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Desde adentro: entre la universidad y la cárcel

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“Con todo, sigo pensando que escribir te salva la vida. Cuando todo lo demás falla, cuando la realidad se pudre, cuando tu existencia naufraga…”

─Rosa Montero

La propuesta de la Dra. Edna Benítez Laborde en esta segunda edición ampliada de su antología Desde adentro, entre la universidad y la cárcel (San Juan: Desde Adentro Editores, 2015), publicada bajo el sello Desde Adentro Editores, nos presenta la escritura, no solo como paliativo, sino como acto de liberación. Para el grupo de los 53 colaboradores que conforman esta  hermandad de tinta y papel, redactar ha sido, no solo la única vía para saltar los muros y los barrotes que les rodean, sino también el único camino para retornar a ese “paraíso perdido” al cual se entra, únicamente, a través del umbral de la palabra.

Los ocho capítulos que conforman esta singular antología ─ “Hombres de poca niñez”, “Memorias”, “Autorretrato”, “Rutinas carcelarias”, “Ventanas”, “Sueños y pesadillas”, Metamorfosis” y “Nostalgia y es de calle”─ son producto de los talleres de creación literaria impartidos por la Dra. Benítez Laborde en distintas instituciones carcelarias de Puerto Rico entre los años 2010-2011 y 2014-2015.

Estos relatos, más que una recopilación de textos autobiográficos aliñados por la  nostalgia del encierro, constituyen un intento de reconstruir las vidas desgajadas a destiempo, marcadas por la carencia y la desidia. Son el grito silente de la marginalidad, la escritura desde la herida pretérita; desde el dolor replegado y hermético. Es la reinserción de cada escribiente en el contexto histórico mediante el contrapunteo y la autorreferencialidad.

En este libro, las voces narrativas se miden en el tiempo, como señala la Dra. Rosa Guzmán Merced, indagando “en las dimensiones más profundas de sus vidas, con las consecuencias y contradicciones de sus actos”. En este viaje a la raíz,  la vida se plantea desde la encrucijada en que se bifurcó la inocencia y se extravió la esperanza. Sin embargo, aquí el acto delictivo que cortó el hilo entre el niño evocado y el hombre encarcelado queda supeditado la mayoría de las veces mediante la frase elíptica “día de la mala decisión”. Entonces, la historia personal se construye en términos de antes y después de ese instante.

Desde adentro, entre la universidad y la cárcel es un texto conmovedor que nos hace reconsiderar el verdadero significado de la libertad, del valor de la familia y de las cosas triviales que de pronto se convierten en puntos de fuga. De igual modo, el elemento onírico se presenta como válvula de evasión para escapar, en “un vuelo extraordinario”, de ese “frío cuarto del olvido” en donde “un día más es un día menos”.  Se establece así una alternancia de dos mundos disímiles y paralelos entre los que discurren los días de manera pendular: la pesadilla de la cárcel y la realidad de los sueños.

A la vez que nos adentramos en las páginas de esta antología, nos vamos percatando, como expresa el poeta Marioantonio Rosa en sus palabras liminares, de que “nuestra libertad adelgaza cada día en invisibles prisiones” (22). Entonces, se subvierten los conceptos adentro y afuera, prisión y libertad: “Ellos escriben, nosotros vivimos presos, ellos saben abrazarse a la palabra; [a] nosotros  poco nos importa escribir una nota para avisarle al vecino que olvidó sus llaves en la puerta trasera de su patio…” (22). Desde adentro es un libro que nos invita a la reflexión acerca del proceso escritural y a replantearnos los viejos paradigmas en torno a los métodos de rehabilitación que aún se estilan dentro de las cárceles de nuestro país.

“Nadie puede explicar con ninguna palabra que existe o se invente lo que es estar aquí” (171) nos dice Osvaldo Álamo Carpio. No obstante, esta iniciativa de la Dra. Benítez representa mucho más que poner negro sobre blanco. Es el acto de grabar sobre el papel el grito amordazado de lo innombrable; la soledad que hace los días densos y monocromáticos; el hálito de vida sobre la pulcritud de sepulcro que transita los largos pasillos del “cementerio de los vivos”; el arrepentimiento que revolotea en cada entrecejo como una mariposa de plomo,  y la esperanza que como un rayo de luz atraviesa el muro del prejuicio hasta iluminar lo más recóndito de la conciencia. En palabras de Yietzy Martínez, “solo el que se ponga en mis zapatos puede conocer lo que pasa por la mente de un ser que te regala un pedazo de memoria, en un intento más de sobreponerse a una prueba en la vida” (110).

La labor que refleja este libro no es menos parecida a la que describe Edgardo Dávila Alonso en “El pan de cada día” donde la descripción de su quehacer artesanal es la alegoría de este texto y del trabajo encomiable de la profesora Benítez y del Sr. Aníbal Santana por liberar las voces encarceladas: “Entro al taller de artesanía y veo un corillo de troncos de madera. Parecen sumariados esperando la sentencia de su destino. Oigo a uno que me dice: ¡me cortaron de mi palo y me arrastraron hasta la cárcel, ayúdame a salir de aquí! […] Y comienzo a trabajar incansablemente por la libertad de ese tronco”. (165)

A pesar de todo, existe buena madera almacenada en las cárceles de nuestro país. Sin embargo, se precisa de artesanos que estén dispuestos a la titánica empresa de trabajar con amor y ahínco para darle forma a través del poder de la palabra y convertirla, como expresa Dávila Alonso,  “en algo hermoso, de manera que alguien pague con gusto el precio de su rescate” (165).

 

Referencias:

Arenas, Reinaldo. El mundo alucinante. Madrid: Cátedra, 2008. Impreso

Guzmán Merced, Rosa. Las narraciones autobiográficas puertorriqueñas: invención, confesión, apología y afectividad. San Juan: Publicaciones Puertorriqueñas, 2000. Impreso.