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Una Habitación Desocupada En memoria de Carlos López Dzur (1953-2017)

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altHabría que registrarle los bolsillos al occiso. Sólo así se encuentra un llavero como el que nos contó, con forma de escarabajo pelotero y que te transporta a un cuarto nueve en el Hotel Edén. Ascensor hacia el cadalso, sale de camino. Donde una vez, solo, quiso y soñó. No dejaba huellas por ninguna parte. Nunca se pudo determinar con seguridad si de verdad había ido. La administración nos hace saber que nada cambió de sitio durante su ocupación que, para todos los efectos se mantendría en pie. Los pagos, al día. Las sábanas permanente-mente tersas. No colgaba ropa en la percha, las puertas de espejo limpias de huellas. El piso del baño siempre seco.

Veías más que nadie con tus ojos ciegos. Nos colaste en el teatro alucinante de un mundo donde no había reconciliación posible. El amor andaba perdido. Nos confundimos. Malinter-pretamos las señales. Llegó a ofendernos la ligereza con que describías los hechos de la carne. Tuvimos miedo de nosotros mismos. Eran nuestras ilusiones las que sembraban el cataclismo. No había remedio en tus medios. Al final no era Hollywood. Faltaba la libertad.

Vivían el Poder y la Apariencia aspirando a ser gente. Apenas un espacio de control y sometimiento. El delirio de Lope de Aguirre, dueño de un mundo nuevo solo para su soledad. Un fantasma melancólico salido como una broma que mira a su viuda desde el penacho del árbol de Quino. La ingratitud que no se puede perdonar. Las tinieblas. El nubiloso sistema de lo amargo fundando templo. El ritmo de un tambor fracasado que no queríamos escuchar. Algo hería la vista como un Tabú violado.

Pánico dios Pan que hace sobresaltar en lo oscuro el corazón. Decías que no temías el lado oscuro de las cosas porque tenías tu marca ciclópea de espíritu que un hermano te había regalado, “tu monte mágico en la muerte”; “un ojo de ajna chakra” lleno de libros. Gozabas con emociones subterráneas, te atareaba el destino y jugabas a las consignas. Tus ojos ciegos de Tiresias que apaleaban las sombras noche y día, tus ojos fundidos como los de aquellos que ejercitan las cifras, como de espía al servicio de La Resistencia nuestra. Si de verdad has muerto sólo tú lo sabrás.

__animal de corajina me gustaría para un poemario. Tengo materiales dispersos, algunos que has leído en Memorias De La Contracultura. Pero no es ese perro cínico del que quiero hablar. A mí esto del mundo animal me atrae fuertemente. El perro se te entrega en el pelo, la saliva, sus orines, sus excrementos. Es más que plantar la bandera de un territorio. Es un animal en el espacio extendido.

He querido hablar de lo que llamo un behaviorismo espartano que sería el comienzo del libro ese de la contracultura. Está el cazador guerrero y el perro que domestica para sus propósitos. En el behaviorismo espartano se educa para la agresión y el dominio. El placer se echa a un lado. Los hippies fueron una reacción a ese condicionamiento. Ya desde el alarido Beat de Ginsberg (Howl), el grito de una generación desconsolada, el desquicio de la babilonia sifilítica… En fin, mis libros los he pensado como una filosofía de la guerra y sobre todo, de la rebelión. Porque es la rebelión la que te abre la conciencia para combatir tanta injusticia. ¿O es que renunciamos a la justicia? ¿Nos dimos por vencidos? Al menos yo no. Quisiera pensar que tú tampoco.

__Mi literatura es de ruptura. Rompo con el pasado y lo reconstruyo a mi manera. Total, al final todo es cíclico, nada te obliga a aceptar en orden todo lo que la tradición ofrece como doctrina autoritaria. No soy ateo, pero el anarquismo me acompaña a dondequiera que vaya. Agoto las versiones de la tradición, voy de un extremo a otro como vagabundo y escojo. Me parece que de este modo se hace una literatura más dinámica. Yo decido el género en el cual puedo trabajar con la mayor libertad. No me limito a ser un mero historiador aunque lo digan mis credenciales. La historia objetiva no es todo. De hecho, creo más en la intrahistoria como Unamuno y la Generación del 98. El Sentimiento Trágico De La Vida fue una de mis lecturas más precoces. Mamá me pedía que le leyera cuando le daban ataques de asma. Eso la apaciguaba. Así me aprendí la biblia.

