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Carajo: “¡TRUMP!.....”

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El ocaso se ha llenado de rosas.

Yván Silén


Cuando la poesía aprieta la realidad, el calor interno que se produce, retórico, calcina las metáforas callejeras de la literatura, “Zona de carga y descarga” (Rosario Ferré), tatuándolas en la piel. Canícula. El cambio climático exacerba la poesía; estro, efluvio de papel que exuda tinta, muchas veces contaminada de colonialidad y por eso de subalternidad.

El calor de este verano (2016), una hoguera de calamidades, como el zika y el NALED, las becas presidenciales de la Universidad de Puerto Rico, PROMESA, la Junta de Control Fiscal, da vértigo.

¡Humedad!

La realidad mata, dice la literatura. Ficción. La prosa se estrella contra la poesía; esta se revienta contra la prosa. Tinta. Color. Escritura. Trazo lúdico; una palabra de seis letras, escrita sobre fondo negro, nos lee.

Del cruce entre la prosa y la poesía surge la pintura de un Cristo azulado, medio violeta, con un brazo del color del achiote, en el que carga, como si fuera una mascota, una cruz del mismo calor, ¡intensidad!, al final de la cual asoma un lápiz o un pene, también de color cobrizo. ¿Punta o glande?

Punto rojo; lunar que deja el agujero del clavo en la muñeca izquierda del Cristo, como si fuera la esfera de un reloj diminuto, ínfimo, donde no cabe el tiempo ni mucho menos la felicidad agónica de una pintura escrita.

El poeta pinta, en Carajo (2016), de Yván Silén, la herida crística, en el costado izquierdo del cuerpo (llaga divina), como si fuera la ranura de una alcancía, cuya moneda activa el drama que la cruz emblematiza: ¡una interjección sin signos de exclamación! Cotidianidad de un Cristo político, radical, inocente en su perversidad, malo en su bondad, que lleva la cruz como si fuera parte de la ropa o el sombrero. Desnudez. Atuendo existencial. Uñas pintadas de sangre.

Literatura en la pintura. Ficción.

Oscuridad relativa. Azul que tira a violeta. El anaranjado parece ahora semen viejo, gastado, que contamina el achiote de rubio. Pus de biblioteca municipal, donde escupen las interjecciones. Gargajo. La pintura se retuerce en su maldad filosófica. Como una serpiente sarduyana, la nada voraz mueve la cola; las cloacas del No-Ser donde abreva el Ser, se llenan de sapos silenistas. Bacterias que solo el poeta ve, aunque el pintor las siente croar detrás de las palabras.

¡Carajo!

La pintura se calienta con la turbulencia política del verano en Puerto Rico. ¡Coño! El calor. La colonia venida a menos. El intento de asperjar con NALED. PROMESA. La pintura regresa subrepticiamente a la poesía, de la que, por supuesto, nunca se ha movido (poiesis), para hacer estallar una exclamación en mayúsculas: “¡TRUMP!.....” (2016), poema que empieza desde una propuesta con la que concuerda Calle 13: “Los del FBI son unos cabrones.”

Poesía encabronada, “¡Trump es un cabrón! ¡Trump es un cabrón!,” en la cual el poeta, como quien dice, se viste de un azul que tiende a violeta: “Estoy cantando el dolor.”

Desde la voz lírica, “El ocaso se ha llenado de rosas,” la poesía dispara contra el poder, prendiéndole fuego al calor del verano, “Los partidos [políticos] son unos cabrones. ¡Trump es un cabrón! / Los ricos se pudren en el ojo de la aguja… / Los populares y los estadistas / Están bombardeando las abejas,” para que la poesía, como un calamar encolerizado que se politiza, escupa tinta: “El amor es como una pistola 38.” Gandhi recula; prefiere los versos más académicos: “Los del FBI son unos cabrones.”

Azul pintado de violeta: “Jesús está fumando marihuana / en los últimos bancos de la iglesia.” La poesía coletea, “las rosas se han llenado de lluvia,” como una serpiente que, además de morderse la cola, “Estoy cantando el dolor,” embiste: “Los ricos se pudren en el ojo de la aguja.”

La poesía se mira a sí misma, “El ocaso se ha llenado de rosas,” en el espejo de “TRUMP…..!” (2016), poema enfurecido, encolerizado, que el poeta distribuye en una postal que llega por correo, con la imagen del candidato a la presidencia del Partido Republicano:


Los del FBI son unos cabrones.

El ocaso se ha llenado de rosas.

Estoy cantando el dolor. Los partidos

Son unos cabrones. ¡Trump es un cabrón!

Los ricos se pudren en el ojo de la aguja.

Jesús está fumando marihuana

en los últimos banco de la iglesia.

Los populares y los estadistas

Están bombardeando las abejas.

El amor es como una pistola 38.

Los del FBI son unos cabrones y

las rosas se han llenado de lluvia.

¡Trump es un cabrón! ¡Trump es un cabrón!

¡Jesús…está fumando marihuana!


(Yván Silén, 2016).