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Rompe Saragüey

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altComo en los cuentos de vida de las culturas latinas que mezclan un melting pot, esta novela toma de las vidas de “El Cantante” Héctor Lavoe quien es su protagonista, Willie Colón, Jerry Masucci, Johnny Pacheco y un personaje de ficción llamado Charlie Gorra y su amigo cojo y silente, Caíto.

Con especie de recuentos esta novela toma de forma fragmentada y prestada del tiempo, yendo en su inicio al momento antes de que Héctor Lavoe realizara el famoso “intento” de suicidio desde el décimo piso del hotel Regency en Miramar, Puerto Rico donde empieza a pensar en su vida desde que llegó a tocar música salsa en Nueva York hasta el momento en que se encontraba, para cruzarse antes de su decisión suicida en la vida, con los fundadores de famosa y legendaria agrupación musical y disquera La Fania, conocida respectivamente como La Fania All-Stars y La Fania Records, de Jerry Masucci y Johnny Pacheco.

Regresando a su intento, termina y entra en perspectiva un personaje llamado Charlie Gorra como uno que se identifica como puertorriqueño y fanático de Lavoe conmemorando la vida de Héctor Lavoe en Nueva York. Y termina la novela unos meses después en el 1993, donde Lavoe se encuentra en lo que parece ser una clínica para personas en rehabilitación, aunque luego nos recuerda la obra que Lavoe pasa a ser el cielo.

El distinguido abogado y profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Dr. Daniel Nina, es el autor de esta obra. Escribe esta novela al haber sido él cautivado por el personaje que fue Héctor Lavoe, ícono y pionero de la música de la salsa puertorriqueña y la escena cocola de Nueva York entre los años 1966 al 1993.

Nacido en Río Piedras, Puerto Rico de madre dominicana y padre cubano, caribeño en sí, Daniel Nina es un escritor por derecho propio. Rompe Saragüey es su primera novela escrita para el 2016. Novela que intenta agrupar a través de la vida de Héctor Lavoe y los demás que circulaban en su vida, lo que fue él para la salsa puertorriqueña, para Puerto Rico, y para el movimiento que provocó junto a Willie Colón; en particular, sus efectos para la subcultura nuyorican que existe en el día de hoy a partir de ese momento cultural.

Con modo narrativo de primera persona de estilo directo cursamos por la mente y los recuerdos de Héctor Lavoe, una vida llena de sus loqueras que le aportaba a su fama y su ingreso (Pág. 54, así que no me critiques más, que bastante dinero te he dado con mis locuras.), como él decía del “goce” (Pág. 40, Pa’ vacilar y pa’ gozar un montón) y de curarse de sus “penas” (Pág. 40,… yo iba para ese club a curarme de mis penas), traspasando por las opiniones de Willie Colón acerca de Lavoe, entonces vemos como lo veían y lo apoyaban como el gran talento vocal y musical revolucionario-visionario que eran los dos fundadores de la Fania Johnny y Jerry. Quienes siempre a pesar de los malos ratos que podía haber causado Lavoe estaban ahí para él especialmente cuando se rompe el dúo entre el 1973, el llamado binomio Lavoe/Colón; como dice el Dr. Nina en el epílogo de su novela, por vía de Jerry a la página 80: “Vamos a darle una mano que Héctor siempre ha sido un caso especial” dándole una oportunidad al pobre cantante. Como dice Jerry de Johnny en la página 80, “siempre abogó por darle una oportunidad adicional al pobre cantante”. Johnny afirma, de otra parte, “Es que yo también apoyé a Héctor”, (Pág. 80-81).

Entre los binomios de lo que fueron Lavoe y Colón, y, Johnny y Jerry, existen paralelismos en la relación de cada uno de los dos binomios entre ellos que se encontraban en rol de maestro y aprendiz, y a veces familiar donde Johnny y Jerry eran figuras paternales para Lavoe y Colón. Sus historias sí son diferentes, Jerry siendo un italiano nacido en Nueva York conoció de la música latina de la salsa cubana cuando viajó a Cuba y Johnny era dominicano emigrado a Nueva York, encontró la salsa al ser como él dice “su única familia”, (Pág. 67: Solo es la salsa mi familia).

Jerry impulsó la Fania records y Lavoe impulso la salsa boricua, cada uno trajo la idea inspirada por la cultura, Jerry con la cubana y Lavoe con la puertorriqueña, ambos tenían la visión. A diferencia, Jerry era el hombre de negocios que Lavoe no fue, era el que se encargaba de lo financiero (Pág. 80: “tú diriges musicalmente y yo controlo financieramente”.); Johnny era el genio de la música, al igual que Lavoe era el cantante y Willie el líder de la orquesta y el que manejaba los chavos, (Pág. 39: si yo corro con todos los gastos, pues entonces yo soy el que controla los chavos.)

