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Reseña a Sísifo de Julio César Pol

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Image result for sisifo julio cesar polJulio César Pol (Puerto Rico, 1976), economista y, sobre todo, poeta. Sísifo (2017), es su último poemario. Su materia prima, Minillas, a quien se lo dedica. Espero que siga escribiendo, observando, anotando su mirada a manera de poesía, y que no sea su último poemario. El descanso en paz de los vivos amerita ser puesto por escrito. Considero, eso hace Pol, y eso logra. Logra hacer antropología de lo real no maravilloso o de la existencia cotidiana y absurda de gente que está muerta en vida, pero que sí está ahí a los ojos de todo poeta con la capacidad de verle. Si bien no es economía per se, es antropología económica. Sinceramente, es mucho más de lo que pueden ser los “economistas” de un país que a duras penas hacen de informantes de Anne Osborn Krueger (New York, 1934).

Sísifo, de Pol, nos retrotrae a la memoria el Sísifo (1898) de Luis Muñoz Rivera (1859-1916), el padre del poeta que, a contrario sensu, ejecutó poéticamente la independencia plena de la primera y única república de Puerto Rico entre el 1952 y el 1964. Pol lo hace desde el privilegio del poder observar desde adentro lo que tantos no han podido ver, como “los reptiles clavan en él su envenenada lengua”, mientras que esa “multitud, del éxito dudosa, le aplaude sin cesar; pero a distancia, cual si temiese al rápido desplome” (1963: Muñoz Rivera 4). A su vez, el Sísifo de Pol nos retrotrae a El mito de Sísifo (1942) de Albert Camus (1913-1960). Contario al Sísifo de Muñoz Rivera, que ha de purgar sus culpas al haber ofendido a los inmortales dioses, el Sísifo de Pol, cual el de Camus, se:

[…] vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. (2005: Camus 61).

El Sísifo de Pol deviene precedido de un prólogo suscrito por Alexandra Pagán Vélez (Puerto Rico, 1978). En este, intitulado “Invitación al libro. Sísifo o la búsqueda del sentido”, la poeta nos confiesa:

“Siempre que me acerco la poesía de Julio César Pol lo hago con la mirada alerta y el corazón abierto. Sé que sus versos están plagados de tesoros que me hacen entender mejor al mundo, al tiempo que me deleito con el ingenio, el humor y la maestría de su lirismo. Sé que leo a un poeta honesto, profundo, que tiene la capacidad de mostrarme la realidad a niveles cuánticos. Y es precisamente esta la dádiva que ofrece este texto que presento con mucho entusiasmo: en medio de la mirada audaz y honesta sobre el trabajo ejecutivo, descubrir una “verdad sencilla”, como dijo Julia de Burgos.”

Confieso, que Pagán Vélez no es la única que afronta la poesía de Pol “con la mirada alerta y el corazón abierto” no vaya a ser que después de las cinco me encuentre con que los gerenciales del país están de motel, mientras que los amantes estamos rodando como la roca de Pol y Camus, trabajando.

El Sísifo de Pol se compone de setenta poemas, que como hemos señalado dedica a Minillas, ese dueto de edificios gubernamentales construido entre el 1969 y el 1972 con asbesto, y en el que los demandados cual si fueran fantasmas ante un espejo se pueden y, en efecto, pasan a la fila de los demandantes. Tres de los poemas, sin embargo, fueron dedicados a Mario, Fernando y Pedro. Si bien, es recomendable que estos tres poemas sean leídos “con la mirada alerta y el corazón abierto” por Pedro, Fernando y Mario, el poemario lo debería ser por los espíritus ingratos que habitan en su día a día Minillas.

La “Roca” es el primer poema del Sísifo de Pol. En éste, el poeta se nos presenta como el joven entregado por el ímpetu de su juventud. Nos dice que su trabajo rinde. También, nos devela su estrategia: dar pasos cortos, no descifrarlo todo ni develarlo todo. Se trata, sí, de “lograr/ que la roca regrese/ abajo”. Es el arte del trabajo andado sobre terreno andado “por los próximos cuarenta años”, o mientras el cuerpo resista. Pol se muestra consiente del arte de la resistencia, pero a su vez de que la vida es lucha toda, y que la resistencia es lucha. Juan Antonio Corretjer (1908-1985), entonces, cual compatriota catalán de tu querido e inolvidable Luis G. Fortuño (Puerto Rico, 1960), también delira de nuevo hoy por Minillas.

