Tríptico para la chica del celular

1

Soy la chica del celular

me declaro culpable

proclamo mis crímenes

me arranco la ropa de malabarista

cibernauta de versos perversos

no tengo miedo a las colillas

--que se enfrían en los muslos--

mucho menos a los silencios

--que se endurecen en los labios--

vivo pintando treguas a la rutina

jugando adivinanzas bajo la lluvia

de un sonriente que tal vez se durmió

para despertar cautivo entre mis sábanas

y corre corre corre acariciado de vientos

--inexistente sensibilidad que se hace materia--

mas ante la proclama desaparece la negación,

mientras, texteamos al tiempo de los desencuentros

encontrados frente a un espejo de amaneceres.

Un día besaré la punta de aquellos labios esquivos

para sellar la cofradía, el deseo y las hormonas

sigamos jugando al tiempo sin calendarios

allí estás, aquí estoy, a cada lado del cristal

tu sonrisa se hace lejana y difusa entre las palabras

perverso el recuerdo etílico de tu risa ansiada

ahora me vuelvo a vestir de malabarista:

 

low-battery.

 

2

 

Me desinhibo de los reglamentos

traduzco las rotaciones y traslaciones

arranco las vocales de cada posibilidad

redacto besos perdidos en la pantalla

a veces, texteo los deseos transeúntes

me muevo como reina

según la táctica y estrategia

esperando no ser sacrificada por el rey.

 

Escribo, luego sueño que existo

rompo esquemas en ritmo de rock

para liberarme entre las sábanas

ese zigzag de la piel y sus treguas

bajo  un exsicólogo secuestrado

y explicarle la palidez de mis vergüenzas

o la suprema lujuria de mis manos versantes.

 

Recargo mi celular mientras duermo,

recibo mensajes extrasensoriales

paso madrugadas perdidas entre letras

despertando junto a un zombi danzarín

que sonríe a sus sueños de fuego

y le lluevo verbos para su descanso

transcribo en silencio en su oasis

libertades inocentes para sus temores.

 

Recibo envío, recibo envío,

suenan las pisadas, las bocinas

un músico coral, tal vez malabarista,

se cruza en mi camino, otro esquema,

--o el lugar donde estuvo el paraíso--

sigue su camino pero siempre regresa

como el ruido de las cosas al caer

indago su arte de la distorsión,

él sonríe, me habla de códigos

y acaricio su sombra alargándose

como la mirada de los ausentes al partir

esas eternas despedidas de lo irremediable

en consonantes dos puntitos paréntesis.

 

Solo camino, escribo y voy y vengo,

aunque para él tan solo sea la chica del celular.

 

3

Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Oliverio Girondo

 

 

Me lluevo de lágrimas,

--alta la probabilidad de inundaciones--

luego me seco por el pasillo,

envío mensajes a un maestro desconocido

(per)versando incertidumbres

--no existen las certidumbres--

aun así, lloro improvisando nuevos insomnios.

 

Voy llorando alegría y hastíos

irremediablemente, me voy como vengo,

arrojo los miedos desde el balcón

míos, ajenos, de nadie,

las colillas y las últimas gotas de vino

cierro mi ventana y manos al malabarismo.

 

Soy la chica del celular

me ves, construyes códigos penales

--extrema interferencia neurológica--

no soy quien crees,

muevo mis fichas observando

mi sensibilidad es infinita

construyo apalabrada el camino

y me duelo ante los engaños,

lloro aun más que Oliverio

ante este lado oscuro y cardiaco.

 

Tampoco soy coleccionista de sábanas

ni de sementerios,

no me conmueve el reciclaje

tampoco recuerdo a mis amantes expirados

y es que lo olvidable no se debe convocar

ni salir de la casa con la ropa sucia.

 

Innecesariamente amo

maratonistas musicales, ajedrecistas

enmascarados mentalistas

y son tantas las listas,

--es tan complejo amar tu lista--

para un whisky engrafitado de manos

o el duelo de las sonrisas durmientes

quedo seducida hasta el último llanto.

 

Texteo a la distancia impuesta

--evidente, no recibiré respuesta--

no deseo llorar improvisando

ya lo lloré todo,
lo lloré bien.

 

Necesariamente sigo mi camino

aún puedo llorar un poco más

al menos queda un mensaje de voz.

 

Ana María Fuster Lavín

del poemario inédito:

La Malabarista Insomne