Dom04212019

Last update09:52:30 AM

  • ja-news-1
  • ja-news-3

Los nacionalistas no van al paraíso

  • PDF

El conjunto de nubes, como pizcas de algodón, cubrían todo el cielo iluminado con el brillo incandescente de la luz del sol. Ver las nubes desde arriba daban una sensación de poder, una perspectiva distinta al observarlas desde abajo. Era el mismo panorama que debía tener Dios al curiosear los mortales. Ricardo observaba a través de la ventanilla del avión la infinidad e imponencia del cielo. La tristeza que lo embargaba lo hacían pensar y reflexionar religiosamente mientras regresaba a Puerto Rico ante el fallecimiento del abuelo Teo.

-¿Será este el firmamento en el que permanecen las almas de los que mueren? ¿Cómo se distribuirán los espacios entre la multiplicidad de almas que van al cielo?

-¿Será el mismo paraíso que esperan las almas de los terroristas musulmanes que dan la vida en nombre de Alá?

-¿Estarán los cristianos que murieron en las Cruzadas defendiendo el Santo Sepulcro ante los musulmanes en nombre de Jesucristo a cambio de la vida eterna en el mismo cielo?

-¿El alma de los judíos que crucificaron a Jesús cohabitarán con las almas cristianas?

-¿A dónde irán las almas de los que mueren defendiendo los derechos a la libertad de los pueblos subyugados y colonizados?

-¿Por qué si hay un Dios en un solo cielo tantas guerras religiosas se han combatido históricamente a nombre de ese Dios buscando alcanzar tras la muerte un pedazo del idéntico cielo?

La noticia de la muerte de Teo le llegó a Ricardo mientras Tania le presentaba a la compañera sentimental de muchos años. Un doble golpe emocional que derrotaron su estado anímico en un segundo. El líder y mentor de la lucha por la independencia murió sin él poder pedirle su bendición. La mujer que comenzaba a robarle su corazón le confesaba la imposibilidad de una relación amorosa con él porque ya convivía con una amiga. Sentía un vacío igual de inmenso que el cielo que se contemplaba por la ventanilla. Cerró la ventana y se acomodó a dormir el resto del viaje.

La esposa de Teo no lo sintió a su lado en la cama. Al no verlo se levantó a buscarlo. Era muy temprano para que estuviera despierto. Lo encontró recostado sin vida sobre la mesa del comedor encima de unos bocetos del área de la Milla de Oro en Hato Rey, una bitácora con horas de entrada y salida por varios días con distintas iniciales, un listado con los nombres de los miembros de la Junta Fiscal con sus señas particulares, entre otros documentos y papeles. No fue una sorpresa para ella la muerte de él por la enfermedad que lo aquejaba, con sus ochenta y cuatro años murió “con las botas puestas”.

Los documentos eran parte de la nueva estrategia de lucha contra la Junta Fiscal que estaban elaborando con el objetivo de causar un impacto internacional sobre la situación política en Puerto Rico. Teo estaba encargado de vigilar los movimientos diarios de los miembros de la Junta. Para él ser parte de la “cuarta edad” lo hacía invisible en el área de Hato Rey. “Los viejos pasamos desapercibidos para todos”, era su lema.

La muerte de Teo desencadenó un movimiento interno entre el grupo clandestino para recoger toda la documentación que tenía en su casa sobre las acciones que se estaban organizando. La perdida de Teo provocaba un gran vacío en la formulación de estrategias e ideas dentro del grupo de compañeros independentistas. La experiencia política y organizativa que el compartía en las discusiones internas eran la que se utilizaba para aceptar o rechazar las actividades a realizar. Aunque para Teo nadie era imprescindible, todos sabían que él sí lo era.

Entre la soñolencia Ricardo sintió a Teo susurrándole al oído, “desde los tiempos de Agueybana y Urayoán, pasando por Bracetti, Betances, Hostos, Corretjer, Lolita, Albizu, Mari Bras y Filiberto, entre muchos otros, el alma de los revolucionarios no van al cielo, reencarnan para seguir luchando por la libertad de nuestro pueblo en los seres que siguen naciendo”.