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El natalicio de Nicolás Guillén

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altEn el natalicio del gran poeta cubano Nicolás Guillén quiero rendirle homenaje al poeta y crítico literario Jorge María Ruscalleda Bercedóniz, que desde su Aguadilla natal ha sido uno de los más importantes estudiosos de la obra del poeta camagüeyano.

En la primera edición de su libro ”La poesía de Nicolás Guillén-Cuatro elementos sustanciales”, en 1975, quien fuera por muchos años Catedrático de la Facultad de Estudios Hispánicos del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, explica qué lo impulsó a estudiar la obra del autor de “Sóngoro Cosongo”:

“Fue con mi ingreso en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras en 1962, que el nombre de Nicolás Guillén se apuntó entre los grandes poetas de la lengua española. Los cursos de Literatura Hispanoamericana, y, más tarde, de Literatura Antillana, confirmaron la importancia del poeta mulato que se identificaba con la moda del “negrismo”, y, dentro de ésta en contraste con nuestro Luis Palés Matos. De entonces a esta parte creció mi interés por aquel escritor tan fuertemente atado al negro antillano y al proletariado en general, a pesar de los considerables obstáculos que dificultaban su estudio. Hoy, ya salvados los impedimentos, puedo entender por qué Pablo Neruda afirmó que “Cuba es un punto de tierra rodeado por todas partes por el mar y por la poesía de Nicolás Guillén”.

Un cuarto de siglo después, en el 2001, Ruscalleda presentó su nuevo libro “Magisterio revolucionario de Nicolás Guillén” en el que profundizó su análisis sobre el poeta cubano.

Hace años que no veo al querido amigo aguadillano pero siempre le he agradecido su apoyo cuando en 1974 coordiné junto al inolvidable amigo Josemilio González y a otros admiradores de la obra de Guillén, un homenaje para celebrar en Puerto Rico sus 70 años.

Y termino este comentario con un poema que Guillén escribió en sus últimos años evidenciando que, como dijo José Martí, “Sólo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño”:

“A veces tengo ganas de ser cursi

para decir: la amo a usted con locura.

A veces tengo ganas de ser tonto

para gritar: !la quiero tanto!

A veces tengo ganas de ser niño

para llorar acurrucado en su seno.

A veces tengo ganas de estar muerto

para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,

que me crece una flor rompiéndome el pecho,

una flor, y decir: esta flor,

para usted.