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LA CALLE LINDA (2019): última novela de una tetralogía salsera

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altSiguiendo muy de cerca la tradición de Ismael Rivera y Rafael Cortijo,

tanto en la ejecución de cantante timbalero o maestro de orquesta,

Pirulo y la Tribu constituyen una importante innovación en la historia

de la salsa boricua.

LA CALLE LINDA

Ismael pegó… desde el comienzo, por su swing… por todo lo

que sus armonías inconclusas, desplazando acentos…

mientras sus desplazamientos rítmicos vocales

y en su performance enriquecía en síncopas… el complejo

polirrítmico de la sonoridad tradicional.

Ángel Quintero Rivera

I

A partir del año 2016, la novela puertorriqueña experimenta una irrupción salsera inusitada. No solo sale a la luz en ese año la novela de Héctor Lavoe, ROMPE SARAGÜEY, sino que llega con una promesa literaria: tres novelas más en los tres próximos años. Juramento que su autor, Daniel Nina, cumplirá al pie de la letra; en 2017, con la novela de Ismael Rivera, EL NAZARENO; en 2018, con la de Andy Montañez, HOJAS BLANCAS; y en 2019, con la de Pirulo (Francisco Rosario), LA CALLE LINDA.

Tetralogía; biografía, novela y realidad de la música popular a partir de la segunda mitad del siglo XX (Cortijo y su Combo son el punto de arranque en 1954). La bibliografía salsera, lo que había en la literatura puertorriqueña sobre la salsa (en la poesía de Rosario Ferré y en los cuentos de Ana Lydia Vega, por ejemplo), se estremece.

Pulsión salsómana que remite al año 1998, cuando la escritura puertorriqueña publica sus primeros libros (estudios) sobre la salsa: uno en español, ¡SALSA, SABOR Y CONTROL! SOCIOLOGIA DE LA MUSICA TROPICAL de Ángel Quintero Rivera, y el otro en inglés, LISTENING TO SALSA: GENDER, LATIN POPULAR MUSIC, AND PUERTO RICAN CULTURES de Francés Aparicio.

Tensión centenaria (1998-1898): ahora el 98, además de lo que ha sido políticamente, será también la fecha de una irrupción salsóloga —la salsología es neologismo de Vernon Boggs, en SALSIOLOGY: AFRO-CUBAN MUSIC AND THE EVOLUTION OF SALSA IN NEW YORK CITY (1992)—; aparición que hizo temblar los cuatro pisos del país (Puerto Rico) de José Luis González.

II

¡Maelo! La novela sobre el Sonero Mayor, EL NAZARENO (2017), queda inscrita entre las dos ediciones, una venezolana de 2015 y la otra publicada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2017, del estudio clave de Ángel Quintero Rivera sobre la música de Ismael Rivera: ¡SAOCO SALSERO! O EL SWING DEL SONEO DEL SONERO MAYOR. SOCIOLOGIA URBANA DE LA MEMORIA DEL RITMO.

Sociología: la memoria del ritmo tropical, antillano y mulato marca un sentido del tiempo a contrapelo del cronos de la modernidad-colonialidad que la sociología urbana denomina como saoco.

III

Biografía ficcionalizada, la de LA CALLE LINDA cuenta la historia de un nuevo salsero, Pirulo, quien, a partir de la Escuela Libre de Música, llega a la salsa desde la música under y el reguetón de los 90; timbalero, cantante y arreglista que la novela inscribe en una relación espectral con los creadores fundacionales de la salsa boricua: Rafael Cortijo e Ismael Rivera.

Puesta en escena de una biografía que la ficción celebra y “cerebra” por ser una subjetividad no trágica y teleológica que, ante la adversidad histórica (como la esclavitud negra), familiar (la muerte de los padres) y de clase (criado en el Embalse San José de Hato Rey), conjura la violencia del sistema (neoliberal, demasiado neoliberal) con resiliencia.

Potencia de existir con voluntad; fuerza de una subjetividad que LA CALLE LINDA plantea desde una ética (del mejoramiento personal al bien de la tribu) predicada desde la alegría de vivir y de bregar en la vida.

Agencia melómana —esa de la alegría salsera— a la que, como parte de la tesis de la novela, adviene Pirulo desde el legado musical que le llega del Santurce afroantillano, popular y callejero del siglo XX, sobre el que dice Pirulo en la novela:

“yo no soy de Santurce, haber nacido y criado en el embalse San José es como ser del barrio grande de Santurce. Tú sabes, porque yo también me crié en la esquina, en el musicón, en la carretera que siempre estaba limpia para pegarle a los timbales, desde el solar, desde la rumba callejera.”

