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La posmemoria en las “Antigüedades mexicanas” de José Emilio Pacheco

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alt[Nota editorial: * Ponencia leída en el Congreso UC-Mexicanistas, en el marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, el 22 de marzo de 2019 celebrado en Uxmal, México.]

“Demasiado pronto en la vida me di cuenta de que ya era demasiado tarde”.

El amante, de Marguerite Duras

El uso de la posmemoria o la “narración histórica” (Gámez) de una voz poética que no vive en primera persona los hechos, sino que los recopila, es lo que hace el poeta mexicano José Emilio Pacheco en muchos de sus poemas. El hablante lírico cifra en sus versos las voces subalternas de aquellas personas que hace hablar en el momento preciso en el que viven, en la sección “Antigüedades mexicanas”, dedicadas a Carlos Monsiváis, de su poemario Islas a la deriva (1973-1975), incluido en Tarde o temprano. Desde la llegada de los españoles pasando por los poetas novohispanos, Sor Juana y Francisco de Terrazas, hasta recontextualizar el lenguaje de las crónicas de Indias en sus versos sobre el Padre Las Casas, se hace un paralelo entre presente y pasado en el continuum de la historia mexicana. No sólo como periodista, en su columna “Inventario” de la revista Proceso, le tomó el pulso a la cultura de su querida Ciudad de México, sino que en sus libros de poemas y en su narrativa, José Emilio siempre volvió sobre episodios ejes del quehacer cultural en México para reinterpretarlos a la luz del presente. En este trabajo, releeremos sus “Antigüedades mexicanas” para explorar cómo la posmemoria le sirve al poeta de material para su canto, para reflexionar así acerca de lo que fue y siguió siendo el referente o unidad ideológica cultural llamada “México” para el Premio Cervantes 2009.

La posmemoria es una “mediatización de la memoria” que tiene “nuevas formas de apelar al pasado” a partir de “la historia desde abajo” (Quílez Esteve, 58). Y así, “toda lectura del pasado se hace desde una perspectiva personal que debe convivir, asimismo, con una pluralidad de puntos de vista diversos. En definitiva, podemos decir que en las últimas décadas nos hemos desplazado de la Voz de la Historia a la heteroglosia, definida como un conjunto de “voces diversas y opuestas” (Quílez Esteve, 58/ Burke, 18). Se trata de “pretéritos presentes”. Por eso, “la ‘posmemoria’, [es] un neologismo que toma forma en el seno de los debates y las reflexiones en torno a la representación (y sus problemas) … metáfora por excelencia de otros capítulos traumáticos de la historia universal” o “la paulatina e inevitable desaparición de los supervivientes directos del horror” (Quílez Esteve, 59-60). De cierto modo, “el tiempo de la posmemoria, [es también] una memoria heredada y transformada por la imaginación” (Llamazares) y “los recuerdos de eventos traumáticos ‘perviven’ para marcar las vidas de aquellos que no los experimentaron en primera persona” (Marianne Hirsch, La generación de la posmemoria). Como ha dicho Marianne Hirsch:

“La postmemoria describe la relación de la segunda generación con poderosas y a menudo traumáticas experiencias que precedieron su nacimiento, pero que sin embargo las transmitieron profundamente hasta considerarlas memorias propias (…) De la misma manera –así se asume-, la memoria recibida es distintiva ante el recuerdo de testigos y participantes contemporáneos” (1)*

Por su parte, Beatriz Sarlo diferencia lo que es recordar y “recordar” (125), o dicho de otro modo, “recordar lo que no se ha vivido directamente, es decir traer a cuenta los recuerdos transmitidos por otras personas o entidades. La memoria es por eso mediada” (127).

En los poemas de las “Antigüedades mexicanas”, en Islas a la deriva (1973-1975), Pacheco “recuerda” el período colonial desde la llegada de los españoles a México-Tenochtitlán (“Gran cielo malva y en el fondo azulea/ la tierra prometida por los muertos”, 166), pasando por “Doña Marina” (“Malinche, que hablaba/ maya también y mexicano”, 170), “Sor Juana” (“la llama trémula/ en la noche de piedra del virreinato”, 174), el “Padre Las Casas lee a Isaías, XIII” (“Estruendo de multitud en los montes”, 175) hasta llegar a “México: vista aérea” (“Desde el avión ¿qué observas?”, 177) y finaliza con “Crónica” (“La guerra terminó o tal vez no ha comenzado”, 177) para marcar el carácter cíclico de la posmemoria en un pasado que se hace presente y a la vez nos advierte sobre el futuro. La progresión de los poemas de esta serie mediatiza la memoria a través de la poesía como vehículo de expresión que le sirve al hablante lírico para construir esa memoria distintiva que recuerda por los recovecos de la sangre, lo que fue el momento traumático de la conquista y colonización de México, desde la llegada de los soldados de Cortés y el establecimiento de la Nueva España, para fijar la imagen de esta mega-ciudad que ve desde el avión y comenta: “Sólo costras,/ pesadas cicatrices de un desastre” (177) que está construida sobre las ruinas de esas antigüedades mexicas.

