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Celebrar la vida eterna

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altEl frio que se sentía en la funeraria le hacía recordar al abogado “W” el frio en las salas del tribunal federal. En esta ocasión frente al féretro del compañero y entrañable amigo Teo, y en el tribunal frente al féretro del Estado Libre Asociado. Mientras observaba el cuerpo inerte de Teo, en su último descanso vestido de negro y blanco como Cadete de la República, cavilaba sobre el significado de la muerte.

-¿Por qué lloramos cuando algún ser querido muere, si desde que nacemos sabemos que vamos a morir?

-¿Por qué si después de la muerte tendremos vida eterna no le celebramos esa nueva vida, en vez de sufrir su muerte?

-¿No es después de la muerte que comienza la inmortalidad de los seres que amamos?

-¿Será el recuerdo que nos dejan los que mueren la inmortalidad de su existencia?

El féretro cubierto con las banderas revolucionarias del Grito de Lares, del Partido Nacionalista y los Cadetes de la República, de los Macheteros, del MIRA, del PRT, el Ejército Popular Boricua, MPI y la de Puerto Rico hacían honor a la trayectoria política de Teo, el “Comandante de la Revolución Puertorriqueña”. La guardia de honor por miembros de los distintos grupos políticos en los que había sido miembro y fundador eran el homenaje a un luchador de alta moral revolucionaria para quien la lucha por la independencia de Puerto Rico eran su pasión y razón de vida. Teo participó también en la guardia de honor en el funeral de Don Pedro Albizu Campos. La presencia en el funeral de viejos luchadores nacionalistas junto a los jóvenes del movimiento “Fuera las promesas” representaban la transición generacional de la lucha por la independencia.

El abogado “W” observaba a los compañeros presentes que estaban organizando las nuevas acciones contra la Junta Fiscal. La ausencia de Teo se iba a sentir en el grupo. Él tenía la experiencia en la coordinación de muchas de las “batallas” revolucionarias contra el régimen norteamericano llevadas a cabo durante la década de los sesenta y setenta. Fue el enlace entre los movimientos revolucionarios de Puerto Rico y la diáspora en la metrópolis. Decía que el frio invernal del norte fue el vencedor para dejar de vivir en Estados Unidos. Sin embargo, en su memoria debían continuar con la insurrección planificada. Toda la documentación relacionada en las manos de Teo fue recuperada de su hogar.

Gonzalo miraba a su padre. Pensaba en el tiempo perdido entre ellos por una visión distorsionada de la figura de Teo. Lamentaba que al final de sus días fue que llegó a

entender que el compromiso por la libertad de la patria estaba por encima del compromiso familiar. Tenía la tranquilidad de conciencia de que pudo enmendar los errores cometidos y convertirse en el hijo que tanto Teo anhelaba. Frente al féretro hizo el juramento de combatir desde las entrañas del propio gobierno corrupto por una patria libre y soberana. Era la manera de honrar la memoria de su padre.

Ricardo, junto a Zuleika, pensaba en las palabras que Teo le susurró en el avión sobre la reencarnación de los revolucionarios. Acercándose a Zuleika le dijo al oído: - Tenemos que tener nuestro hijo, es la manera de celebrar la vida eterna de Teo.