Mié10172018

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Marta

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Marta

Amada de las albas sin sombra,

han sido cuatro años

escuchando tu nombre desde los árboles;

ha sido sed y sueño,

ha sido la mesa de aquella librería, ya cerrada,

donde algo del espacio ya nos conocía;

he sido libre por ti

y he sido libre por los ojos de Fabián y de Fabiola,

siempre entre lloviznas de niños,

recitando la transparencia;

Marta, mi agua de caracoles,

la que me buscaba herido entre las máscaras,

la misma del vendaval y la paloma

hembra de infinito que me toca el rostro

con su sonrisa, cuando amanece

y nada de la tierra se nos acerca;

han sido cuatro años,

de lluvia y de velero, de cantar por la casa,

y de hacer abecedarios de visiones;

cada día, Marta,

sigo de ti, y veo el mar,

con su espada y su salvación;


te sigo escuchando única

en los árboles que vienen de tu patio


en esa primera vez,

donde me sentiste eterno.