Jorge Ramírez en “José Emilio Pacheco: El testimonio de Occidente o la crónica de una sensibilidad” ha dicho que:

…los momentos y las personas irrecuperables, los paisajes que ya no son, las palabras que ya no significan lo mismo, la memoria que se vuelve una galería de recuerdos insasibles, los años de la edad que consumen el cuerpo silenciosamente y la transmutación de la materia viva en polvo no cesan de angustiar, en el transcurso de todos sus libros, a la voz poética de José Emilio Pacheco” (96).

En este sentido, la posmemoria en las “Antigüedades mexicanas” participa de lo irrecuperable del pasado, de lo inasible en el recuerdo, del paso del tiempo, el implacable, y de la angustia de esas “costras” como “pesadas cicatrices” de la mexicanidad tal cual la describe Pacheco. El epígrafe de esta comunicación, de la novela El amante, de Marguerite Duras, es pertinente, porque el personaje se da cuenta que llega el momento en que es demasiado tarde. Como el tema de este congreso, “Después de los despueses: el pasado en el futuro de la cultura mexicana”, porque para concebir ese “continuum” que se sigue en la postmodernidad debemos retrotraernos al pasado colonial y, de ahí, extrapolar varios de los signos que conforman la mexicanidad que propone José Emilio Pacheco en su poesía. Después de todo esta es una sesión sobre “La poesía, un bien infinito”. Esa idea de infinito la podemos ver en “Ceremonia”, que narra ese sacrificio de un capturado en la guerra florida para “alimentar/ con la sangre brotada del sacrificio,/ al sol que brilla entre los dos volcanes” (167) y asegurar así la continuidad y permanencia del tiempo irrefrenable de los aztecas.

En los versos de “Becerrillo”, Pacheco vuelve a esa zoología que puebla su discurso poético y cuenta el incidente del perro dogo antropófago, un animal pesado y de fuerza y valor extraordinarios, que sirvió en jauría en la Conquista del Caribe para matar a centenares de indios taínos. Irónicamente ese Becerrillo es el héroe del poema al que “Colón dio la paga de dos soldados” (168). He aquí el punto límite de la posmemoria, cuando nos “recuerda” ese episodio traumático de la colonización de América, y nos pone de cara ante el horror: “Entre sus fauces/ murieron centenares. Y la historia/ olvidó el episodio”, pero el poeta lo recuerda en sus “Antigüedades mexicanas” dándole voz a esos sujetos subalternos contra los que el Almirante “lanzó… disparos de metralla” (167).

Según avanza la serie de poemas, el hablante lírico contempla las ruinas de Tulum: “Si este silencio hablara/ sus palabras se harían de piedra” (168). Y la ciudad maya que se levanta imponente frente al Caribe mexicano “se yergue frente al sol” (169) como mudo testigo de otros tiempos donde “Es el sol/ en otro ordenamiento planetario. Es núcleo/ del universo que fundó la piedra” (169). El concepto del tiempo en la contemplación de la ciudad antigua que hace el poeta le permite reflexionar sobre lo que ha de significar esa “piedra comida por el sol”: “-centro del tiempo, abismo de los tiempos,/ fuego en el que ofrendamos nuestro tiempo” (169). Aquellos “pretéritos presentes” que mencionamos al principio de esta ponencia, para definir la posmemoria, se hace presente aquí en este poema porque el sol que está en “otro ordenamiento platenario”, o en otro código posible, ya perdido, le lleva al “centro” mismo de ese tiempo como un “abismo” y un “fuego”

en el que se hace la ofrenda, que a su vez depende de ese pasado que es un “pretérito presente” e irrevocable: “Y circula su sombra por el mar./ La sombra que va y vuelve/ hasta mudarse en piedra” (169).

