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El GAS en FILA

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alt[El pasado viernes 15 de diciembre, se presentó el libro El Gas en Fila en la librería La Mágica de Río Piedras, una de las presentadoras fue la autora de este texto que reproducimos como artículo en esta edición de Página 0.]

“Comprendí que la fila se tornó en el arte más subversivo que en mucho tiempo de forma colectiva todos habíamos participado…” Tomo estas palabras de la nota explicativa que hace Daniel Nina en los comienzos de este libro. Y unas líneas más adelante concluye: “y pensar que desde el 20 de septiembre de 2017 hemos iniciado un proyecto de resistencia nacional que incluye la fila…” He aquí en los comienzos de este libro, la tesis principal que nos ofrece su autor para entender desde su ojo testigo, los sucederes colectivos de este Puerto Rico moderno pos huracán María.

Tengo que remontarme a otra fila y a otra obra literaria con la que me topé en los inicios de mi carrera como escritora.

El excelso poema titulado Requiem de Anna Akhmatova, recrea el sufrimiento de la gente durante el terror estalinista. Escrito durante tres décadas, 1935 al 1961, lo llevaba consigo y lo trabajaba mientras viajaba por villas y ciudades de su amada Rusia. No es hasta el 1963 que sale a la luz pública. Pero el detalle aquí es simple… mientras Anna Akhmatova hacia una fila… alguien le pidió, tal vez exigió para la historia, la escritura de lo que estaba viviendo. Escuchen de esta traducción al español los inicios del poema: Réquiem

Ningún cielo extranjero me protegía,
ningún ala extraña escudaba mi rostro,
me erigí como testigo de un destino común,
superviviente de ese tiempo, de ese lugar.

1961
En lugar de un prólogo
1935-1940 En los terribles años del terror de Yezhov hice cola durante siete meses

delante de las cárceles de Leningrado. Una vez alguien me "reconoció".
Entonces una mujer que estaba detrás de mí, con los labios azulados,
que naturalmente nunca había oído mi nombre,
despertó del entumecimiento
que era habitual en todas nosotras y me susurró al oído
(allí hablábamos todas en voz baja):


-¿Y usted puede describir esto?
Y yo dije:
-Puedo.

Entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez había sido su rostro.

TESTIGO DE UN DESTINO COMÚN… ese es pues el propósito del escritor que escribe para anunciar y denunciar. El gas en fila es una colección de textos hilvanados entre sí como si fuera un poema y sus estrofas. La columna vertebral que los sostiene, la fila, y desde el ojo que mira la fila, la fotografía de Neysa Jordán, esa mujer de ojos verdes que mira su isla desde el lente verde de la esperanza, como nos dejó para siempre Lorca en el inconsciente colectivo… Verde que te quiero verde...Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.

  • Desde que tengo memoria nos dicen que hagamos fila.

  • FORMACIÓN EN FILA

  • FORMACIÓN EN COLUMNA

  • FORMACIÓN EN CÍRCULO

  • FORMACIÓN SEMICIRCULO

  • Formación de Ajedrez

  • Fila India

  • Los que lleguen último serán los primeros

  • Vete al final de la fila

  • Regresa, cuando vuelvas no tienes que hacer fila

  • Tienes que volver a hacer la fila

  • Hacer fila para obtener gasolina

  • Hacer fila para sacar dinero del banco o la máquina de ATH

  • Hacer fila para entrar a Cotsco o Sams o el supermercado local (y la fila rodea por fuera todo el edificio monumental de estos establecimientos) (Mi ojo verde también lo vio)

  • Hacer fila para entrar al estacionamiento, decidir no hacer la fila

Pero el autor de El gas en fila nos propone con su buen ojo, que la fila es una resistencia. “La experiencia de hacer fila se convirtió en un ritual mandatorio para todos,” nos dice. “El lugar donde volvimos a ser gente,” parafraseando a José Luis González pero que solo menciona como aquel escritor comunista. El acontecimiento magno de la fila moderna del puertorriqueño post María fue, y dicho en palabras de Nina:

“Lo más ocurrente del proceso de hacer fila es que nos hicimos iguales. No hay diferencia. Hombres, mujeres, niños, adolescentes, adultos; minusválidos y personas sin reto físicos. La fila nos dio la oportunidad de vernos en la misma precariedad, donde nadie tenía más que la otra persona”.

