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Recado a Samuel Molina

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altAño 1954, Teatro de la Universidad de Puerto Rico

Victoria Espinosa,

dirigía y estrenaba “Así que pasen cinco años”

una obra de Federico García Lorca,

una de las últimas de su equipaje;

pude ver la foto sembrada en una luz de espacios;

pude verte a tí, el novio que traspasa sin soñar

la vida y la muerte, pude verte

en una blancura luchando sus nuevas palabras,

y la sombra, rozaba el aire del escenario

tú, ante las luces abrías el paraguas de un árbol nostálgico:

estabas aprendiendo la inmortalidad.

Solo aquella vez,

tu voz se me quedó en orbes de páginas,

en poemas a buena estación de frío, la razón de reír,

cuando al sol no le quedaba otra cosa que soledad,

y de soledad, me recordabas a Federico,

derrotado por sus dioses,

ah Samuel, el siglo tuvo contigo un solo día,

y tuvo el maleficio de perseguirte y robarte de los hombres simples,

pantallas, histriones que de surcos inundaban tu nombre,

y sin conocer el silencio te amabas en cielo callado

ahora, más allá de los cinco años,

no haremos otra palabra para esta patria

que no sea, tu revolución.