Mié07182018

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Pensando a Stephen Hawking

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altjunto a tu sombra despeinada

un número en tus ojos se va sorprendiendo,

y crece plateado de fuentes

va y toca las sienes del que duerme

avisa el limpio vacío del hombre

a veces, con tus libros existe nebulosa,

no sé cómo escribirlo, tampoco tengo la sed de esa imagen,

y por eso está ahí, como un sabueso adormilado

como todas las casas del humo sobre el astro

y otra vez ese idioma redivivo de la inmortalidad

de conocerlo todo y vivir desnudo, no sé,

solo en ocasiones camino de poesía,

te confieso que veo-la poesía-como un plato de avellanas

lanzadas al aire del verano, con frío,

y me llegan nombres, Tales de Mileto, Kepler, Copérnico,

la tibieza de Einstein, los voltajes de Tesla, no sé,

se abre una escuela cerrada por el polvo

donde respira un fósil de bengalas

y tú, físico de alondras,

de parques ásperos de trazo y astronomía

de ese delgado océano maduro en escalas

recordándome, que lo celeste tiene peso,

el peso magnífico del azafrán,

el cubo, el binomio raíz y luz,

y de que no hemos comenzado.