“Ciudad maya comida por la selva” es otra antigüedad mexicana donde la voz que emerge de los versos describe “Las ruinas [que] tienen/ el color de la arena” (170) y “Parecen cuevas/ ahondadas en montañas que ya no existen” donde el espacio ha sido transformado por el paso indolente del tiempo y lo fugaz permanece: “De tanta vida que hubo aquí, de tanta/ grandeza derrumbada, sólo perduran/ las pasajeras flores que no cambian” (170).

“Temiltotzin de Tlatelolco” es el poeta vuelto militar a la llegada de Cortés y en este poema, Pacheco recoge su texto y lo re-inserta de manera intertextual: “Dios me envió a la tierra/ para hacer la amistad entre los hombres” (171), pero ante el trauma de la Conquista “Defendió la ciudad junto a Cuauhtémoc … hasta caer/ al lado del tlatoani” (170), su memoria se borró en “las olas del mar” cuando “Cortés lo mandó a España” y ahora “nadie sabe/ si acabaron con él los grandes peces/ o si alcanzó la orilla” (170) y se salvó.

Las otras “Antigüedades mexicanas” continúan y completan el cuadro de la posmemoria que José Emilio Pacheco concibe en esta serie de poemas, en la cual hace un recorrido por personajes, lugares, épocas y signos ya mexicanizados que le hacen “recordar” esos “pretéritos presentes”. Los que siguen con nosotros en las “’Vecindades’ del centro” (“En el XVIII fue un palacio esta casa”, 176), en “Crónica” (“La guerra terminó o tal vez no ha empezado”, 177), en “Las ruinas junto al mar” (“Adentro una inscripción casi borrada./ Aún se alcanza a leer Mil setecientos...”, 174), y en “Un poeta novohispano” (“Han pasado los siglos y [sus sonetos] alimentan/ una ciega sección de manuscritos”, 171). Y otra vez “la desaparición de los supervivientes directos del horror” en “La secta del bien” (“El cura que escuchó la confesión/ escribió al Santo Oficio. El denunciado/ ardió en la leña verde, fue a reunirse/ con su Dios –que es amor- en el infierno”, 173).

Todo esto está cifrado en los 19 poemas de las “Antigüedades mexicanas”, en los que Pacheco dejó una miniatura poética de su proyecto mayor, Tarde o temprano (Poemas 1958-2009), como una advertencia, y que aquí hemos insertado en el “Después de los despueses: el pasado en el futuro de la cultura mexicana” por medio de una lectura posible de la posmemoria.

*Nota: * “Postmemory describes the relationship of the second generation to powerful, often traumatic experiences that preceded their births but that were nevertheless transmitted to them so deeply as to seem to constitute memories in their own right (…) At the same time, -so is assumed-, this received memory is distinct from the recall of contemporary witnesses and participants”.

Obras Citadas

Burke, Peter. Formas de hacer historia. Alianza Editorial, 1993.

Gámez, Carlos. “Anatomía de la postmemoria”. Suburbano, 30 de noviembre de

2014, https://suburbano.net/anatomia-de-la-postmemoria/

Gómez, Leticia. “El concepto de posmemoria en tres novelas argentinas recientes”. Moderna Sprak, vol. 108, núm. 1, 2004, pp. 38-44

Hirsch, Marianne. “The Generation of Postmemory”. Poetics Today, vol. 29, 2008, pp. 103-128.

---, La generación de la posmemoria: Escritura y cultura visual después del holocausto.

Editorial Carpe Nortem, 2015,

Huyseen, Andreas. En busca del tiempo futuro: Cultura y memoria en tiempos de globalización, Fondo de Cultura Económica, 2002.

Llamazares, Julio. “La posmemoria”. El País, 29 de noviembre de 2006.

Pacheco, José Emilio. Tarde o temprano (Poemas 1958-2009). Fondo de Cultura Económica, 2009.

Quílez Esteve, Laia. “Hacia una teoría de la posmemoria. Reflexiones en torno a

las representaciones de la memoria generacional”. Historiografías, vol. 8,

julio-diciembre 2014, pp. 57-75.

Sarlo, Beatriz. Tiempo pasado: cultura de la memoria y giro subjetivo: una discusión,

Siglo XXI, 2005.

Rangel, Asunción y Ramírez, Jorge. José Emilio Pacheco, Universidad de

Guanajuato, 2015.