Tradición ésta que, en ¡SAOCO SALSERO! y en ¡SALSA, SABOR Y CONTROL! (2015), Ángel Quintero Rivera subraya como un swing que atraviesa el tiempo opresivo de la modernidad-colonialidad desde la alegría personal y colectiva (siempre política, demasiado libertaria).

IV

A esa biografía (real y ficcional) curtida en la ética y la estética de la alegría salsera, se suma la aportación musical que, según LA CALLE LINDA, marca el universo de Pirulo como un nuevo paradigma salsero merecedor de una novela:

“… montar un combo pequeño, fusionando todo lo que aprendí [habla Pirulo] en la vida con la salsa, luego un poco de reguetón, algo de la compasión y fusión del jazz, y finalmente meterle al songo cubano… va a ser bien original… un timbalero rastra, así como un trompetista… Y nos vestimos como raperos, y más que nada le cambiamos el ritmo a todo… en honor a Ismael y a Cortijo, yo le pondría de nombre Pirulo y la Tribu… Yo al frente, entre los timbales y el canto, desarrollo un propio lenguaje, pero le cambiamos la métrica a la canción, eliminando la composición y haciendo solo soneos y coro… voy a mezclar la persona con el swing…”

V

Como novela, LA CALLE LINDA plantea una seducción literaria: la de una novela libresca (breve), demasiado libresca, con prólogo, introducción, siete partes y un epílogo, cuya introducción, además de presentar el texto novelístico, lo atraviesa, hilvanándolo a lo largo del texto desde la figura del entrevistador intempestivo que aparece y desaparece:

“Sí Pirulo [habla el entrevistador], me gustaría entrevistarlo para poder conocer de dónde usted viene musicalmente.”

Voz que, a partir de esa introducción, irrumpe, en cada una de las siete partes y el epílogo, como si viniera de un universo paralelo, en itálicas, con preguntas a Pirulo que acoplan el juego entre biografía, historia musical y ficción que arma la novela; enmarcada en el tropo de las apariciones/desapariciones. Por un lado, la aparición espectral de Rafael Cortijo e Ismael Rivera; por el otro, una variación del mismo, el desmayo y la vuelta en sí del entrevistador, quien, ante la intensidad melómana de una puesta en escena de Pirulo, “el rasta que toca salsa,” abre el juego de las apariciones/desapariciones:

“Pero mientras lo escuchaba [a Pirulo], mi entendimiento me hacía fallar. Las imágenes, de forma rápida se entremezclaban en mi imaginación. Ismael Rivera cantado por Tego Calderón, Don Omar, Daddy Yankee y Andy Montañez. Mientras el pelú de Pirulo se seguía contorsionando, en el pequeño escenario de Nuyorican Café… Los timbales seguían atacando. Mi mente no paraba de dar vueltas y de ver apariciones, o alucinaciones. No pude más. Colapsé.”

De ese colapso el entrevistador se levantará al final, aunque aparecerá y desaparecerá, como un espectro, a lo largo de la novela.

Como propuesta melómana, LA CALLE LINDA afina al dedillo la espectralidad que la novela salsera ha trabajado sobre todo en ROMPE SARAGÜEY (2016) y EL NAZARENO (2017). Novelas en las que el lector es invitado a asumir la fantasmidad de Lavoe y Maelo en el cielo, donde reaparecen después de muertos. En LA CALLE LINDA, el surgimiento espectral de Cortijo y Maelo, siempre vestidos de etiqueta negra, se ciñe al espacio del timbal del que aparecen cuando, en ocasiones clave, Pirulo lo toca:

“Eso de las apariciones [pregunta el entrevistador en la primera parte], ¿era en serio? Usted pidió ayuda médica, se lo dijo a su madre, por ejemplo… De repente [habla Pirulo] vi un celaje, un movimiento fugaz que se dirigió y se metió dentro de la timba…”

VI

Gastrocrítica. Del sincretismo santero que marca el swing de Pirulo,

“Porque yo tengo mi ‘Aché’ [dice Pirulo] que me lo dieron los maestros, Cortijo e Ismael. Sólo ellos lo tenían, y nosotros tenemos que volver a las raíces, para comprender lo que ellos hicieron por nosotros… yo tengo mi ‘Aché,’ y me voy a santiguar con Eleguá, que siempre me abrirá los caminos y con Changó, que siempre me protege y hace de mí un guerrero. Y mira, yo llevo los collares porque esto es en serio”;

de ese sincretismo santero a la mezcla de la música y la comida —incuso el hambre— que marca la historia de la nueva salsa de Pirulo, resumida en esta imagen: “en la casa [de Pirulo] la comida se cocinaba y se comía con los palos de los timbales, como si fuera siempre un palo de comida china.”

