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Nos robaron el retiro

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Image result for retiro plan de jubilacionLos números en el papel se borraron con las lágrimas de Claudia. Era la libreta escolar en que ella anotaba los gastos mensuales que mes a mes se ponían más rojos por la mezquina pensión que recibía del Retiro de Maestros. Ya ni las “klonopin” ni las “xanax” controlaban la depresión que tenía desde que las últimas administraciones gubernamentales despedazaron los sueños de un retiro digno.

Desde joven Claudia quiso ser maestra. Doña Inés María Mendoza, la esposa de Luis Muñoz Marín, fue su guía y mentora en los años de juventud. Quería cambiar el país decadente por uno mejor. Su vida entera fue dedicada a la enseñanza de niños y jóvenes, tal vez algunos de ellos responsables del desbarajuste en los sistemas de retiro y las arcas financieras del país. El padre de sus dos hijos la abandonó y se convirtió en una madre soltera que logró criarlos pese a las condiciones precarias que un salario de maestra producía. Sufrió el calvario de todos los maestros y empleados públicos con sus salarios de miseria. Las esperanzas estaban sembradas en un final feliz con un retiro que le permitiera tener una calidad de vida luego de tantos años de trabajo. Siempre pensó en viajar por el mundo que solamente conocía a través de los libros escolares.

-“Debí saber que todas las peleas que Rosaura, la líder magisterial, mantenía con la directora escolar y el Departamento de Educación no eran infundadas. Ella nos convocó a marchas y protestas por nuestros derechos adquiridos que nunca quise asistir. Ahora me arrepiento de no apoyarla en sus locuras, como decían algunos compañeros, y mira en las condiciones de vida en que estoy. Hasta mis hijos han emigrado buscando mejores condiciones de vida y me han dejado sola.”- pensaba Claudia.

-“Los delincuentes del gobierno nos robaron el retiro. Nos han quitado el plan médico y la Reforma del gobierno no la aceptan ni en los Centros de Tratamiento para los pobres. Este era el famoso ‘plan’ del nuevo gobierno, tan corrupto como los anteriores, convertirnos en indigentes mendigos de los fondos federales”.

Claudia entendía que a pesar de su edad tenía que de alguna manera combatir esta injusticia contra los maestros retirados. Pensionados que viven pensando cómo conseguir la comida y las medicinas del próximo día para poder sobrevivir. Recordó las luchas por el idioma español en las escuelas de Doña Inés. Buscó entre la correspondencia que guardaba en la gaveta de su escritorio la promoción de una marcha de protesta de los maestros y pensionados contra el gobierno. Rosaura siempre la mantenía informada sobre las actividades del magisterio.

- “Hay que ir a la marcha, aunque arrastre los pies. Tengo que dejar de ser tan pendeja. Ya me lo insinuaba un estudiante llamado Ricardo con quien tanto dialogué sobre la situación política de Puerto Rico.”- pensó, mientras sostenía el Boletín del sindicato de maestros.

-“Tengo mucha fe en que algún día entenderás por qué protestamos”- le decía su amiga Rosaura.

La controversia continuaba en los procesos de quiebra entre el gobierno y los bonistas. El tribunal federal había revocado en el caso de la deuda pública impagable a la juez del caso que afectaba unos acuerdos previos tomados entre ellos. Había controversia sobre los fondos del sistema de retiro y la clasificación de la reclamación en el caso de quiebra. Una situación que a todas luces estaba distante de la realidad diaria que vivían los retirados y maestros pensionados, pero que no importaba cual fuera el final judicial ya el daño estaba hecho.

Claudia sostenía el boletín informativo mientras leía la convocatoria a “una marcha en rechazo a la privatización de las escuelas, en defensa de las pensiones de los trabajadores activos y jubilados y en apoyo a la Universidad de Puerto Rico”.