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La literatura de: Zulma Oliveras Vega, Ana María Fuster Lavín y Carmen Rita Rabell

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altEn esta época navideña se suele tener un poco más de tiempo para sentarse a llenar las horas muertas de las vacaciones de Navidad. Los que no tengan vacaciones de Navidad, han de robarle horas al sueño para leer un poco y seguirle la pista a la ardua propuesta de libros boricuas publicada este año. Hay tres que me gustaría reseñar porque entre poesía, novela y ensayo le toman el pulso al quehacer literario de tres escritoras puertorriqueñas manifestado en distintos discursos de resistencia: un poemario, una novela y un ensayo de investigación.

Leer Mercenaria: Escritos de una diosa guerrera reencarnada de Zulma Oliveras Vega es sumergirse en el mundo del activismo político no sólo en la Isla sino también en varias ciudades de los Estados Unidos, en Palestina y en Ghana. La hablante lírica se confiesa en inglés y español porque éste es un poemario bilingüe que también tiene fotos de murales, pancartas, grafiti, instrumentos musicales y, por supuesto, de la poeta-activista en varias protestas o con distintas personalidades. Las imágenes en blanco y negro son como polaroids que recogen momentos clave para los textos. Poemas eróticos lésbicos como “Entre tus piernas” (“abrázame entre tus piernas sin dejarme/ escapar”) dan la cadencia de “Tambores de bomba y plena”, foto que cierra los versos. La prosa poética “Historia escrita de otros” acompaña la foto “Marcha contra el gasoducto, 2012” y le sigue una cita de Juan Antonio Corretjer. Este montaje poético-gráfico y de corte nacionalista nos hace pensar en Mercenaria como poesía testimonial que denuncia, muestra y autoriza la desobediencia civil en un Puerto Rico, donde cada vez nos va quedando menos. El mejor ejemplo de este montaje es la portada que muestra un mural de Tonantzin (“nuestra madre venerada”), la diosa azteca de las semillas o de la fecundidad, que aparece como la mejor diosa mercenaria de todas. De ahí la segunda parte del título: “escritos de una diosa guerrera reencarnada”.

La historia de la patria se reescribe desde sus orígenes: “Isla volcánica, eslabón del Caribe en cadenas de esclavitud. Taína bañándose en el río, mientras la mulata y la negra la observan. Entran al agua. Taína besa a la mulata, mientras la africana acaricia sus pechos. La luz de la luna refleja los cuerpos en el agua”. Los paradigmas de raza y género se funden en una trieja poliamorosa, no de europeo, taíno y negro (como el sello del Instituto de Cultura Puertorriqueña de Lorenzo Homar) sino que aquí se mezcla y se recontextualiza también en otro paradigma lésbico y queer. Las fotos de la autora con la prisionera política Marilyn Buck (1947-2010) y con Rafael Cancel Miranda acompañan el texto final que cierra el libro, “Perdónalos que no saben lo que hacen”, donde se recurre a un lenguaje judeocristiano recontextualizado aquí en una lucha política y de género. Pide perdón para los vende patria, para los hipócritas religiosos, para las dizques feministas sin inteligencia emocional, y para nuestros gobernadores porque “no saben lo que hacen”. La voz se erige en una figura crítica que tampoco sabe lo que hace. Y desde esa rica indecisión le nace su verbo poético como una energía dinámica de transformación donde no existen los absolutos. Y ésta es la mejor propuesta de Zulma Oliveras Vega: “solo basta tener una intención para este viaje”.

