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Desde Marruecos: Víctor Hernández Cruz

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Islam

The revelation of the revelation

The secrets offered in rhythms
The truth of heaven entering through chorus


Like Caribbean mambo dancers
The whirling dervishes go off
spinning into the arms of light
Across a floor of endless squares
and circles
Calligraphy brushed into tiles
Painted inside the names of God
Love
Compassion. 

VHC

I

Poeta boricua de la diáspora nuyorican, Hernández Cruz nació en Aguas Buenas (1949) y se crió en las calles del Bronx, de las que se nutre el primer poemario de poesía nuyorican publicado por Random House, su Snaps (1969), cuya voz poética, “but my true nature is gentle / & the stare of a mad eye,” se sabe transformadora —dúsmica, como le llamó Miguel Algarín— de la negatividad irradiada por el poder político dominante de la Ciudad de Nueva York, en positividad: “to leave the shapes you got the same i can- / not do that to crush & twist them i will.”

Por esa fuerza transformadora de Snaps, el poeta beat, Allen Ginsberg, autor de “América” (1956), “America when will we end the human war? / Go fuck yourself with your atom bomb,” endosa el poemario desde la contratapa: “spontaneous urban American language as [William Carlos] Williams wished, original soul looking out intelligent Bronx windows.” Endoso que Ginsberg empieza con gran sabor lírico: “Poesy news from space anxiety.”


II

Cuando sale publicado Snaps en 1969, “a true poet aiming / poems & watching things / fall to the ground,” Hernández Cruz se había mudado a San Francisco, California. En su próximo poemario, también publicado por Random House, Mainland (1973), el Nueva York que la poesía contrasta con el mainland (Puerto Rico, ausente, totalmente ausente de Snaps), no es el Nueva York de la primera mitad de 1970, salsero, demasiado salsero, sino el mismo Nueva York de finales de 1960 de Snaps: “CURA CURA CURA / BAILA BOOGALOO.” Por eso, la turbulencia salsera que se vivió de 1970 a 1975 no se registra en Mainland; ni Willy Colón ni Hector Lavoe…

¡Bugalú y jazz latino!

Por estar fuera de la geografía nuyorican, la poesía fundacional de Hernández Cruz —¿alguien duda que Snaps no lo sea?— queda fuera de Nuyorican Poetry: An Anthology of Puerto Rican Feelings and Words (1975), antología clave de Miguel Algarín y Miguel Piñero; significativamente, uno de los poetas antologados, Americo Casiano, dice en un poema que lee la poesía de Hernández Cruz. Ausencia presente: el poeta que está sin estar incluido en la antología ontológica de la poesía nuyorican.

III

De California, el poeta más diaspórico de su generación regresa a Aguas Buenas, donde vivió, primero en el pueblo y después en el campo, a lo largo de la década posmoderna-neoliberal de 1990, al final de la cual empieza a hacer viajes periódicos a Marruecos, donde finalmente se establece en 2014. ¡Boricua en África! Desde entonces, el poeta se deja seducir, a muchos niveles, por la cultura islámica: “Our mother country is not just Spain but also Morocco, North Africa... We are all swimming in olive oil” (2011).

Fuga diaspórica: Puerto Rico-Nueva York-California-Puerto Rico-Marruecos. Desde Salé, en la costa norafricana del Atlántico, Hernández Cruz responde a una pregunta que le hago sobre la celebración en la cual se encuentra inscrito este verano (2017):

“Aquí estamos en el mes de Ramadán; yo estoy en ayunas con la familia, claro, yo no tengo religión. Soy secular, pero Heinrich Heine, el poeta judío/alemán, dijo: ‘si no tienes arte, entonces mejor que tengas religión.’ Algo así; pues yo escribo que, según Fatima Marnissi: ‘escribir es una antigua manera de rezar.’ Bueno, la creación es suficiente misterio para mí.”

Sobre la disciplina de la abstinencia, dice el autor de Tropicalization (1976): “Mira, esto del ayuno era cosa de los monjes, de los maestros sufíes. El Islam le ha impuesto una cosa esotérica al pueblo. Yo sí aprovecho; escribo, leo. La gente lo hace [Ramadán] pero también se nota la imposición; muchos lo hacen por obedecer. Se ve la gente irritada; se ven muchas peleas, especialmente en las calles. Hay problemas en la carretera; pero como te he dicho, con los moros se va todo por la boca.”

Sí, le digo, me imagino lo que debe ser ese estado de hiperestesia. Me hace pensar en lo que escribió Ginsberg de Snaps: “Poesy news from space anxiety.” Sin comer todo un día, el estómago, apretado, exacerba… “¡Mira si le imponen un ayuno de Ramadán al pueblo de Puerto Rico! Se mata un porcentaje de la población. No es solo no comer, tampoco los que fuman pueden hacerlo, las relaciones sexuales… ni entre los casados; mirar nalgas, placeres eróticos… nada, piropos a las mujeres… nada…”

¡Chacho! ¿La errancia de Luis Rafael Sánchez contra la sobriedad lúbrica de Eduardo Lalo en Simone (2011)?

El autor de In the Shadow of Al-Andalus (2011) y del reciente Beneath the Spanish (2017) concluye sobre el Ramadán: “Pero si lo llevas bien tiene muchos beneficios. Le das un descanso al buche; yo siempre pierdo peso. Cuando uno come el stoll, así le dicen al breakfast/desayuno, la comida sabe tan rica. Claro, una vez cae el sol, a comer se ha dicho, y a la fresquería [concupiscencia].”

¿Fango? ¿El acabose? “Es tiempo de reunión familiar, de pensar, de analizar, de espiritualizarte, de controlar los apetitos corporales; a mí me gusta esta práctica de monje. Del sufismo al pueblo: es lo mejor del Islam.”

IV

La poesía de Hernández Cruz se mira, en el espejo de la diáspora, devenir; en el espacio de una africanía lejana-cercana, se reinventa: “Soy mestizo y mi naturaleza es incorporar, mezclarlo todo, cristianos y moros, arroz con habichuelas juntos.”

Desde Snaps, joven, demasiado joven, la poesía reafirma su geopolítica: “all the third world / sees spirits & / they talk to them / they are our friends.”