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Crítica literaria

Sueño de alta mar

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altaltDuermo ola
alt

que me moja

al lado de las olas

en la cresta

entre las piernas algas

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Rompe Saragüey (2016): la novela de Lavoe

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altPues el que me quiera castigar o controlar,

debe saber que tengo los poderes para volar,

y con eso, como el Todopoderoso,

como el Cristo Negro de Portobelo,

o como Changó, nadie, pero nadie, me podrá parar.

Rompe Saragüey


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Notas en torno Juan Hernández, en ocasión de un libro (Partes I y II)

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David Albarran me ha pedido copia de la columna “Juano Hernández, el olvidado”, que publiqué en El Nuevo Día en julio de 1988. Su petición coincide con la lectura del libro “Genial Juano Hernández: de vagabundo a estrella de Hollywood”, de Miluka Rivera, que investiga la vida y la carrera de ese extraordinario actor puertorriqueño que después de sobresalir en la versión cinematográfica de “Ïntruder in the Dust” del Premio Nóbel de Literatura de 1949 William Faulkner, hizo otros 19 films en Hollywood.

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Ediciones Aguadulce, una propuesta editorial de la novísima literatura boricua

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altAgradezco a Cindy Jiménez-Veras el envío de esta primicia de libros de poemas como un “ramillete” o “juego floral”, a la antigua, de versos que me llegan por correo regular. De primera instancia pienso que son publicaciones de la novísima literatura boricua, autores/as que he conocido personalmente en las entregas de los últimos dos festivales de la palabra en San Juan, a quienes he visto de pasada en cócteles y actividades sociales, pero a quienes no he tenido el gusto de leer. Al examinar los cuadernos de colores vivos (azul celeste, amarillo mostaza, rojo, azul pavo, rosado, verde, blanco y negro) como periplo de palabras, me doy cuenta que la propuesta de Ediciones Aguadulce no es sólo caribeña sino transatlántica e internacional.

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El pedaleo de Elizam Escobar

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altPero si uno no toma la verdad-en-el-arte seriamente,

¿de qué vale, entonces, ser artista?

EE

Diacronía. A toda velocidad, se aleja del presente con la soga al cuello, pedaleando como un ateo que ha visto la muerte de cerca, demasiado cerca: “Yo me río. Y no es que lo sepa, no, / yo voy poco a poco / por las sombras” (“Tal vez fueron los niños,” 1983).

Huye, por supuesto, del poder. Máquina de tiempo (1993), autorretrato del pintor-poeta-teórico en dos ruedas: “El arte debe surgir de la vida real” (Los ensayos del artificiero, 1999).

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