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Peregrinaje de una perra realenga

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Arte Mía se marchó. Emperrada, anidó hierbas curativas al inventario añoso que llevó consigo.

 

3 polvos desiertos

2 silencios

1 beso salado

 

Emigró sin yola desde Puerto Rico rumbo Gabón, África.

 

Huyó del dolor Gorila.

 

En San Juan, Gorila, quedó sin dormir. Culpable. Con una sola esposa a su lado, además esposado a la penumbra por los sabores mágicos de Arte Mía. La partida sorpresa de su amante palideció su instinto primate. Roció erección a su PENA.

 

Durante su travesía a la jungla la perrita ladró y chilló los chapoteos . Algo nostálgica, perreó hasta ahorcarse los labios con encajes turquesas ocultos bajo la falda. Ahogó varias muertes. 100 Hombres. 2 mujeres y un solo gorila. . .

 

Grabó salpicaduras rocosas a sus rodillas como si hubiera bordado en piel detalles de su viaje . Sudorosa entre recuerdos, saboreó dulces. Deliró anchuras de espalda clavándose a su piel. Gimió. Soñó Amor disfrazado primate. Nada le hizo regresar.

 

Una conga en su pecho dictó vida. Enjoscicó su sensual perfume a poros de un continente nuevo, donde reencontró su propio aroma.

 

Sintió machos latir desde sus adentros,

 

Un par de patas

Dos manos

Una sola boca.

 

Desyerbó bulbos “empatriados”. Hurgó tierra tras tierra hasta saciar UNICAMENTE SU HAMBRE.

Como perra ignoró el tetito gordo de carne entre las piernas.

Desde inmigrante en adelante solamente comió yerba.

 

Estrelló la jungla a su boca, sin saciar su hambre PERRA.