La publicación de Mariposas negras de Ana María Fuster Lavín pone ante nosotros un personaje que es mudo testigo del abuso sexual rampante hacia los menores y adolescentes en nuestra Isla del (Des)encanto. Mariana sabe lo que pasa, lo ha sufrido en carne propia como una adolescente que es consciente de las mal llamadas convenciones sociales del colegio católico donde estudia. Ella, junto a su enamorada, logra romper el silencio de las víctimas, y a una de ellas le crecen alas y se transforma en una mariposa negra vengativa porque hay circunstancias en las que la venganza es la única alternativa. Es una cambiaformas o shapeshifter de los relatos góticos. Ella toma venganza de sus victimarios. Se trata de una novela juvenil, de un texto que ha sido asignado en varias universidades de la Isla y los testimonios en las redes sociales desde ya han dado evidencia que una narrativa como ésta hacía falta en nuestro medio. Una de las mayores fuerzas de la palabra escrita es transferirle el poder a quienes no lo tienen para que hablen, se levanten y denuncien aquellas lacras sociales que nos aquejan. Fuster Lavín ha sido una escritora valiente quien ha desarrollado lo que fuera en sus inicios un breve cuento que tenía todo el potencial de contar una historia mucho más compleja, y así lo ha hecho.

El mundo del colegio católico, el grupo de amigos de Mariana, su situación familiar, la serie de abusos de los que es víctima tanto ella como su madre hablan de los secretos que guardan las familias isleñas y cómo son los niños y adolescentes, los más vulnerables, quienes muchas veces pagan los platos rotos de la doble moral católica que nos aqueja. El paralelo del abuso de Lucas, el hermano de Laura, la amiga de Mariana, es una ampliación de la agonía ante un medio social que reprime y no deja respirar libremente. Como decía Franz Fanon, “nos revelamos simplemente porque, por muchas razones, ya no podemos respirar”, o porque es una necesidad vital para poder sobrevivir, como les pasa a estos personajes que recurren a la acción fantástica de transformarse en mariposas negras vengativas que toman la justicia en sus manos porque nadie más puede protegerlas.

Laura escribe en su diario sobre los rezagos psicológicos de su hermano por culpa del abuso: “Son las tres de la madrugada. Escuché a mi hermano gemir, gritar. Entré a su habitación y señaló el armario. Me asomé, no vi nada. Lucas me abrazó muy fuerte y temblaba”. Estas dos instancias, Mariana (víctima de los amigos de su padre), y Lucas (víctima de un tío sodomita) reiteran la idea que los trabajadores sociales y los psicólogos han repetido hasta la saciedad: es en el núcleo familiar donde ocurre el fenómeno del abuso de menores. Es en el seno mismo de la gran familia puertorriqueña donde los niños y los adolescentes son los más vulnerables para los depredadores sexuales. Mariposas negras es un vivo testimonio de los casos anónimos que son parte de nuestra triste realidad de pueblo. El lenguaje descarnado y directo, pero con visos altamente poéticos a la vez, hacen de esta novela gótica caribeña una que debe ser leída a lo largo de las 100 x 35 millas náuticas de nuestra Isla.

De la poesía a la novela y al ensayo llegamos a una investigación que hay que leer con fruición porque también denuncia los abusos de poder que hemos visto en Mercenaria y Mariposas negras. Se trata de La isla de Puerto Rico se la lleva el holandés: Discurso de Don Francisco Dávila y Lugo al Rey Felipe IV (1630), un libro donde Carmen Rita Rabell hace gala de sus dotes de investigadora del Siglo de Oro Español en lo que atañe a un teórico y autor de novellas quien vivió en San Juan durante el siglo XVII. En sus investigaciones sobre este autor se encuentra Rabell con la referencia a una carta al rey escrita por este, quien fuera vecino de San Juan y donde denuncia las condiciones precarias de la Isla por culpa del ataque de piratas holandeses y habla de cómo se pudo prevenir. Ésta es la misma preocupación que décadas más tarde Don Carlos de Sigüenza y Góngora hará manifiesta en Infortunios de Alonso Ramírez (1690), crónica barroca donde el escritor novohispano denuncia lo desprotegidos que están los límites del Imperio Español en Asia y América. Esta es la historia de los infortunios de Alonso Ramírez, quien “le hurtó su cuerpo a la patria” (refiriéndose a San Juan de Puerto Rico) para buscar fortuna en la Nueva España, luego se embarca hacia Filipinas, cae en manos de piratas ingleses, es liberado, le da la vuelta al mundo yendo a recabar en las costas de Yucatán, para de ahí volver a la Nueva España y contarle su historia a Sigüenza y Góngora, quien la escribe por orden del virrey.

