Vórtices gastroliterarios: entre la poesía y la novela de Rafael Acevedo

altApreciada una literatura en sus relaciones coetáneas o de parentesco,

cada libro nuevo, al situarlo, altera el lugar de los volúmenes de la biblioteca;

llama la atención, hace ruido, reconstruye tradiciones.

Marta Aponte Alsina

… los libros nos van llevando de unos a otros, la literatura conforma

una red de relaciones entre autores, obras, influencias, corrientes, épocas, estilos.

Cristian Vázquez

La pregunta es sobre el libro / más allá de los libros.

RA

I

Acercarnos a la literatura desde lo culinario, como si se tratara de un refrito de “Menú” (1942), el gastropoema más antillanista que escribió Luis Palés Matos:

“Si a lo francés prefieres lo criollo,

y tu apetencia, con loable intento,

pírrase por ajiaco y ajopollo

y sopón de embrujado condimento,

toma este calalú maravilloso

con que la noche tropical aduna

su maíz estrellado y luminoso,

y el diente de ajo de su media luna

en divino potaje sustancioso.”

Darse de frente, en la Librería AC de Santurce, con un poemario de rigor: Cannibalia (2005) de Rafael Acevedo. Seguir por la Avenida Ponce de León en dirección a Miramar hasta la Librería la Esquinita y confrontar este otro poemario del mismo autor, Moneda de sal (2006): “se me acaba la sal / con su salario.” Llegar a la etimología de “salario”: sal.

II

De Cannibalia (2005), subrayar su hambre libresca: un poemario caníbal dividido en cuatro “cuadernos.” De Moneda de sal (2006), destacar su “economía” de las “pasiones,” de lo “mundano” y del “eco.”

¿Eco no (la voz es) mía?

III

Del primer cuaderno de Cannibalia, “Cuaderno desatado,” ir al poema “Suavemente caníbal” en busca del fuego y el humo: “danzando / en el olor de biblioteca quemada / --carne, saber-- / que es el mundo.” Sabor del saber asado; olor a libros digeridos.

Volver al principio del cuaderno; citar el epígrafe de Estrabón sobre los irlandeses:

“Sobre esta isla [¿se puede no pensar en Puerto Rico?] no tengo nada seguro que decir,

excepto que sus habitantes son más salvajes

que los britanos, puesto que son

antropófagos… y puesto que consideran

honorable, cuando sus padres mueren,

devorarlos.”

Del poema “Tipología,” uno que, de salida, pone los puntos sobre las íes, remarcar la transición que va de la definición a la acción acusatoria de la antropofagia, registrada al final del poema:

“Que se refiere a comer un miembro

del propio grupo; que indica el consumo

de forasteros; que significa ingerir

partes del propio cuerpo

a lo sumo.

carne humana por su sabor y valor

nutritivo; por absorber la esencia espiritual

del difunto; por resolver una situación

de crisis, para saber

qué me falta, qué te sobra

presentar la evidencia, presentar

testigos.”

IV

Del segundo cuaderno, “ Cuaderno suelto,” asumir la subalternidad del título (“suelto,” sinónimo del primer cuaderno “desatado”) como una apertura a la fuga: “La pregunta es sobre el libro / más allá de los libros.” Hipertelia. La poca cantidad de poemas en este segundo cuaderno (5) remite a una condensación como esta: “Muerdo / con gusto / la fruta que trae / la sazón del tiempo.”

Volver al principio del “Cuaderno suelto” para citar el epígrafe de Clarice Lispector: “Nosotros somos caníbales, es necesario no olvidarlo. Respetar la violencia que tenemos. Y quizás si no comiéramos pollo cocido en su sangre, comeríamos gente en su sangre.” En su tinta...

Antes de pasar al próximo cuaderno, fotografiar el repliegue del poema “Té con te” (referencia a Palés Matos) en su dramática bipolaridad:

“Dos hojas de eucalipto

mil gotas de aguacero

alguna miel que se escapa

dejar calentar al sol

eso sería un té extraño.

