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Lecturas de verano 2018

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altDesde el 2014, a las puertas de cada verano, he reseñado en El Post Antillano una serie de libros con la idea de que junio y julio son dos meses en los que usualmente se encuentra más tiempo para leer durante las vacaciones, o podemos llegar a los libros que se han quedado rezagados a lo largo del año por falta de tiempo. Esos que tenemos por los rincones de la casa, sobre la mesa de trabajo, al lado de la cama, en la mesita de la sala para cuando tengamos tiempo libre. Si bien, es cierto que los libros llegan a nuestras manos cuando deben llegar y muchas veces es por eso por lo que nos tardamos en abrirlos y sumergirnos en sus páginas con su debida atención.

En este caso, me detengo en Borrador de auto-ayuda queer y otros ensayos raritos de Lissette Rolón Collazo y en cuatro poemarios: Virgo in Blue September de Ruth N. Carrillo Girona, Recuentos y volteretas: antología poética 2006-2015 de Mayda Colón, Amanecida de dolores: poemas para mi madre de Mairym Cruz-Bernal, Maretazo y Cicatriz de fuego de José H. Cáez Romero. Es mucho lo que se sigue publicando en Puerto Rico pese a la crisis post-María, pero estos seis libros se me han quedado en el tintero de las reseñas de los últimos tiempos y son sendas entregas de ensayo y poesía que ameritan detenerse en ellos.

Los ensayos de Rolón Collazo siguen de cerca la Ética marica: proclamas libertarias para una militancia LGBTQ de Paco Vidarte y los escritos eclécticos de Beatriz Preciado, Rubén Ríos Ávila, Ricardo Llamas, Fito Páez, Beatriz Gimeno, Donald L. Boisvert, Óscar López Rivera, Manuel Ramos Otero, Yolanda Arroyo Pizarro, Eduardo Galeano, Larry LaFountaine Stokes, Abilio Estévez, Michel Foucault, McConnell Ginet y Toril Moi. Se busca una Ética LGBTQ (lesbigaytransqueer) en el quehacer activista e intelectual en Puerto Rico. Esta profesora de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Mayagüez sienta cátedra en un libro sin pretensión alguna que se mueve en la mejor definición del género ensayo, donde desarrolla ideas acerca de las sabidurías importadas, la vejez queer, la muerte, la madre, las amigas de la familia y la familia “otra”, una declaración de principios, los espacios de libertad, el matrimonio gay, el clóset que nos habita, lo profano-sagrado queer, otras preguntas (in)visibles, etc. Son ensayos “raritos” porque se apropian del insulto queer o “raro” como una “estrategia de lucha y reivindicación”, como aclara Rolón Collazo: “Esta colección de ensayos apuesta por la rareza.

Es un librito de auto-ayuda para la comunidad queer”. A lo largo del texto, el lector recorre con la autora diversos momentos de su vida y del movimiento lesbigaytransqueer en la isla. Por ejemplo, los coloquios bi-anuales de “¿Del otro lao?: perspectivas sobre sexualidades queer” celebrados en la UPR, Mayagüez organizados por ella y su equipo de trabajo desde el 2004. Muchos de estos ensayos se publicaron antes en las revistas Cruce y 80 grados, y ven la luz en este libro de la Editora Educación Emergente como en un formato de auto-ayuda para la comunidad LGBT, donde se tocan temas fundamentales a la hora de construir un país lo suficientemente diverso donde pensar el lugar que tiene una ética del género y donde se acepte el espacio que ocupa la diversidad: “Si algo luminoso nos dejará este proceso, que apenas comienza, es la movilización cuidadana, el concierto de diversos sectores, la identificación solidaria”. Pero no debemos equivocarnos porque este Borrador de auto-ayuda queer… es de excelente lectura para volver sobre la teoría queer y su aplicación e implicación a nuestro medio isleño. Rolón Collazo hace alarde sin querer de ser una pedagoga consumada. Es un libro para aprender y reflexionar sobre el lugar de lo queer en Puerto Rico.