Nos convertimos entonces, todos, en “la categoría ciudadana…” y esa categoría nos llevó hacia un salto superior, nosotros tuvimos que resolvernos los problemas eminentes del vivir, porque si no, rápidamente caeríamos en la otra categoría de fila… la fila para ciencias forences o la fila para cremación, que también fue real en estos tiempos. La muerte aprendió a hacer fila.

La gente hizo fila, es un dato. En la fila se habló, poco fue el silencio. Y desde esas conversaciones la clase gobernante comenzó a perder credibilidad y fe. La fila era inminente. Aquello básico, pan y agua, gasolina, medicina, ver a papá y mamá, ver a los hijos, proteger a los nietos, cubrir el techo y las ventanas, acallar las tripas, ¿se habrán salvado los coquíes? Algunos optaron por irse. Más de 200 mil puertorriqueños se han ido, ¿regresarán? ¿Están regresando? Algunos se fueron para siempre. Un exilio forzoso. La fila del aeropuerto.

Este huracán trajo consigo nuevos modos de comunicación. Nos dice Daniel: “La gente aprendió a detenerse en el puente, buscando el punto más alto y despejado para poder transmitir”… “la gente aprendió a volver a encontrarse, a tertuliar. Eso sí que fue un acierto. La gente volvió a hablar…” Entonces, aclara el autor, la fila fue el primer acto de resistencia, hablar, conversar, tertuliar, se convirtió en el segundo acto de resistencia. Y luego… levantamos la bandera. Qué acto de mayor subversión es ese de levantar la bandera de Puerto Rico en los camiones que nos dan servicio, levantar la bandera en aquel arbolito de navidad donde una mujer se quejó por la presencia de ESA bandera.

Aprendimos una nueva palabra: Resiliencia, que no es otra cosa que la capacidad e inventiva individual y colectiva de sobrevivir a una crisis. El Puerto Rico moderno pos huracán, tuvo una lección monumental, fue el pueblo por el pueblo quien salvó a Puerto Rico. Tengo que añadir que también nos salva el humor. Sabernos y reírnos de nuestros errores nos salva. Qué error mayor que elegir gobernantes ineptos para la batalla de un pueblo. Nos dimos cuenta que, crecemos cuando estamos juntos, que juntos generamos las ideas para sobrevivir el embate, que dar de lo que tenemos es un mejor proyecto que esperar a que nos den insometidos los boricuas a una sociedad paternalista.

En fin, qué más se puede añadir o replicar a un libro que evidencia para siempre en nuestra historia colectiva, lo que logró la fila. Queda escribir el diálogo que hubo en las filas sudorosas de aquel septiembre del cual quisiera no tener el recuerdo. Entonces tenemos la fotografía de Neysa como actor principal de estas páginas. Un candungo para echar gasolina, los anaqueles vacíos de los supermercados, un avión que pasa bajito a ras de un edificio recordando inevitablemente aquel otro evento de las Torres Gemelas, metáfora de toda desgracia humana, filas interminables de autos y de gente, filas para entrar, filas para pagar, soldados, incluso soldados armados, ahí están las fotos, filas para marcharse en el aeropuerto, la fotografía de un auto fúnebre, algunos rostros, y ese pedacito de tela enarbolado, la bandera.

Queda por definir hacia dónde se encamina un país que se estima un 60% está sin electricidad. Queda por definir el significado, acaso prescindible o no, de esa bandera en ese lugar. Queda ver cómo se traduce el dolor de haber perdido el techo, literalmente el techo. Queda por escribir la aseveración que culmina esta gran tragedia colectiva, si la fila es subversiva, si la fila demarca una resistencia, a qué resistimos, qué subvierte la presencia de aquellos ciudadanos en una fila.

Quiero terminar volviendo a la voz de Anna Akhmatova esta vez en un poema que me ha perseguido desde que lo leí hace años, que ha sido de mucha meditación en mi vida, tanto que revisé la traducción al inglés. Solo unos 4 versos para ustedes:

Let the last leaves rustle
Let last thoughs torment
I don’t wish to trouble
People used to being happy.