Dos hojas de suplicio

Andar la calle como un encierro

Algo que hacer que se ha olvidado

Brilla diferente el sol

Eso será que te extraño.”

¡Fenomenología del vértigo!

V

A partir de la última oración del epígrafe de Aristóteles, “personas similares no pueden crear una ciudad,” el tercer cuaderno, “Cuaderno ciudadano,” abre las puertas de la poesía de par en par; para que entre, dando bandazos, un poema torcido como “Morder a los comensales,” en el que la poesía ataca el hambre neoliberal: “Siete comensales invitados a la Cena / enrojecidos en sus propios cuerpos / financieros,” se aprestan a “comerse el mundo.” Hambre corporatocéntrica.

Mientras escuchan a “los filósofos cantar / la desaparición del sujeto / y delirar sobre el cyborg, / la nueva figura subjetiva / para el postre,” los siete comensales neoliberales mastican: “Ñam Ñam [otra vez Palés Matos] suenan las mandíbulas…”

Por su parte, el hambre del Carnicero de Uganda, en un poema homónimo, “Amin Dada,” nos deja con la boca abierta: “Amin Dada se comió a su chofer / porque le dio la espalda… / El insaciable general… chofer suculento.”

El hambre de la guerra, perversa, siempre lucrativa (la guerra), en el poema con el mismo título, “Guerra,” no le abre la boca a nadie; sabemos que, a partir de 1945, matar multitudes ha devenido en un complejo militar-industrial-financiero; y que, desde 2001, el país más guerrero del “neoliberalismo neofascista,” como le llama Henry Giroux, practica el arte de la guerra sin fin:

“Una carnicería

sobre la carnicería [la guerra]

que ha montado el viejo socio

crudamente

matar de hambre

cuando el hambre es el negocio.”

Al pasar la página, un cortocircuito literario hace saltar las lecturas. Entre el título del poema, “Si acaso el resplandor,” y el epígrafe de César Vallejo que le sigue, “es un decir,” los primeros versos, “Es un sol negro es un sol, / sol negro,” evocan la negrura melómana —el bongó de la poesía afrocaribeña— en un cuento de Emilio Díaz Valcárcel con el mismo título: “Sol negro” (1972).

VI

En el cuarto cuaderno, “Cuaderno de los suburbios,” la prosa del primer poema (un poema en prosa), “Locus amoenus,” desata una fuerza centrífuga: “Viajera, es un despliegue lo que quiero. Un despliegue que muestre el camino… Camino para encontrarte. No te detengas, aléjate, sólo muestra paso a paso los pasos.”

Vuelta al verso. El silencio de este poema, “Otra isla,” “enmudezco a la vista de la isla / en medio de la sal,” parece a punto de desaparecer con el viento o la mirada intempestiva. “Me derramo,” dice después la voz poética en “Registro de insinuaciones,” “Soy un pobre vaso de leche derramada.” ¿Semen o tinta?

Antes de terminar, “Registro de insinuaciones” alucina:

“Criminal, criminal

líbrate de todo mal

rueda por nosotros pescadores

ahora y en la hora de nuestra suerte.”

VII

Los últimos versos de Cannibalia (2005) se llenan la boca: “¡Oh mandíbulas de la desnudez / qué gran bocado han tomado de mí.”

¡Antropofagia!

VIII

Poesía al cuadrado. De Cannibalia (2005) a Moneda de sal (2006); periplo de un año. Tramo que pasa de un poemario de cuatro cuadernos caníbales (Cannibalia) a un poemario tripartita (Moneda de sal): 1) Economía de las pasiones, 2) Prosa de la mundanal economía y 3) Nombres del eco.

Moneda de sal (2006): ¿economía poética?, ¿poesía económica?, ¿dinero arenoso que se lleva el viento de una mirada con agua?

