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Una junta inconstitucional

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altEl presidente de la Junta convocó a una reunión extraordinaria de emergencia. Varios miembros comparecerían por video conferencia. A pesar de que llevaban más de dos años juntos no había mucha confraternización entre los miembros “criollos” y los “americanos”. Era una remembranza del Consejo Ejecutivo bajo la Ley Foraker del 1900, compuesto por algunos puertorriqueños y el resto por americanos. Existían los complejos de inferioridad y superioridad que caracterizan las relaciones coloniales.

El tribunal federal de Boston había declarado inconstitucional el nombramiento de todos los miembros que componían el grupo. Sin embargo, dejaron intactas las decisiones tomadas bajo la ley que los organizó.

-Yo sabía desde el comienzo de nuestros nombramientos que todo este embeleco jurídico era un disparate preparado por políticos y buscones financieros. Estos nombramientos no cumplían con nuestra constitución norteamericana. Se hizo a la ligera. Lamento el ser parte de este grupo. Pensaba que íbamos a lograr lo que se hizo en Detroit en dieciocho meses para enderezar las finanzas de Puerto Rico.- dijo el profesor de derecho.

-No sabes como me arrepiento de haberme envuelto en este proceso de ajuste de deudas pensando que tenía el propósito de ayudar a la pobre economía de Puerto Rico frente al abuso de los políticos corruptos y acreedores estafadores que solamente les importaba cobrar sus intereses y deudas. Son muchos los intereses encontrados entre este grupo. Me alegro de que pueda salirme de esto pronto-dijo el otro profesor universitario.

-No se hagan los ilusos, que todos ustedes sabían para qué nos nombraron: defender los intereses financieros de los bonistas, proteger a los administradores de este país contra procesos criminales y pagar lo más posible la deuda pública. Los que se quejan ahora nunca han hecho lo contrario.- dijo el presidente.

-Este proceso se nos fue de la mano. El pago de la deuda ha sido a merced de la eliminación de los sistemas de retiro, de quitarle beneficios adquiridos a los trabajadores, eliminar la educación pública escolar y universitaria, empobrecer más los sectores más vulnerables eliminando servicios esenciales como la salud y la seguridad. La deuda impagable terminará pagándose por otras generaciones que no tuvieron culpa de esta debacle económica.-dijo la mujer miembro.

-A mi me nombraron para proteger a los bancos que se metieron en ese rollo financiero. Nos hicimos ricos vendiendo bonos sin forma de repago, lo sabíamos pero había que proteger a los gobernadores corruptos y a los que nos llevamos los clavos de la cruz.-dijo el político.

-Tenemos noventa días para completar nuestra responsabilidad de salvar a los bonistas, aunque al costo de hundir el país.-dijo el presidente

En la mesa, la directora observaba ajena a la discusión, mientras pensaba en cuál otra organización tendría el salario irrazonable que devengaba sin hacer mucho ruido. Trabajar para ineptos colonizados con ínfulas de grandeza la hacía sentir superior, no como en los otros empleos que solamente era una funcionaria gubernamental con un salario de empleada pública.

Algunos de los miembros estaban preocupados con las investigaciones que surgirían en las vistas de confirmación de nombramientos en el Senado federal si el presidente Trump decidía nombrarlos nuevamente para cumplir con las cláusulas de la constitución norteamericana. Muchos tenían esqueletos en su closet y estaban comprometidos políticamente con el partido en el poder de la cual eran la misma ralea.

-A la larga defendemos los mismos intereses financieros frente al sector de trabajadores y sectores productores de la economía. No se hagan los no entendidos ahora. Debemos ponernos las pilas para terminar todo este asunto. Olvidémonos de la decisión judicial, por ahora somos legales, tenemos noventa días a lo sumo para cuadrar todo.- arguyó el presidente.