VII

Una vez huérfano a los 17 años, con dos hermanos menores a cuesta, Pirulo se tira a la calle a buscar las habichuelas para la familia que ahora tiene que sacar a flote. Tan pronto se le da la oportunidad, se ofrece como músico “al que parecía el jefe” de un grupo en el centro cultural del caserío San José. Un señor que resulta ser Rafael Pina, de Pina Music: “yo toco timbales [le dice Pirulo] y si me da la oportunidad toco la batería o la percusión que sea, pero lo más que necesito tocar, es dinero…”

Y ello, subraya Pirulo, porque “no tenemos hoy dinero para comprar comida pa nuestra casa…”

Resuelto el problema del hambre con un contrato para tocar la batería, “A ritmo de Cortijo,” con el grupo de los Pina, Pirulo sorprende a sus hermanos cuando llega a la casa con “bolsas del supermercado con comida.” Un alivio brutal, sin duda, pues llevaban “Dos días sin comer…”

Golpe de suerte, el de llegar a la casa con “la mayor cantidad de comida que habíamos tenido en la casa por mucho tiempo,” el cual produce una alegría al cuadrado. Por un lado, la de los hermanos que ahora pueden comer; por el otro, la de Pirulo que, con su música, “Eran tiempos de tocar lo que fuera con tal de traer comida a mi casa,” puede satisfacer el hambre de sus hermanos: “La impresión que les causó tanto a Patricia como a Sergio [sus hermanos] ver tanta comida, fue suficiente para que yo [Pirulo] fuera feliz…”

VIII

Tiempos de bonanza; los del reguetón, “Regresaba [a la casa] siempre con bolsas de comida,” fueron para Pirulo de poca hambre:

“Tribu [les dice a sus hermanos], regresé… con el pan de cada día. Aquí comemos hoy bien. Ahora tenemos comida para un mes… con desayuno incluido… y… de lo que te gusta [le habla al hermano] para los almuerzos de la escuela.”

El reguetón da de comer: “Todo el mundo feliz porque hoy comemos como ricos…” Desde la memoria del hambre, Pirulo exclama: “que comida siempre haya…” Como si se tratara de un Cristo rasta, sonea: “hoy celebramos el pan nuestro del reguetón… a lo que traiga el pan a la casa, le damos la bendición.”

Desde la música que resuelve la materialidad del cuerpo (el hambre), Pirulo brega sin olvidar el fin último de su melomanía “loca” (o su “misión” salsera): “La salsa sigue presente, pero el reguetón nos dio el pan hoy y lo bendecimos…”

Clave del periplo inicial de Pirulo: “… las habichuelas hasta hoy, han sido gracias a la batería y al beat del reguetón. Eso lo sabe todo el mundo que sabe lo que sabe.”

IX

Instalado en la soberanía de su musicalidad, casado y con familia, alegre, Pirulo reafirma su plenitud espiritual desde la imagen sincrética “del pan de nuestro señor el poderoso, pero también de nuestros Santos que nos aprecian y nos dan de comer…”

En su nueva casa de Carolina, en vez de la “musicueva” donde, “como si fuera el Batman de la timba y la clave,” practicaba el reguetón, “Mientras hubiese comida en la nevera, Patricia y Sergio apoyaban el ritmo que tocara Pirulo”; alejado de los tiempos de vacas flacas en el Embalse San José, “Cuando Patricia le dijo que se había acabado la leche y el pan, fue que Pirulo comprendió [a los 17 años] que había que salir a buscarse el peso”:

“--… Pero hoy, hermana, vas a estar bien, y tanto tú, como Sergio y yo siempre tendremos leche, pan y comida en la nevera. No te voy a dejar sola.

--Piru, sí, pero hoy no hay pan ni leche. Y tú dijiste que nos ibas a cuidar, en lugar que el Departamento de Familia nos separara, pero llevamos dos días sin comer...”

En su nueva casa, “realmente un apartamento que habían alquilado en la parte de atrás de una casa,” a salvo del hambre, Pirulo se encarga de preparar la nueva salsa, “Cambiar el ritmo de la salsa, inspirado por la música de reguetón,” que cocina en su nuevo estudio, “la marquesina,” mientras su esposa, “mientras tú cocinas, yo voy un momento al estudio [le dice Pirulo],” se solidariza: “Aquí estoy yo [dice ella], protegiendo la cocina y la alimentación para que tú [Pirulo] la pegues [musicalmente].”