Salario: “Una economía del delirio / para entender el gasto…”

En el poema “Objeto de valor,” la fuga carnal se hace economía: “¿Qué cantidades abstractas hay en tu cintura?”

En el poema en prosa “Bretton Woods,” “Financieros para salvar al mundo financiero,” la modernidad se devela como colonialidad planetaria: “Lo internacional de fondo monetario es un solo país, uno solo, que ostenta un veto efectivo.”

En el poema “Economía del deseo,” volvemos al principio del poemario (¡vértigo!): “Nombrar el hambre no es suficiente… Lo que no puede conocerse / es una demasía / quizás semejante a una moneda de sal.”

En el último poema de Moneda de sal (2006), “Tratado para una nueva economía,” la poesía nos deja con la boca abierta: “El trabajo es la inclinación del trigo / por hacerse pan.”

Reflexión desde la poesía latinoamericana. En “Los heraldos negros” (1919) de César Vallejo, el pan se quema a las puertas del horno. En “Lo fatal” (1905) de Rubén Darío, la cocina —¡la existencia!— está más allá del pan.

Moneda de sal (2006) le pasa la cuenta a la “Criminalidad” neoliberal: “Por eso hay más cuchillos / tratando de cortarse el pan / en el cuello / de las víctimas.”

IX

Salto; traslación literaria asincrónica. De la poesía a la prosa de Rafael Acevedo.

De los poemarios, Cannibalia (2005) y Moneda de sal (2006), a la narrativa: Exquisito cadáver (2001) y Del otro lado del muro hay carne (2014). Gastronovelas poéticas —la primera más que la segunda—, demasiado poéticas.

X

La envoltura literaria de Exquisito cadáver (2001), novela detectivesca cienciaficcional donjuanesca, tiene tres pieles. Por un lado, la de la antropofagia caníbal; por el otro, la de la antropofagia sexual y finalmente, la de la antropofagia metanovelística.

Novela con hambre en el contexto de la posnación “explorada” por Guillermo Irizarry; porque, como dice Exquisito cadáver (2001): “Alguien había transformado la ciudad en una cena...”

La dimensión culinaria de Al otro lado del muro hay carne (2014) está marcada por la desigualdad para obtener comida saludable en el Puerto Rico del año 2040. Novela de un “irrealismo onírico,” según Kerstin Oloff, salpicado de cyberpunk, que, basada en una definición de la jamaiquina Sylvia Winter, plantea la realidad como la irrealidad de la “lógica del mercado” aplicada a lo “político,” lo “económico” y lo “cultural.”

Por eso, dice el narrador de Al otro lado del muro hay carne (2014): “la vida es cruel como un filántropo” (algo que pudo haber dicho un poeta prohibido como Yván Silén).

Desde el principio de la novela, también detectivesca y cienciaficcional (“fantaciencia”), la precariedad culinaria que vive la isla en el año 2040 traspasa la historia culinaria del país, planteada en Puerto Rico en la olla: ¿somos aún lo que comíamos? (2007) de Miguel Cruz Ortiz Cuadra:

“Piensa [el chino, en Al otro lado del muro hay carne] distribuir alimentos a las cafeterías y restaurantes de la ciudad. Empezó como exportador de insectos comestibles. Productos desde Bangkok llegaban a San Juan mensualmente. Los cargamentos de orugas secas de Sudán eran más esporádicos. Para combatir los costos cada vez más altos Ng consiguió un socio gringo que le habló del grillo prieto de Veracruz, excelente para combatir la anemia y la debilidad.”

Precariedad que transforma en un manjar el pan que se hace con harina de oruga seca: “Rico. Oloroso… presente en casi todos lados.” Un “éxito” no solo por su “valor alimenticio, que lo tiene, sino a que los panaderos le dan una simpática forma que remeda ese insecto.”

