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Luz

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altSé que mis escritos anteriores han pintado un panorama que tal vez se pueda sentir un poco árido para aquellos que padecemos de depresión. Es que, en esta época en que nos quieren vender al cáncer y otras enfermedades crónicas como una batalla que ganar, hay que ser realistas. La depresión, al igual que otras condiciones, no es una batalla. Es una enfermedad y hay que tratarla como tal.

Para la depresión, el tratamiento es una combinación. En mi caso es necesario un medicamento antidepresivo. El medicamento se complementa con la visita a un psicólogo para terapia en la que pueda hablar de mis ansiedades, preocupaciones y temores.

He notado que cuando mis pensamientos se van en espiral hacia abajo, recordando momentos difíciles de mi vida, mis síntomas físicos como el dolor muscular, el agotamiento y hasta el llanto, aumentan de intensidad. A veces uno no sabe de dónde saldrá la fuerza para estar de pie durante la próxima hora.

Pero, ¿qué tal si te dijera que hay esperanza? Afortunadamente, la vida, aunque avanza en el tiempo, no es una línea recta sin opciones. Tampoco se mueve de extremo a extremo. No es todo blanco o negro. Es una línea curva que se desplaza entre finales y comienzos, entre dolores y resiliencias, en ciclos que se cierran para dar paso a nuevos comienzos.

Bueno, ya. Suficientes violines y cintillos de autoayuda. Lo que quiero decir es que, con sus momentos buenos y malos, la vida es buena. Tampoco es que nos tenemos que convertir en Mary Poppins, flotar en el aire y negar la realidad. Hay que disfrutar las alegrías y llorar las penas.

La vida es una gran maestra y las pérdidas, los dolores y las personas difíciles que nos encontramos en el camino son sus lecciones. Todas esas situaciones nos van convirtiendo en personas fuertes, con carácter y ojalá un poco más sabios. Queda de cada uno tomar las lecciones que la vida le da y construir camino.

Desde que comprendí todo esto me siento mucho más tranquila. También me ayudó descubrir que, poco a poco, la vida me ha dado todo lo que he pedido: estudios, trabajo, viajes, gente querida, experiencias y hasta el aplauso del público cuando leo poemas.

No se le puede dejar todo al medicamento o al psicólogo. Es posible educar a la mente para escoger los pensamientos. No es fácil. A veces la mente resulta ser muy terca. Pero si logras pasar ese umbral, el beneficio es incalculable. Te doy una pista. Empieza por dar las gracias.