Ambos Lavoe y Jerry entraron en la santería, Jerry por su visita en Cuba y Lavoe por el movimiento salsero, que no se dirá que se toman completamente por separado, Johnny y Willie ambos se preguntan y les preguntan sobre esos dioses que ellos mencionaban para su protección y bendición, con, en resumido parafraseo “de qué carajo hablas” (Pág. 79 y Pág. 50: “but él andaba un poco desorientado.”) Entonces los binomios se cruzan y ahora se ven Lavoe y Johnny, será porque son ambos latinos y son los que se encargaban de la música, en el caso de Lavoe como cantante, pero es que los dos tenían un mismo problema como dice Jerry en el texto de Nina Pág. 81: The problem with Johnny is his lack of discipline, mientras que con Lavoe, Willie decía que todo se debía a su sentido de querer ser simplemente el cantante.

A la página 63, Willie dice: “Y es de esta tensión que se dio la ruptura entre Héctor y yo. No fue tanto por las drogas o por su sentido de responsabilidad distinto al mío… Fue más que nada, por su sentido de querer ser el cantante, por sobre todas las cosas.”, porque fue Willie quien dijo que eran las drogas y sus loqueras las que movían los “performances” de Lavoe. Era lo que a la gente le gustaba, Pág 65: “Héctor se nos fue en ese lío de la religión, pero fue lo que lo mantuvo con vida y con gracia musical. También toda la droga que se estaba metiendo al cuerpo.”

Pero Willie supo cuando esto, la santería y la droga, se metía en el medio de Lavoe. Entonces cantar era el problema. En el concierto en Puerto Rico en el 1973 en el Coliseo Roberto Clemente, Pág. 54: “Ahí fue que me di cuenta que esto tenía que terminar, pues pensé que los años vividos, los discos vendidos, y los mil guisos que teníamos por año no eran suficiente para contener la alegría y sobre todo la chispa de Héctor. Se me había ido. Y estaba fuera de poderlo rescatar, pues combinaba la tecata, la droga, con sus creencias religiosas, como nadie lo había hecho.”

Novela que enmarca de manera muy auténtica los recuerdos de vida de Lavoe como pionero de la música salsa boricua, utilizando vocablo spanglish nuyorriqueño con jergas tales coño, pa’, pana, saoco, swin, el refrán: “con los santos no se juega” (Pág. 82), “you nou entendou” (Pág. 24), el decir de “Déme esa mano que to el mundo e güeno e actúan e buena fe” (Pág. 76) y el tú sabes (Pág. 24). Formando parte de la historia, Héctor Lavoe, Willie Colón, en particular, y todos los demás artistas de salsa de la época movieron este movimiento cocolo y lo repartieron al mundo entero, pero fue Willie y Lavoe quienes fueron los que rompían las barreras para que los demás cruzaran, ellos fueron el puente que unió y extendió, unieron a los boricuas que entre ellos se distanciaban los de la Isla y los de La Gran Manzana.

A la página 62, el autor nos recuerda: “nosotros logramos pegar, juntar, a esas dos comunidades boricuas, a partir de la música… Lo hizo el bandón de Willie Colón con su cantante Héctor Lavoe Pérez… nadie más lo supo hacer como nosotros: juntamos a una patria dividida.” Fue en su final de la novela donde Daniel Nina me hace doler el corazón presentando a un Lavoe perdiendo su memoria desorientado y perdido en lo que parece ser una clínica rehabilitadora que en fin es el cielo. Lavoe al sentarse, espera conversar con otro “paciente”, un hombre negro, hablan sobre lo que es vivir ahí, estar ahí ahora.

Él le establece las reglas, parafraseando, “no hay alcohol ni drogas, no se fuma, no se habla malo, ni hay deseo, todos viven en paz y felicidad, y solo hay un dios, Dios; aquí no se pelea, ni hay controversias. Aquí solo se camina todo el día, y si te encuentras con alguien que hable tu mismo idioma, se hablan”. En el cielo donde lo único que le queda a uno es su oficio, que para la Lavoe es el canto. La memoria se va yendo Pág. 107: “… día a día todo lo que hiciste en la tierra se te va olvidando.”, le dice el hombre negro. El mismo le había dicho que si quiere, para no olvidar escribir es lo que él recuerda en ese momento en la ropa o en el pecho, Lavoe hace ambos y ya cuando todos en el paraíso se paran en el infinito a comunicar con el Creador, Lavoe y el hombre negro se distinguían por los recuerdos escritos en su piel y ropa, Lavoe cantó frente al infinito: “el último recuerdo que le permitía traer a ese mundo del paraíso.”, Pág. 109. Su canción el “Todopoderoso”, cuando terminó, Pág. 110: “Salvo Maelo, nadie más lo miró.” Ahí fue que yo entendí que en el cielo todos son iguales, nadie es famoso, y solamente eres reconocido por los que tú has inspirado.