El análisis de Rabell en la primera parte de La isla de Puerto Rico se la lleva el holandés es un modelo de crítica histórico-literaria que maneja documentos pertinentes (accesibles en un rico apéndice de fuentes primarias) para seguirle la pista a Dávila y Lugo y su querella ante el rey acerca de las condiciones de la Isla, lo que la hizo vulnerable al ataque de piratas holandeses. Después de este ataque holandés a San Juan perpetrado en el siglo XVII y contrastándolo con el ataque de Sir Francis Drake en el siglo XVI, Rabell nos documenta de manera impecable las diferentes estrategias que le propone Dávila y Luego al Rey Felipe IV para proteger la plaza de futuros ataques. Entre ellas la fortificación de una ciudad amurallada que defienda la ciudad persuadiendo al rey de la importancia estratégica de la Isla. El autor fue a su vez secuestrado por enemigos holandeses y su cautiverio le sirve como fuente de información valiosa para futuros ataques y habla acerca de informantes o espías infiltrados en la administración del gobernador insular que compartieron información sobre la Isla con los piratas, previo al ataque.

Uno de los aspectos más interesante de este libro es cómo en el siglo XVII se hablaba ya de la incapacidad de gobernar de los gobernadores de la Isla y cómo a la luz de las condiciones políticas y económicas en las que ahora mismo nos encontramos, se puede establecer un paralelo entre los gobernadores del XVII y los de los siglos XX y XXI, y cómo se ha utilizado la oficina del gobernador para beneficio personal desde la colonia hasta el presente. En el caso que se investiga, el gobernador se apeltrechó en El Morro y no defendió la plaza como debía durante el ataque holandés. Fueron los residentes de San Juan quienes hicieron frente al ataque y lograron que la isla de Puerto Rico no se la llevara el holandés. En la segunda parte del libro se presenta el documento de Dávila y Lugo íntegro y es de lectura amena para aquellos que quieran ahondar en nuestra historia colonial.

El Morro siempre ha sido un baluarte arquitectónico que visitamos desde niños en Puerto Rico y conocer un poco más de su historia y el papel que ha jugado en la defensa de nuestras fronteras es uno de los mayores aportes de este libro. Como ha dicho antes Rafael Acevedo, este libro se lee como una novela, porque Carmen Rita Rabell escribe como siempre lo ha hecho en sus investigaciones desde Periodismo y ficción en Crónica de una muerte anunciada, su primer libro de crítica y sus estudios sobre el Siglo de Oro Español como en Rewriting the Italian Novella in Counter-Reformation Spain y otros, con la pasión de una crítica literaria y el rigor de una historiadora.

He aquí tres instancias donde la literatura puertorriqueña sigue dando evidencia de la riqueza y diversidad de su quehacer contemporáneo. Se presentan varios discursos de resistencia: un poemario militante de Zulma Oliveras Vega que no cae en la literatura panfletaria, una novela valiente de Ana María Fuster Lavín que denuncia el abuso de menores y adolescentes, y una investigación sólida sobre nuestro pasado colonial en lo que tiene de vigente aún hoy en día. Estos tres libros en tres géneros diversos, poesía, novela y ensayo, hablan de una misma preocupación, de la lucha que todavía hay que dar en el Puerto Rico de hoy por el alcance y la defensa de nuestra cultura: el activismo necesario que poetiza y al que exhorta Oliveras Vega, la denuncia que narra Fuster Lavín y la evidencia histórica de estas luchas en el discurso de Dávila y Lugo presentado y analizado por Rabell.