A partir de un personaje clave, “una mujer gorda a la que parece salirle manteca de los poros,”

Al otro lado del muro hay carne (2014) se cruza irreal, oníricamente con el arte político del argentino Carlos Alonso, específicamente, la serie de dibujos carniceros de los años sesenta y setenta (carcasas de vacas, cuerpos de mujeres, presencia de matones), recogida en un volumen titulado Hay que comer (2001).

Por debajo de la mesa, en silencio, el personaje que el narrador de la “fantaciencia” llama “la vaca,” Debra Holstein, retumba en los dibujos carnívoros de Alonso.

La violencia que anticipa la carnicería representada por Carlos Alonso, que no es otra que la de la llamada Guerra Sucia (1976-83) argentina, no es la de Al otro lado del muro hay carne (2014), pero se relacionan.

XI

Segundo salto literario; nueva traslación, esta vez fuera del corpus de Rafael Acevedo, aunque inscritos en su zona de gravedad literaria.

Imantación.

Otra novela de ciencia ficción, Caja de fractales (2019), “Hay sal en las conversaciones. Sal para preservar algo en medio del descojonamiento del mundo,” —un “algo” que, según Miguel Ángel Albújar Escudero, es el lenguaje—, se acerca dando bandazos al universo acevediano: “dime si esta moneda / ha pasado por la imprenta / con algún calor de luz” (Moneda de sal, 2006).

En la novela de Luis Othoniel Rosa, Caja de fractales (2016), la distopía posnacional de la isla, Puerto Rico en el año 2028, se traduce en una huelga de maestros que transforma la escuela: “Trilci y Alice dicen que la huelga no va a funcionar si cierran los comedores, que los comedores tienen que seguir abiertos…”

Y ello porque “lo más importante de la escuela ahora mismo,” según Trilce y Alice, “no es la educación o las condiciones laborales de los maestros, sino que los niños tengan algo que comer.”

Hambre (Cannibalia y Moneda de sal se estremecen).

Alice plantea que los maestros “se hagan cocineros,” pues lo que hay que hacer es “coger toda la comida que se pierde en las neveras durante los apagones y servir almuerzos en el comedor escolar a todos lo que tengan hambre...”

Precariedad I. Sí, Al otro lado del muro hay carne (2014) en 2040, pero no en Puerto Rico, que se halla en la zona de prohibición —espacio al que Kerstin Oloff llama de “food-horror”—, donde la carne que hay, artificial, se prepara en biorreactores de acero inoxidable y donde hace mucho tiempo que la gente no consume leche.

Precariedad II. En contraste con la escasez culinaria que vive la isla en Caja de fractales (2019), abundan en ese Puerto Rico distópico las drogas, “una suerte de suplemento,” según Miguel Ángel Albújar Escudero, “que los personajes consumen como si fueran prótesis psicológicas necesarias para soportar el presente.” “Maneras de mantener el horror,” subraya Caja de fractales (2019), “en el perímetro.”

Precariedad III. Caja de fractales (2019) bascula hacia Exquisito cadáver (2001), cuya hambre, ahora en una furia autorreflexiva, “somos metalenguaje biológico,” plantea una nueva dialéctica: “Tiempos de antítesis, tesis y prótesis.”

XII

La vorágine gastroliteraria se retuerce en su dimensión poética. Dialéctica que, en Moneda de sal (2006), tiene su propia sazón: “Muerdo lo que sabe el sabor de los signos.

En “Una cierta cena deseada,” Moneda de sal (2006) se retrata: “Moneda del cobre de la nada / es el agujero / donde me escondo muerto de hambre.”

Hambre que Cannibalia (2005) satisface en un restaurante de Isla Verde:

“cena en el Metropol se come bien

… surcando los banquetes

los comensales del Metropol

…son las personas felices a la caza de la cena

con mucha carne de cerdo

cerdo come cerdo

…perfume de anís y ron quemado

entre las palmeras…”

¡Sabor! ¿Vuelta al apetito de “Menú” (1942)?: “Mi restorán abierto en el camino / para ti,

trashumante peregrino.” Otro restaurante, este de Palés Matos, entre palmeras, anís y ron quemado:

“palmeras al ciclón de las Antillas,

cañaveral horneado a fuego lento,

soufflé de platanales sobre el viento

piñón de flamboyanes en su tinta

o merienda playera

de uveros y manglares en salmuera.”