Ella se solidariza tanto con el proyecto musical, “salsa de la dura. Papá, de la mata, del mazacote,” como con la experiencia espectral, el “trance,” esas apariciones de Cortijo y Maelo que Pirulo enfrenta cuando, en ocasiones, toca el timbal, sobre las cuales le dice la esposa a Pirulo:

“Tranquilo, Piru, tranquilo, que yo también las veo. Eso es parte de la vida. Eso es parte de vivir aquí en el barrio, de venir de la calle. De vivir en este país. Eso es parte de ser negros. Tranquilo. Con las apariciones nacemos, y también morimos.”

X

Entre la música y la comida, Pirulo sonea (se contonea) y come:

“ando un poco loco, pues nadie en su sano juicio se impone tocar salsa cuando el reguetón le da de comer… El reguetón y papito Dios nos pusieron esta comida en la mesa, pero mi inspiración, mi amor, está en la salsa…”

XI

En el epílogo, titulado “En la Placita Antonio R. Barceló (2014),” Pirulo se sienta a comer junto a su esposa e hija en su casa de Carolina:

“un rico plato de arroz con habichuelas blancas, y chuletas. La comida que le había cocinado su mujer estaba como siempre, buena y mejorando a exquisita… era algo que les daba el pan para seguir trabajando y logrando las metas de cantar salsa en tiempos difíciles.”

Pirulo le cuenta a la mujer que lo han invitado a conmemorar la abolición de la esclavitud y a exigir la libertad de Oscar López Rivera, “33 hombres negros por Oscar”; invitación que la mujer endosa con entusiasmo a pesar del riesgo político y económico.

Cuando termina de tocar su tema, “Mas boricua,” en la actividad de la Placita Antonio R. Barceló, “Más boricua que yo / lo dudo, tranquilo pero seguro,” ante un público de “poco más de 100 personas,” irrumpen al final las itálicas del entrevistador, quien se levanta del desmayo que había sufrido al principio de la novela en el Nuyorican Café:

“Ahí fue que desperté, o por lo pronto, eso creí. Cuando la música dejó de sonar, la fiesta terminó, la alegría continuó, y ahí volví en mí. En ese momento creo que desperté, o dejé de soñar despierto.

Ahí fue que me di cuenta que ya todos se habían ido. Hasta Pirulo.”

Fin de la novela.

XII

A modo de conclusión (a): la “misión” salsera de Pirulo, en línea con la de Maelo, “mi figura a seguir sería Ismael, a Cortijo lo conocí después,” parte de la gravedad del “mesías, El Nazareno” que busca liberar al hombre negro:

“Ese fue Ismael [habla el narrador], el líder de los negros, de los hombres y mujeres que asumieron desde el principio su libertad. Ser cimarrones.”

Por eso, dice Pirulo: “mi medicina es la música y la locura; pero más que nada, la alegría.”

Dada la centralidad de Maelo en LA CALLE LINDA (la mayoría de las letras que la novela cita son temas de Pirulo y canciones asociadas con Maelo, como “Maquinolandera,” “Elena toma bombón,” “Las ingratitudes,” “Mi música,” “Las caras lindas,” “Incomprendido”), vale la pena leer simultáneamente “la sociología urbana de la memoria del ritmo,” ¡SAOCO SALSERO!, para seguir con más sabor el swing de Pirulo, el cual LA CALLE LINDA emblematiza desde el epígrafe inicial de la novela en clave antitrágica:

“Si la vida se me va / a mí me cogen de party.”

XIII

A modo de conclusión (b): desde 1975, en la introducción de la NUYORICAN POETRY: AN ANTHOLOGY OF PUERTO RICAN WORDS AND FEELINGS de Miguel Algarín y Miguel Piñero, Maelo centraliza la “comunicación rítmica” [el saoco] de los poetas nuyoricans”…

XIV

A modo de conclusión (c): en la tapa de LA CALLE LINDA vemos la foto de Pirulo con la camisa del uniforme de Santurce frente al timbal y al micrófono.

En la presentación de la novela, celebrada el 27 de diciembre de 2019 en la Librería Mágica, el autor comentó que esa camisa de Santurce, con el número 65, se la había regalado el dueño del equipo de béisbol a Pirulo.

Error craso: en vez del 65, la camisa ha debido llevar el 22, que fue el número del “divino loco” de Santurce, Rubén Gómez.

De la “Cuarta parte” de la novela se oye un tema de Pirulo:

“Si lo sé, yo soy así

un poco loco pero feliz…