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En la ciénaga del terracida Señor T

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altTrump tendrá que decidir entre dos opciones: utilizar las armas con que cuenta, lo cual es fútil, pero terrible, o retirarse calladamente de la geopolítica hacia la Fortaleza América, admitiendo implícitamente su fracaso.

Immanuel Wallerstein

Trump es un cabrón…

Yván Silen I will always tell you the truth.

DT

Del Deportador en Jefe, Obama, al Divisor en Jefe, Donald; el primer presidente negro de Usamérica le deja el estado represor, incluida la hostilidad contra los periodistas, bien aceitado al primer presidente amarillo (“agente naranja”) del país de Mark Twain.

Los “19 días y 500 noches” (1999) de Joaquín Sabina se quedan cortos; a un mes del trumpismo, treinta días parecen una eternidad. Intensidad antropogénica; turbulencia que el reportero Robert Fisk define como la “adicción a Trump.” Las “trumpetas” del apocalipsis, se oyó decir tras la victoria del “bebé de setenta años”; ante la cual el cineasta Oliver Stone, optimista, ¿demasiado ingenuo?, dijo lo que se ha convertido en vox populi de los crédulos: hay que darle una oportunidad al presidente.

En sus más de ochenta años, Chomksy no ha visto nunca nada igual al desparpajo de El Donald. Por eso, al día siguiente de la inauguración del presidente payaso, como le llama Matt Taibbi, las mujeres llenaron las calles de Washington DC. Marcha que se hizo emblemática del gorrito rosado, del cual escribirá después Natalia A. Pagán: “Penélope wears pink pussy hats…” Los científicos protegen la información climática importante, proclive a ser requisada por el presidente anticiencia-pro petróleo; y anuncian que marcharán por la ciencia en Washington DC durante el mes de abril.

Las protestas proliferan en Estados Unidos y en el resto del mundo; los ingleses embisten contra Trump desde el Parlamento y desde la calle. Por su parte, hasta la fecha, la base republicana se mantiene fiel al trumpismo.

Para un escritor como Chirs Hedges, que viene hablando de la profunda crisis estadounidense desde War is a Force That Gives Us Meaning (2002), el autoritarismo trumpista plantea una “guerra anunciada” o un “periódico viejo:” a saber, ¡algo que se veía venir! En su reciente columna de Truthdig, Hedges es claro: “American fascism will be cemented into place by uniformed and heavily armed paramilitary squads clutching the flag and the cross and reciting the Pledge of Allegiance and the Lord’s Prayer.” Cornel West asiente: trumpismo y neofascismo son sinónimos.

El presidente Peña Nieto insulta a los mexicanos al invitar al candidato Trump a México. El pueblo protesta contra El Donald. Desde Ecuador, el presidente Correa gira la ecuación que todo el mundo maneja; dice que Trump sería lo mejor que le podría pasar a la izquierda de América Latina. En Puerto Rico, el anexionismo de Jennifer González no puede sino hacerse trumpista. ¿Asco o náusea? Otra pesadilla neoliberal. El trumpismo, cleptocracia que Fidel Castro se perderá —Trump insultó al líder cubano al morir; Obama dijo que la historia lo juzgaría—; el trumpismo gravita hacia la plutocracia macrista argentina. Imantación tóxica.

El mexicano más rico del mundo, Carlos Slim, se pronunció ante el torbellino —el trumpbellino— con optimismo corporativo. Dijo que Trump no era sinónimo de “terminator” sino de “negotiator.” A su vez, el economista liberal Robert Reich y el periodista antibushista Keith Olberman asedian a diario la tiranía trumpista; mientras Paul Krugman, otro economista que cree en reformar el capitalismo, dice, como tantos siquiatras y sicólogos, que el presidente es un enfermo mental. Tom Engelhardt resume el espanto en Tom Dispatched: “Never in the history of the media has a single figure—one human being—been able to focus the ‘news’ in this way, making himself the essence of all reporting.”

En sus charlas semanales, el profesor de economía marxista Richard Wolff se plantea, incluso cuando no pueda dejar de comentarlo, no hacer de Trump el eje de sus comentarios económico-sociales. Desde el D. F., Laura Carlsen asegura que El Donald odia el país vecino; propuesta que, desde El País, reaparece como pregunta: “¿Por qué Trump odia México?”

“Y en eso llegó Trump,” planteó Iñaki Alonso desde Loquesomos. Presencia que Michael Moore ha propuesto contrarrestar a partir de 10 pasos.

¡Vértigo!: en el contexto de la crisis financiera de Puerto Rico, subraya Néstor Duprey en el programa de radio Fuego Cruzado, Trump ha sido más atinado que la Junta de Control Fiscal impuesta por Obama, al decir, como ha dicho Carlos Gallisá desde hace más de tres años, que la de la isla es una deuda impagable y que por lo tanto necesita ser reducida (“hair cut”). ¿Trumpismo o trompazo?

Prueba de fuego; último trolley. En su primera rueda de prensa, el presidente neofascista de complexión zanahoria (“agente naranja”) traza una raya que nos interesa remarcar: dijo que no violentará a los indocumentados protegidos por DACA (Deferred Action for Childhood Arrival), muchos de ellos son niños, como su hijo y sus nietos. Días después, su administración parece titubear ante lo dicho.

Si Trump rompe su palabra y arremete contra DACA, como hizo contra Daniel Ramírez Medina de 23 años, ¿lo trompeamos?