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A propósito de la Nación y Julia de Burgos

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La obra de Julia de Burgos despliega una exquisitez en el verso. Se erige como acto político que reclama su espacio. No se limita a transgredir el ámbito poético dominado por hombres, sino que señala la opresión y la desigualdad social. Hace énfasis en la situación colonial de Puerto Rico y la denuncia. Precisamente, el 24 de octubre de 1936 pronuncia un discurso en el Ateneo Puertorriqueño en calidad de Secretaria General del Frente Unido Femenino Pro Convención Constituyente de la República de Puerto Rico que celebra su Primera Asamblea General. Aquí, se dirige a las mujeres incitándolas a tomar acción en la lucha por la independencia y a boicotear las próximas elecciones. Aunque se acostumbra a definirla como adelantada a su tiempo, hay que situarla dentro de un contexto histórico para poder apreciar su devenir como ente social y valorar su contribución a la lucha feminista.


En Puerto Rico, las mujeres ejercen por primera vez su derecho al voto en el año 1932. En este entonces, Burgos estudia en la Universidad de Puerto Rico y para el siguiente año obtiene su Certificado de Maestra Normal. En la Isla, comienza a desarrollarse una década de intensa agitación: huelgas de trabajadores y trabajadoras, persecución política y encontronazos sangrientos y trágicos entre la Policía y los/as ciudadanos/as debido a la violenta intervención del Estado para suprimir todo movimiento separatista.

Entonces, ¿en qué sentido resulta revolucionario el acto de oposición al voto cuando, al mismo tiempo, se aboga por el sufragio femenino como parte de la lucha por la igualdad? Burgos define las elecciones en Puerto Rico como “una herida más en el corazón sangrante de la patria y una vergüenza más para los hijos de esta tierra”. Para ella, la colonia no es un estado digno y he aquí su gran desacuerdo con el proceso. Afirma que las mujeres se faltan el respeto a sí mismas al participar en unas elecciones coloniales, pues el voto no adelanta nada a la liberación del País. Por el contrario, según ella, redunda en la laceración de la unidad familiar y subyugación del País.

Ahora, ¿por qué hace un llamado a las mujeres específicamente? Burgos reconoce a las mujeres como “el centro del hogar”, además de “símbolo de la unidad sagrada de la vida” que a su vez redunda en “el centro de la patria”. De inmediato, se palpa una postura esencialista con respecto a la mujer que paulatinamente se transforma en angustia y contradicción por toda su obra. La vinculación de la casa -sinónimo del espacio cerrado- y la maternidad -como fin primordial- con las mujeres reafirma la subordinación de estas. La libertad a la que apela se fragmenta bajo un andamio simbólico que circunscribe primordialmente a las féminas a la reproducción y al cuidado de la unidad familiar. Su postura parte de lo tradicional: la maternidad como realización suprema de la mujer, y la familia como microcosmo del Estado y eje de la concepción patriótica.

Su intención no es confinar a las mujeres a funciones construidas por una sociedad basada en la jerarquización del género. Su interés, aunque un poco empapado del discurso patriarcal, es motivarlas para que asuman roles activos, paralelos a los de los hombres, especialmente en el aspecto político. Hasta cierto punto, Burgos encara el comportamiento pasivo asignado a las mujeres para reclamar el espacio público y tomar control del desastre colonial que enfrenta la Isla. Apenas dos meses antes, en la visita del senador William King a Puerto Rico, también exigía su derecho a hablar y reclamar la excarcelación de los presos políticos.

El Frente Unido Femenino y su activismo como miembro del Partido Nacionalista tuvieron que darle la oportunidad de experimentar obstáculos por el simple hecho de ser mujer. Hay que recordar que el cuestionamiento del género como construcción social es un acto prácticamente reciente. Este se inicia a partir de la segunda mitad del siglo XX y va desarrollándose muy lentamente. Aún hoy día, resulta inconcebible para muchas personas la diferencia entre género y sexo haciendo dificultosa la equidad. En la sociedad se exigen conductas basándose únicamente en los órganos sexuales como criterio distintivo. Desde la infancia se condiciona y establece esta distinción. Los padres y las madres inician estos rituales desde la etapa prenatal reforzando así la disparidad social. La naturalidad de los comportamientos, explica Judith Butler, se solidifica con la repetición. Por medio de esa normalización, junto con lo que Butler denomina como “gender policing” –maneras de imponer y reforzar la norma establecida cuando alguien no se constriñe a lo instituido-, la sociedad perpetúa disimilitudes entre hombres y mujeres. Esto redunda en la invisiblización de la discriminación contra las mujeres asumiéndose lógico y natural, pero que en realidad es inherente al régimen del sistema patriarcal.

No obstante, ya en sus primeros poemas, Julia de Burgos refleja apatía por la subordinación y las injusticias y así continua hasta sus últimos versos. Aunque no menciona directamente al patriarcado, si identifica el abuso. Sus primeras manifestaciones sirven de barómetro de inconformidad. Mantiene su queja vigente por el resto de su existencia; lo muestran poemas como “Yo misma fui mi ruta”, “Dadme mi número”, “A Julia de Burgos” o “Farewell in Welfare Island”, por mencionar algunos. La poeta emprende una respuesta a la docilidad exigida, las falsas apariencias y a la postura femenina determinada socialmente. Ese mundo concebido desde y para el varón la lleva a reflexionar y su frustración repercute en versos. Es interesante leer su poesía considerando el asfixiante discurso patriarcal como contexto. La colonización, el silenciamiento, el menosprecio son productos del orden patriarcal, y males que enfrentó. Pero Burgos “estaba hecha de presentes” y “se separaba… más de los lejanos horizontes aprendidos” para reinventarse. “La expresión definida que asomaba un sentimiento de liberación íntima” se hacía cada vez más ineludible. En fin, ella se hizo voz por medio del acto, pero también hizo de su acción una poesía.

Crédito foto: Pedro, www.flickr.com, bajo licencia de Creative Commons (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/)