Mar08202019

Last update08:14:18 AM

  • ja-news-1
  • ja-news-3

Check List

  • PDF

altGraduarme de high school, check.

Ir a la universidad, check.

Ir de intercambio, check.

Ir a la escuela graduada, check.

Trabajar, check.

Trabajar usando mi talento, check.

Clases de arte, check.

Viajar a ver arte, check.

Gente que me quiere, check.

Etc. etc. etc… check. check. CHECK.

Considerando que más de la mitad de las 7 billones de personas en el mundo no tienen ni medio bocado que echarse a la boca, cualquier persona con esta lista de logros debería sentirse feliz.

Pero ese no es mi caso.

Mi caso es que, en el año 2000, en plena jornada laboral, mientras hacía un experimento muy sofisticado como parte de un proyecto de investigación científica en el que trabajaba, me rompí a llorar. Como un bebé. Sin pausa, sin aliento y sin saber por qué.

Estuve triste y sin energía durante varias semanas. Hasta que un día cualquiera entendí que no podía seguir así. Esa fue la primera vez que la escritura vino al rescate. Escribí una serie de cartas para mí, a través de las cuales descubrí que estaba muy insatisfecha con mi vida, sobre todo la profesional.

Inmediatamente tomé acción. Investigué diversas posibilidades y decidí que la mejor opción para mí era estudiar algo que me permitiera combinar mis intereses sin tener que comenzar de nuevo. Fue así como me decidí por la Administración de las Artes. Esto me prepararía para trabajar en museos de ciencia o historia natural, zoológicos, jardines botánicos y otras organizaciones similares.

Los astros se alinearon para mí y logré la admisión al programa de maestría de una prestigiosa universidad al primer intento. Pasé dos de los años más felices de mi vida. El entusiasmo me hacía estudiar sin parar. Fui la primera de mi cohorte en defender y aprobar la tesis, cuyo tema fue la Filantropía en Puerto Rico.

Terminando la maestría mi padre cayó enfermo y falleció, así, de repente. Estaba recién regresando a casa, acabada de graduar y aún sin trabajo. Desarrollé un miedo a la muerte absurdo e irracional. Me sentía triste y sin energía, esta vez, pensaba yo, por causa del duelo.

La vida siguió, comencé a trabajar, decidí probar fortuna fuera de Puerto Rico. Cambié de trabajo un par de veces. Tomé clases de arte y exploré varias religiones. Me sentía triste y sin energía.

Un día, cuatro meses luego de mi regreso a Puerto Rico, estaba sentada viendo un programa de comedia y me rompí a llorar. Como un bebé. Sin pausa, sin aliento y sin saber por qué.

Ya no podía más. No podía sola. Mi cabeza iba a explotar. Por impulso busqué el teléfono de los servicios de salud mental cubiertos por el plan médico que tenía en ese momento y llamé.

El diagnóstico inicial fue de “Trastorno de ajuste”. Esto es una especie de punto medio hacia la depresión. Eventualmente el diagnóstico cambió a distimia. Eso en cristiano quiere decir depresión persistente.

Persistente. Perpetua. Moderada. Fiel compañera.

Las incontables búsquedas en medios digitales siempre me llevan a lo mismo. La depresión es resultado del desbalance químico del cerebro. O de problemas en su estructura. Poco hay de lo que implica y significa vivir con depresión.

Dudo que esté sola en este camino. A través de estos escritos busco plasmar mi experiencia como deprimida (llamémosle por su nombre, sin cariñitos) y tal vez así dejarles saber a aquellos que caminan acompañados por la depresión que no están solos.