La ópera prima de Carrillo Girona, Virgo in a Blue September se presentó hace ya casi un año en el CLiQ (Congreso de Literatura Queer) dirigido por Max Chárriez. La presentación estuvo a cargo de Yolanda Arroyo Pizarro y los versos de Carrillo Girona fueron toda una revelación. La poeta joven comenzó escribiendo en inglés para ocultar su mensaje de la familia que no necesariamente aceptaba su orientación sexual, pero el poemario está escrito tanto en inglés como en español con una sabiduría particular: “I believe that on [at] some point/ in life, you die and [you are] born again,/ I call it the butterfly effect,/ You keep learning to shine again…”, en la cual la poeta usa sólo el participio pasado del verbo “to bear” (nacer) en lugar de decir “you are born again” (nacer otra vez).

La forma gramaticalmente correcta del verso sería “you die and [you are] born again”, pero el verso “you die and born again” le da inmediatez. Cuando Carrillo Girona escribe en español podemos apreciar otra dimensión de su poética del efecto mariposa de renovarse: “He aprendido a aceptar la/ diversidad en los demás,/ Después de todo,/ La vida es una/ Y de cada cual”. Afirmación que completa en inglés en otro poema: “Trans = Human/ Lesbian = Human/ Gay = Human/ Bisexual = Human/ Straight = Human / Black = Human / Latino = Human/ White = Human/ Muslin = Human/ Christian = Human/ In the end,/ We are all human being[s] and alive”. La gradación de trans a hetero, de negro a blanco y de musulmán a cristiano iguala al ser humano más allá de orientación sexual, raza o religión. Al final todos somos seres humanos vivos. Virgo in a Blue September, como su enigmático título apunta, es un poemario de quien es “naturalmente compleja en sus enigmas, sincera en sus pasiones” y está dedicado a sus sobrinos “que han puesto mi vida en una manera especial y hermosa”. Hay un futuro que aflora en los versos queer de Ruth N. Carrillo Girona y nos deja con ganas de leer más.

“Comienza mi sólido cansancio/ tantas noches de tumba/ silencio y hospitales” nos dice Mairym Cruz-Bernal en Amanecida de dolores: poemas para mi madre. Si ya Lissette Rolón Collazo había dedicado un emotivo ensayo a la relación con su madre y el momento en que sale del clóset, Cruz Bernal en su poemario narra la angustia de la ausencia y el proceso de irse que experimenta la hablante lírica cuando le dice a la madre y ella contesta: “flotas y dices// me estoy yendo// mairym// me estoy yendo”. A lo largo de los trece poemas, un epílogo y un postcriptum, la poeta nos lleva de la mano y comparte ese amanecer de dolores que constituye la muerte de una madre cuya cara engalana la portada del libro publicado por las editoriales Isla Negra y Lúdika en el formato de un libro estrecho y alargado, como una octavilla, o la mitad de una cuartilla, la octava parte de un pliego de papel (11 x 16 centímetros). Desde el Renacimiento se ha usado para difundir ideas políticas o sociales, de ahí la urgencia de comunicar el dolor de la muerte del libro de Mairym Cruz-Bernal.

El poemario se lee como un diario de los días que preceden a la muerte de la madre y el rito de paso de velar por un enfermo que sabemos está en sus momentos finales en el cuarto de un hospital. Desde el primer poema se instala el miedo (“me empujo al vacío y caigo/ toco el filo de la navaja”), luego la vigilia de la espera (“si me quedo aquí/ a la vera de su cuna/ mi madre no morirá”), la inevitable agonía (“dice que su madre viene/ dice que la ve y la llama”), y la muerte al final (“en los hospitales los enfermos estallan como flores”).

La dimensión visual de este poemario de Cruz-Bernal está contenida en tres imágenes: el rostro de la madre con los ojos cerrados en la portada, la foto de la autora en la solapa y la foto de dos gatos que esperan ante la puerta abierta hacia un pasillo mientras ven cómo alguien se aleja al fondo, en las últimas páginas. Y ésta es la misma progresión que se da en los poemas desde la inminencia de la muerte de la madre en el hospital, la hablante lírica reflexiona sobre su propia vida y su familia hasta llegar al momento de la separación y la desolación total. Pero no todo es angustia porque hacia el final del epílogo se celebra la vida y el legado de la madre: “la vi, orejas tibias, la toqué, piernas sedosas y quietas, hermosa como las reinas que dejan en herencia sus joyas más preciadas”.

