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¿Bailamos? o los Tango Files de Lourdes Vázquez

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Fueron publicados como separata en 80 grados el 30 de diciembre de 2011, en la plataforma Issuu: http://www.80grados.net/the-tango-files/, en edición cartonera con cubierta de cartón de Yarisa Colón el Día de Reyes de 2014, y en traducción al italiano de Brigidina Gentile por la Editorial Arcoiris en mayo de 2016. La edición italiana tiene la versión española al final del libro.

La reflexión tanguística desde el Caribe milonguero que nos propone Lourdes Vázquez es una invitación al baile por medio de la palabra. El prólogo iluminado de Claudio Iván Remeseira autoriza el discurso ensayístico de Vázquez porque el visto bueno de un crítico argentino legitima las ideas que nos ensaya la escritora sobre su quehacer como bailarina y estudiosa del tango. Afortunadamente no se trata de un libro erudito ni mucho menos, sino de un acercamiento a este fenómeno cultural desde la praxis misma de vivir y expresar las letras de los tangos junto con los movimientos propios de los pies sobre el parqué. Y es que aquí la poeta se encuentra con la ensayista y en una prosa poética nos desvela los misterios del tango para alguien que lo ha vivido y lo ha amado desde siempre como otro modo de ser en la pista de baile. Se acerca y dialoga con el gran Borges y sus apreciaciones del tango, se distancia de obras como The Life, Music, and Time of Carlos Gardel de Simon Collier o Tango: The Art History of Love de Robert Farris Thompson, como señala Remeseira. Lourdes lo retrotrae a sus raíces africanas desde el Caribe y lo siente en la cadencia del ritmo del tambor coregrafiando vitrinas en el salón de exhibición del Grolier Club en Manhattan. Porque para quienes no lo sepan, la escritora es bibliófila erudita y amante de los libros como oficio. Igual que Borges, bibliotecaria de profesión, hasta su jubilación en la Florida desde Rutgers University, donde trabajó por muchos años en su biblioteca. La mención del Grolier Club al inicio del libro se refiere a su presencia en la exhibición Borges: The Time Machine/La máquina del tiempo, a donde ha ido a parar como declarada especialista en libros raros e investigarora del tango. Luego en Rutgers revisa la segunda edición de Para las seis cuerdas (1970), con ilustraciones en acuarela de Héctor Basaldúa. Ahí la estudiosa examina la ausencia de ciertas milongas y escoge una que la lleva de Buenos Aires a San Juan, dos ciudades imaginadas. Así comienza este recorrido donde se erige la escritura como la protagonista de los Tango Files (o los expediendes o archivos del tango) como una investigación en proceso que nunca acabará. Aún cuando terminamos de leer las 41 páginas completas nos quedamos con ganas de más y eso se completa a través de nuestro propio ejercicio de seguir indagando sobre el tango desde adentro, desde la confesión de un amor uruguayo tanguero que narra la escritora en estos archivos, que declara como su propio tango, donde el sexo y el baile se conjugan para consumar el espíritu mismo de una milonga propia. Desde los emblemáticos Cuadernos de Poesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña hasta las ilustraciones del gran artista plástico Lorenzo Homar, y “la tipografía puesta en líneas imaginarias evocando signos antiguos” en tinta negra sobre papel marfil, que llevan a la que escribe a recorrer proustianamente los caminos del recuerdo de Antonia Sáez, para anclarse en su entorno que es la escritura, su fantasía que es el libro y su casa que es el baile.

Hay repudios también porque el tango es “el gran riesgo”. Fue y será marginal en las imágenes de hombres bailando entre ellos, con la que abre la edición en cartonera y cierra con dos mujeres de los años 20, mejilla con mejilla, vestidas de rigoroso negro elegante, en actitud de entrega al baile mismo. Rememora un estudio de baile en el alto Manhattan, en la calle 49 con octava, por allá por Broadway, y entonces ya no es Buenos Aires ni San Juan sino el exilio de Nueva York donde el tango se manifiesta. Algo que hace eco en la carrera del mismo Gardel, quien se internacionalizara entre los latinos de Niuyol. Las clases de tango son también clases de pulir ritmo y vaciar bolsillos por lo costoso. El tango “Alejandra” de Ernesto Sábato se erige entre todos como un paradigma para Lourdes Vázquez. Y es que cuenta, como todos los tangos, la historia de los abandonos: “Entre soledades y hondos dolores/ en vagas regiones de negros malvones/ estás, Alejandra, por cuáles caminos/ con grave tristeza, oh muerta princesa!...” (23).

Hay que caminar el tango, hay que moverse con un compás que se vuelque en tono sigiloso, como pide Lourdes, pausado o rápido y agresivo, pero siempre con una marca gatuna de seducción absoluta. Así se camina al tango y en Tango Files la escritora boricua Lourdes Vázquez da fe de estudiosa, archivista, especialista en libros raros, pero también poeta y prosista que ensaya ideas sobre uno de los momentos culturales más intensos del continente, la cadencia del tango en su letra, en su baile y en su historia inacabable que invita a seguir y a la vez nos interpela: ¿bailamos? Porque sólo así podremos descubrir su misterio.