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Panadería boricua

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Energy

is…

mofongo…

VHC

Fumando un poco de poesía nuyorican, Snaps (1969) de Victor Herández Cruz,

the soul is a beautiful thing

& i live by the soul

when i walk

it takes me

today

i didn’t go to school

i read

got high

read

wrote

got high

veo en la pared de la biblioteca algo que no está escrito: “el pan nuestro de cada día.” Pestañeo. Frase clave de las prédicas cristianas. Vuelvo a leer y veo otra dimensión de lo que falta en la inscripción: el verbo y el complemento de tiempo (“dánoslo hoy”).

Entre el humo y los libros que se acumulan sobre el escritorio, como Puerto Rico en la olla (2007) de Cruz Miguel Ortiz Cuadra, la referencia al trigo bíblico evoca la marihuana de otro poeta nuyorican, el Reverendo de la Santa Iglesia de la Madre de los Tomates, Pedro Pietri: “Free grass for the working class.”

De la religión a la poesía boricua: las referencias al pan bíblico se multiplican.

¡Cristianocéntrica!

Con los ojos cerrados, “El pan nuestro de cada día” aparece escrito en el pensamiento (fondo negro sobre letras blancas; silencio). El título de un ensayo antinihilista, La poesía piensa (2010), añade una dimensión sinestésica: ¡olor a levadura! Del mismo autor, Yván Silén, una novela corta, La muerte de mamá (2004), parodia antropofágicamente la Última Cena.

De la literatura a la pintura; encuentro inevitable con el cuadro homónimo de Ramón Frade, El pan nuestro de cada día (1904). Conmoción interdisciplinaria. El orden de las palabras escritas en la pared se altera; ¿se puede no pensar en el garabateo en la pared del baño en Spiks (1956), cuentos de Pedro Juan Soto?

Alterada la frase de Frade, “cada día [empobrecido] del pan nuestro,” se transforma en una propuesta mucho más anclada en la política colonial de la isla, recién legalizada por la Ley Foraker de 1900, como señaló Félix Córdoba Iturregui.

Vértigo lingüístico; la crítica política de Frade estalla como una mancha de plátano que llena la pared de hambre, desarticulando la frase hasta el sin sentido: “nuestro el de día pan cada.”

Confusión. Ante la pérdida de sentido, la fotografía de Víctor Vázquez repite con diferencia la prédica sin verbo de Frade, El pan nuestro de cada día (1998); esta vez en el contexto de la carne y de la identidad de género. Con hambre de poesía, la fotografía se aboca a la ficción: un falocentrismo mitigado por la madre, encuadrada (y encuerada) desde una mujer con el racimo en la mano.

La escritura tiembla ante el furor de la imagen pictórica de Frade y de Vázquez; tremor que, desde una página web, Celabie, el ensayo historiza desde un título brutal: “El pan nuestro de cada día” (2016). ¿Tríptico o tripleta?

Ensayo; rastreo histórico del plátano en el arte boricua que termina con una crítica a los plátanos de Bernardo Medina, en Jibarito Pop (2016): intento de borrar la seña de identidad que, desde la poesía de las primeras décadas del siglo XX, Luis Lloréns Torres le adscribió al pan del jíbaro boricua:

Mata de plátano, a ti,

a ti te debo la mancha…

¡Tres en uno! “El pan nuestro de cada día” sabe al “vino amargo” de plátano de José Martí.