairym, lo importante no es lo que hagas por otros, o abrir esos espacios, ni nada de esas cosas, lo importante es que te dediques a tu obra, a tu poesía, eso es lo que va a quedar”.

Sin embargo, algo adentro te mueve más allá de consejos y/o críticas. Hice un movimiento donde escritores de la talla de Elidio La Torre Lagares, Ángela López Borrero, Mayra Santos Febres, Juan López Bauzá, Janet Becerra, Andrés Candelario, Max Resto, María Juliana Villafañe, y muchísimos que del extranjero nos visitaban en la librería todos los segundos miércoles de mes. El periódico El Nuevo Día colaboraba con nosotros, y la mayoría de las veces, publicaba nuestros comunicados de prensa. Estos fueron mis comienzos. Mayra tenía un solo libro publicado. Elidio presentó con nosotros su primer libro Embudo, y así sucesivamente, fuimos creciendo juntos. No existía nada más en el ambiente literario, fuera de lo que ocurriera en la UPI y que en esos momentos no tenía notoriedad pública.

Hoy tengo 15 libros publicados, no se le quita tiempo a la obra literaria. Porque la obra literaria viene de más adentro y es urgente. Mi poeta elegido para aquella pregunta que tuve, que me hacen ustedes hoy, estaba equivocado.

Saint-John Perse, Premio Nobel de Literatura año 1957, nos dijo que un escritor debía tener un pie en sí mismo y un pie en el mundo, y dice: “Propiciar en su siglo una condición humana más digna del hombre original,” … y este hombre poeta, “se encuentra ligado, a pesar de él, al acontecer histórico”. Y eso creo yo fielmente. No es que nos interese tanto la política (aunque a mí me interesa), es que la política se mete con nosotros. Y es el escritor quien, como un pequeño dios, nombra y des-nombra, anuncia y denuncia, o acaso no es el escritor quien domina como espada de dos filos, esa palabra indómita que taladra las conciencias humanas. Es el escritor quien evidencia su tiempo, quien escribe la historia de la que es testigo.

No me interesa la obra literaria que no me atraviese, que no me mueva a algo, que no me muestre la cara del mundo, o de mi sociedad, o de mi calle, o la cara de mí misma en el espejo de la página.

Por otro lado, me pregunto, qué escritor importante no ha hecho un trabajo gremial, no se ha pronunciado contra los males sociales, no ha sido una voz urgente y esencial entre los suyos. Hago un “brain storm” y no puedo recordar ninguno. Ni siquiera el alcoholizado y tildado de loco Edgar Allan Poe fue alienado de los suyos. Poe fue periodista inmerso en los males humanos. Muchos escritores hacen grupos, los dadaístas, los surrealistas, la generación del 27 en España, y luego los Poetas Malditos que fueron nombrados por Verlain en París. Y este concepto se podría expandir también a las artes y al deporte. Importantes artistas del canvas o del deporte, levantan su voz, se unen a causas. Lebron James, Magic Johnson (SIDA), Michael Jordan, entre otros.

Quiero dar solo un ejemplo de una de nuestras importantes escritoras que están dedicadas a diversas causas y de eso escribe. Me refiero a Yolanda Arroyo Pizarro. Muchas son las causas que asume para que intentemos todos vivir una existencia más justa. Ser mujer, ser negra, ser amante de otra mujer, desmantelar al dios de los hombres, creer en otra definición de patria que no es esta, la colonia donde habitamos, tantas causas.

Y me parece a mí que estamos todos ligados por hilos invisibles. Ligados a una conciencia política de nuestro hábitat, ligados a una conciencia política de los sucederes del mundo, y aún más allá, de una conciencia planetaria. No podemos escapar, ni debemos.

Termino con unas palabras de Pablo Neruda, que después de relatarnos extensas travesías en su Chile natal durante el discurso que diera en Estocolmo al recibir el Premio Nobel de Literatura Año 1971, y cito:

“De todo ello, amigos, surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; pues en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común”. (Pág. 54, Discursos Premios Nobel).