__Yo soy un hombre de fe y la fe no es una cuestión religiosa sino estética. La fe no es fáctica, es una posibilidad. Una esperanza posible. Los mejores momentos que se pueden vivir no tienen nada de religiosos. Aborrezco la visión apocalíptica de los dioses de la enfermedad. Eso no tiene nada que ver con lo estético. La angustia en cambio encaja en mi entramado. Uno no debe escapar de la angustia mientras sea la posibilidad más a la mano. Es un apren-dizaje extraño, terco, absurdo. El que se sienta angustiado haría bien en aferrarse a la vez a la imaginación y la belleza, porque mientras se tenga un concepto de belleza y esperanza no hay riesgo de enajenación. Allí en la oscuridad de la angustia te espera tu verdad. El Amor es la antítesis de la frustración, la angustia y el cinismo…

__Me halaga cuando se refieren al cuerpo de mi obra. Si algo hace humana a la literatura es su referencia al cuerpo. Mis textos no son abstracciones, aunque debo confesar que por oficio dediqué una buena porción de mi fuerza laboral abstrayendo obras de otros para el circuito de bibliotecas universitarias del oeste de los Estados Unidos. Hay que estar desesperado en la vida para escribir por comisión. Pero siempre está lo otro y hay un enorme placer en crear y en trazarse una meta.

__En mis cuentos y poemas puedes encontrar referencias a aspectos orgánicos del pensar y el crear. Por momentos el cuerpo de la obra puede ser el pene mismo porque la sexualidad es función creativa como cualquier poema erótico del Kamasutra. Distintos personajes pueden aludir a diferentes funciones orgánicas. Y encima de todo tienes la escritura del escritor que va fluyendo con esa corriente de calentura. Posteriormente hasta puede darse el caso de que el artefacto así armado produzca su efecto de cuerpo a cuerpo en el cuerpo lector. Tengo una siquis muy erótica y demando esas sensaciones coparticipatorias de mi sistema nervioso. El material literario no es una compulsión sino una complicidad que primero se fue dando de forma natural y terminé asumiéndolo intelectualmente. ¿Que dónde pongo a Dios? El Deseo y Dios, más o menos, son aspectos de la misma cosa.

Carlos López Dzur, causa ganada para la historia de la literatura puertorriqueña. Podría decirse, lanza partida en nombre del cine. Historias puntiagudas. Invitaciones al ojeo. Me quedo con una que es mejor que cualquier bucanero Sea Hawk de Errol Flynn al abordaje, dirige Michael Curtiz, 1940: El Pirata Del Deseo; las aventuras del verídico Jean Nau d’Olonnais, aquel que “soñó con el Palo Mayor, verse a flote de placer, bandera al viento, como puñal y sínfisis del pubis”. El que un día vio el saludo de la muerte y se le escapó para encontrarla en Isphahán como contaría Borges de una leyenda, en versión profana, y sagrada, sin embargo ¿quién sabe si más posible destino de los años de la conquista en el Caribe Antillano?, 1585.

La cámara del ojo en el umbral de un libro que es una colección de enigmas en las tragedias breves de Sarnas De La Ira Parda, de su libro de cuentos; un ligón Norman Bates en el hotel de Psycho de Hitchcock que abre la sala a todas las proyecciones del autor que se nos presenta algo inoculado contra el cristianismo. Epojé, parece decirnos, suspende el juicio que estamos entre dioses paganos; sal por un momento del modo automático. Se suscita una atmósfera de misterio, mientras con sigilo de gato se mete en la habitación de al lado. Eyecta la blancura de su fuente. Afluente de su creciente Nilo. Noches con sus días de tinta rosarch filtrada de pared a pared. Sueño, distracción concentrada. Evolucionismo de fantasmas. Súbito, el vacío repleto de los espejos que tiemblan en su agua. Esa nada que somos es emanada.

Ese es el milagro, porque sabía hacer un cine de una mirada. El ojo buscando a su antojo. Era parte de su alquimia. Detenía el tiempo, borraba la memoria bebiendo de la Estigia para arrojarnos a la corriente desatada de la historia, seguro como estaba de las infinitas encarna-ciones. Tuvo la tentación de la palabra para convocarlas. Se plantó en la interzona. Se hizo Coyote honorario, siendo zorro, y desapareció con Hazel, hexe la bruja, en la última madriguera, Gone To Earth gritan los cazadores, los arqueros Michael Powell y Emeric Pressburger, 1950. ¡Cuánto más quisiera Carlos, para su Chepina En La Escapada!

Y es que la vida era una sola a la vez y él llevaba mucha prisa. Había que sobrevivir las balas de todos los sicarios y a los Hombres de Negro. Había que vivir muchísimas vidas para darse cuenta si tan siquiera el alma progresaba. Ya no sabía ni qué pensar. Lo tenía atareado el proceso encarnado en esos cuerpos, puertos para hálitos migratorios. —Querías saber y no quedarte callado. Quisiste ser la mosca en el plato. La cámara seguía corriendo. La cuenta estaba salda.