XIV

Exquisito cadáver (2001) plantea la dimensión culinaria de donde arranca el hambre de Caja de fractales (2019): “En estos tiempos no se pasa hambre, pero hay cosas que no se pueden conseguir, a menos que se frecuente el mercado negro. Por eso la gente de cocina es tan apreciada. Por ello escribir sobre cocina es la gran ficción” (Exquisito cadáver, 2001).

Moviéndose por el espacio de la cocina, Al otro lado del muro hay carne (2014) se detiene frente a la etiqueta de un cuartillo de leche, descrita (la leche) como “un suero verde amarillento cuyo sabor dulzón se le agradece a un cuajo microbiano.” El narrador afina su indagación del cuartillo de leche: “Pero continuo leyendo en la etiqueta la lista de antibióticos y compuestos vitamínicos. Esta es buena literatura. Sí señor.”

XV

En el contexto de la buena literatura, el autor de “El terminator boricua” (2007), José E. Santos, comenta, en una entrevista que le hace a Rafael Acevedo, titulada “Diálogos desconcertantes” (2008):

“Considero a Cannibalia (2005) uno de los mejores poemarios escritos en Puerto Rico en los últimos 10 años. Uno de los elementos que más me llama la atención en el mismo es cómo el lenguaje, a grandes rasgos, juega con la posible paridad entre dialogar y consumir. ¿Cómo concebiste este proyecto? ¿Cómo evolucionó y qué elementos deseabas destacar cuando lo gestaste?

RA: El proyecto se pensó como un diálogo con visones de mundo y marcos teóricos en desuso o en estado de negación y el carácter poético, plurisignificativo, que una lectura libre permiten. Me refiero al marxismo, el psicoanálisis, Keynes y el fundamentalismo neoliberal como discursos maleables.”

Un año antes de subrayar la “paridad entre dialogar y consumir” subrayada por el autor de “El terminator boricua” (2007), el primer poema de Moneda de sal (2006), titulado “Consumo,” confirmaba la lectura de José Santos:

“¿Acaso estas palabras registran mi consumo?

Sentado en la mesa de los deseos,

Dejo caer el pan, haciéndome el loco,

Para el perro dejado suelto.

Si fueran los Siete Dementes, ni migajas le darían.

Que ladre, que muerda.”

XVI

De Exquisito cadáver (2001) a Cannibalia (2005) la novela se poetiza y la poesía se encuaderna en cuatro libretas. De Moneda de sal (2006) a Del otro lado del muro hay carne (2014) la poesía y la novela dramatizan aún más la crítica al neoliberalismo posmoderno.

Como si fuera una película, terminamos en la cocina de Exquisito cadáver (2001):

“La cocina, la gran cocina… se halla iluminada. Fulgor de carbones, madera de cedro. Unas sesenta gallinas son desplumadas de una manera eficiente. La cocina parece una fábrica. Una serie de cortinas y luces de colores dividen los lugares de sofreír del lugar de hornear. El sitio de empanar se halla separado por una cortina negra y una luz amarilla del lugar en el que se preparan las salsas. Una mujer inmensa, de las islas, lleva dos gallinas moribundas debajo de sus sobacos de leyenda. ¿Por qué ahora la palabra cebollín? Un señor muy gordo, sin camisa, mueve un caldo mientras suda torrencialmente y sacude sus dedos sobre el caldero. Una mujer musculosa arroja carbón a un inmenso horno. Se escucha a un castrato cantando mientras un violín se aleja.”

XVII

En vez del castrato, se escucha un tema de Calle 13: “Tengo hambre, / mucha, mucha hambre” (2005).