Mayda Colón y José H. Cáez Romero son dos poetas premiados tanto por el PEN Club de Puerto Rico como por el Latin Heritage Foundation de Nueva York y los une una estética lesbigaytransqueer. Colón ha publicado dos poemarios y Recuentos y volteretas es una antología de ambos, Dosis y Prosac. El primero es un artefacto poético porque se envasó en un frasco para pastillas siguiendo la tónica de la poesía concreta y el segundo obtuvo el Premio Nacional del PEN Club de Puerto Rico. Recuentos y volteretas es un libro lúdico que el lector debe leer de la página uno a la 36 y darle la vuelta para leer de la página uno a la 33, con el índice en medio de las dos partes. Editado por dos editoriales alternativas, Ediciones Aguadulce y Trabalis Editores, Recuentos y volteretas es como la degustación de un buen vino tempranillo que hay que saborear con el paladar gota a gota, poema a poema. Colón es una poeta de la distancia, de alejarse de los sentimientos más humanos para describirlos y contemplarlos fuera de sí (“después de haber creído y descreído tantas cosas”) como una estrategia de supervivencia, pero con mucho humor (“si no grito/ es porque las instituciones mentales/ padecen de hacinamiento”).

“Último delirio” es un poema donde reescribe la canción “Nave sin rumbo” de Sylvia Rexach, sus famosos versos “Dime capitán, tú que conoces las aguas de este mar”, en las siguientes líneas de Colón: “hazme un lugar en tu trapecio/ hazme otra herida que se ciña a mi costado/ rompe mis huesos uno a uno/ hazme de nuevo/ como del barro de tu vientre”. Ese último delirio de la ausencia de la amada rompe en dos a la poeta como la Rexach lo anuncia en su bolero: “Es mi corazón una nave en el turbulento mar, desafiando la fuerte tempestad de eso que llaman amor” que le deja el corazón “hecho pedazos”. Colón quiere subirse a ese trapecio del amor para romperse y hacerse de nuevo.

Cáez Romero, por su parte, es un poeta de la sensualidad a flor de piel (“-cuando viene la ola/ te espumas en mi piel-“) y del acto de caer en las trampas de la nostalgia (“Uno camina por lo más bajo…/ Entreteje la maraña de recuerdos/ y las guarda en la gaveta”). Sus dos libros, Maretazo y Cicatriz de fuego son dos instancias de una misma poética queer. El hablante lírico se reconoce en las presencias transgresoras femeninas de “las chicas Cáez” o las amigas, las mentoras, y las milenarias (Bette Davis, Lupe, Lola, Julia, Angelamaría Dávila). Así también en la madre que es “la portadora eterna de mi cicatriz” y en la familia. “Cuando se incruste el silencio…/ Desterraremos para siempre el dolor y las heridas/ Formaremos la travesía…/ las libertades que nos formarán” son algunos versos con los que arranca Cicatriz en la piel y se hacen eco de ese nombre que escucha la voz poética en “el sonido del oleaje” y “la piel danzando sobre/ la espuma” en Maretazo. Los dos libros se pueden leer como un mismo libro que se continúa uno en otro hasta complementarse. Dicen que los mejores poetas escriben en realidad un solo libro y tanto Mayda Colón en Recuentos y volteretas como José H. Cáez Romero en Maretazo y Cicatriz de fuego confirman este pronunciamiento.

¿Es el fuego?” de Cáez Romero lleva la desolación del amor no correspondido a una esclavitud: “¿Es acaso el fuego/ la vía natural de reunirnos para el abrazo/ o, el instrumento clave para el carimbo/ que establezca diferencias eternas?”. La marca del carimbo con el hierro candente en el abrazo del amado marca el cuerpo del que ama para que no encuentre ruptura y el lazo se haga eterno porque como ha dicho al principio del poema: “La lumbre nos sirve para arder”. La Cicatriz de fuego se resuelve en el último poema: “La hoguera como centro único/ de nuestra existencia y de nuestra permanencia”. Hay que aprender de lo vivido y de nuestra lucha para que no nos extinga, para no inmolarnos.

Estas lecturas de verano 2018 post-María nos pueden muy bien hacer reflexionar sobre la crisis en la que vive permanentemente nuestro país y ante la cual la literatura puertorriqueña nunca ha sido mudo testigo sino activo participante: lo queer, el amor, la vida y la muerte, los recuentos, las volteretas, el fuego. Tal vez en nuestras palabras escritas está cifrado nuestro destino de pueblo caribeño y en el ejercicio de la lectura podremos encontrar como colectividad las soluciones y claves posibles que se hacen urgentes.