En la “Recesión”, su segundo poema de Sísifo, el poeta se expresa en extremo bondadoso con “esta gente destruida” que es la que ha sostenido con sus espaldas, sobre sus hombros, a Minillas. Pol, a su paso, nos recuerda los estragos de la recesión en Minillas, ese barrio cangrejero en el que todo ha sido derribado, menos ese edificio que, aun inclinado, se mantiene de pie. Este poema, como también el primero, nos devela la mirada profunda que agradece o canta glorias a esas manos que trabajan en ese edificio que sostienen de pie “esta gente destruida” por el asbesto y todos los demonios de la recesión que lo ha “destruido todo”.

En uno de los tres poemas que Pol no dedica a los ingratos, el poeta nos relata una biografía no autorizada o apócrifa que dedica a un tal Mario, cual si se tratara de uno de los inmortales dioses por los que el Sísifo de Muñoz Rivera ha de purgar sus culpas. A dicho poema le intitula “Números”, y en éste, nos delata sus sueños (los del biografiado) “con ser un héroe/ un astronauta un bombero, un policía”. No fue ni lo uno ni lo otro, tan solo un traidor más de su propia ingenuidad. El biografiado, “llegada la edad” -nos delata Pol- terminó torciendo números y estadísticas.

“Tren de juguete” es el segundo poema que el poeta no dedica a los ingratos. En éste, Pol presenta la razón del funcionario como “ese tren de juguete” al que opera un niño. Es un poema dedicado a ese tal Fernando. El niño, el funcionario, el poeta nos dice que “finge tan competentemente/ que distrae al oído/ con la lógica que ha visto.” Cierra su poema con el único hecho cierto: “El funcionario finge la razón”. Mientras tanto, opera, opera un tren de juguete llamado razón. En fin, que el poeta nos revela que en manos de un niño ha estado la lógica que ha visto el país -no el de los cuatro pisos- del tren de juguete.

En “Prometeo”, dedicado a Pedro, Pol delata la lucha cotidiana que el burócrata tiene al sentarse “frente a su computadora”. Se trata de una lucha que no por cotidiana, conduce a algo. Si bien, el burócrata en su afán logra sentarse, no logra que suceda “una chispa” luego del choque de los dos “hemisferios de su cabeza”. Se trata de desdecir, y el poeta desdice, lo que el país ya sabe de su burocracia, aquella que es la permite que “nunca/ sucede/ NADA”. “Prometeo”, pues, no promete nada, tal cual la burocracia del burócrata que chispa alguna tiene que dar.

Finalmente, en “Ingratitud” el poeta se dirige a los ingratos, a quienes les recuerda su ingratitud. También, Pol les pide no agradecer nada de la misma manera en que él tampoco ha agradecido nada a nadie. Pol nos invita a ser pues su imagen y semejanza, cual, si se tratara de ser uno de los inmortales dioses por los que purgara el Sísifo de Muñoz Rivera, mas no el de Julio César Pol. El Sísifo de Pol es una invitación al polvo de la inmortalidad, y a amarnos unos a otros en igualdad de condiciones puesto que al fin “nadie agradece nada/ lo que hacemos lo hacemos para comer y vestir/ lo que hacemos lo hacemos para servir nuestro ego/ lo que hacemos lo hacemos para poder y para decir/ lo que hacemos lo hacemos para nadie/ sino para nosotros mismos.” Así, que por nosotros mismos vale la pena que leamos y entendamos si no a Pol, al mundo.


Referencias

Luis Muñoz Rivera, Poemas y pensamientos de Luis Muñoz Rivera 1 (Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña 1963).

Albert Camus, El mito de Sísifo 1 (Cuba: Versos libres 2005).