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De paseo con la abuela

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alt[Nota editorial: lectura de presentación del libro Paseos con Leo en la librería Casa Norberto, junto a Yolanda Pizarro Arroyo, el pasado jueves 8 de febrero de 2018].

Es interesante, pero Mairym Cruz Bernal afirmó otra entonación musical cuando se definió o la definieron como abuela. Fue un momento particular de la vida. A partir de entonces, ella dibujo el mundo a través de los ojos y mirada, del reciente Leo. Su primer nieto. A este su primer nieto ella le dedica su más reciente libro, De paseos con Leo (Editorial EDP University, 2018).

Conocer a Mairym es, literalmente hablando, un viaje. En particular, porque poeta al fin, pero no cualquier poeta, sino poeta confesional al fin, la vida transcurre siempre al filo, al borde, entre, como diría un filósofo a quien no menciono, el ser y la nada. Es vivir en la existencia pura, donde todo cuenta, donde todo se registra, y más que nada, donde todo es un momento, una ocasión, y recordando a la pintora, a quien tampoco mención, un happening.

Entonces llegó Leo. Un día, y al cuarto mes se instaló en la rutina de la abuela. Un infante acabado de llegar se encuentra, se entrecruza en la vida de una poeta confesional. Como contarle al recién nacido que la vida, como diría el cantante, “es bonita, es bonita, a la lala”. Realmente hablando, no es posible. La vida, según la poeta, es como es. La vida es dulce, pero también muy amarga.

En 49 semanas, a partir del cuarto mes de vida de Leo, la poeta se dedicó a escribir una columna semanal en el diario de prensa cibernético, El Post Antillano. Bajo mi edición, la poeta escribía de forma libre o involuntaria. Todo dependía la semana entre lunes y viernes, los quehaceres de esta, y más que nada su deseo imperioso de contar la última anécdota vivida junto al pequeño Leo.

Sin lugar a dudas que Leo le ha traído alegría a la abuela, pero también a la madre, Mariana, y a su compañero del amor, Jonathan. Ambos le han dado vida y alegría a Leo. Pero la abuela ha hecho algo que todos sabemos que lo habrá de inmortalizar: le ha compuesto un libro.

49 ensayos, y ya sé, porque no 50, sencillo, porque la abuela es poeta, y no hubo forma de conseguir 52 semanas/ensayos. De la misma forma que un día comenzó, un día terminó. Pero en esta colección de los ensayos escritos a partir de Leo, se recoge una ternura muy particular la historia de la vida diaria. La vida contada desde la mirada de una abuela a su nieto, que no es el nieto, sino el pase inevitable de la vida para la próxima-próxima generación.

Recorrer estos hermosos ensayos, es vivir los tiempos que vivió la poeta y su entorno. La vida y la no vida. La muerte de los seres queridos como la propia madre, pero también la de la niña negra, la del niño sirio, la del deambulante descalzado. Es contarle a Leo, que la “vivir no es un arte, si no es un arte morir”. A un infante recién nacido, es recordarle, desde la mirada existencial y confesional de tantos y tantas poetas que terminaron sus vidas abruptamente, que hasta ese momento final, la poesía también se torna en vida.

Pero la poeta nos lleva por la senda de su propia vida, para decirnos/decirle a Leo, que la vida es un “asunto fenomenal” , como nos recuerda ese escritor laureado de Puerto Rico en su novela clásica de tiempos inmemorables. Pero la poeta lo matiza y enfatiza que es “un gran rompecabezas”, mapa que el propio Leo en su día tendrá que componer.

El balance de forma inevitable nos va llevando a atesorar lo complejo de la vida. La vida, como un relato en el cual todos y todas participamos “y sufrimos”. Con la voz o sin la voz, como la madre hoy fenecida, que vivió encarcelada en su silencio. Y para la poeta confesional, y para su nieto en formación poética, es recordarnos que la complejidad de la vida, como nos recuerda el teórico europeo, es uno donde todo puede ser a la vez un referente de alegría como de ausencia de esta. Ese mar que desde su infancia Leo vio, al cruzar de su casa o desde el balcón de esta, que pese a su hermosura, “ese mar terrible, que no tiene piedad, es también ese mar azul y majestuoso. Tocarlo o huirle”.

A la poeta, amiga profunda, cómplice de ideas y de proyectos, hermana de la solidaridad y el cariño generoso, le recuerdo que su obra ya está hecha. Como bien ella nos apunta, “aquí [con este libro] termina un ciclo. [Para Leo] su mundo crece. El mío sólo es el. Así de terrible es el amor”.

Pues bien. Que sea Leo el que lo investigue. Mientras, usted y yo, disfrutemos de este libro. La vida también nos da esa hermosa oportunidad: la de leer a la poeta, Mairym Cruz Bernal en sus Paseos con Leo.