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“El arte también salva vidas. El arte da dirección, da un propósito. ¡Qué viva el teatro!”

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Entrevista con el dramaturgo y director teatral Pedro Rodiz

 

“Cuando era universitario recibí uno de los elogios profesionales más lindo que he recibido en mi carrera. Monté en el teatro Julia de Burgos una versión de Ligazón de Valle Inclán. La gran Victoria Espinosa fue a verla y después de la función me dijo: “Yo he visto esa obra montada de todas las formas posibles y no imaginé que hubiese otra forma de montarse, felicidades colega.” Imagínate, Victoria Espinosa, que no es una mujer, sino que es una diosa, me haya dicho eso.  Fue inspirador porque me validó, aún siendo estudiante, que iba por el camino correcto.” Cuenta entre risas Pedro Rodiz. Y es que este teatrero, es un extraordinario conversador, divertido y visionario del arte como de la cotidianidad. Todos quienes tenemos el gusto de compartir con Pedro, disfrutamos de sus anécdotas y humor.

Buen padre, solidario, honesto, divertido y con un buen carácter –y también su genio, cógelo de buenas— son aspectos que también describen al narrador Pedro Rodiz.  Además de su entrega con la dramaturgia puertorriqueña y la docencia, posee un excelente blog Techo de Zinc. En este escribe, según nuestro entrevistado, sobre lo que le da la gana. Sin embargo, encontramos allí publicadas una serie de hermosa crónicas de la paternales que merecen ser leídas desde su refrescante frescura y alegria de ser papá. Y es que Pedro Rodiz es un padre “entregao”.  Leamos.

En un día de playa, otra orilla.

“Ya vi como es que el Saltimbanqui socializa. Vio a un niño de ascendencia oriental, (presumo que chino, porque es la comunidad grande que tiene el país) Se acerca, comienza a hablar solo pero mirando al otro chico y luego se pone a mover el carrito para llamar su atención. El otro chico hablaba inglés pero eso no desanimó al mío. Los padres de otro chico, me miraron primero con asombro y luego con gratitud. No podían creer que alguien se les acercara. Y yo, con tal que él se relacione con otras personas, me importa un pito de qué nacionalidad sean. Al cabo de un rato, el otro chico estaba haciendo una muralla (¿china?) de arena y el mío al lado de él. Me dio mucha pena, no por mi Saltimbanqui, sino por el otro, que se notaba a leguas que estaba acostumbrado a jugar solo ya que era muy poco lo que interactuaba con el mío. Tan pronto el otro chico se metió al agua con sus padres, el mío se le fue detrás. Metió su carrito al agua y se le perdió. El papá del nene lo buscó y lo encontró. Yo le di las gracias en inglés y le dije al Saltimbanqui:

“-Dale las gracias.

“-Gracias.

“-De nada -contestó en un español con su acento característico.

“Los padres del chico miraban al Saltimbanqui y se les notaba que de verdad agradecían con sus sonrisas que mi chico jugara con el de ellos. Yo no sé de donde el chico sacó ese carisma, yo era muy tímido. Yo no me atreví a hablar con ellos, ni ellos a hablar conmigo, uno de adulto se le hace más difícil romper ciertas costumbres, a los niños se le hace muy sencillo. Al final, cuando se marcharon, el papá se despidió. Agradecí el gesto. Me hizo el día.”     P. Rodiz, http://techodezinc.blogspot.com/

Oriundo de San Lorenzo, Puerto Rico, Pedro Rodiz es dramaturgo, director, productor, guionista de televisión, cuentista y profesor de teatro. Ganador del Premio Nacional de Dramaturgia del Instituto de Cultura Puertorriqueña del 2011 con su obra “Sofía” (junto a su colega Freddy Acevedo), que abrió el 52do Festival de Teatro del Instituto de Cultura Puertorriqueña. También obtuvo mención de honor en el Certamen Nacional de Dramaturgia del ICP (2005). Ha escrito sobre veinte obras de teatro. Posee un bachillerato en el Departamento de Drama de la UPR-Río Piedras y una maestría en Redacción para los medios en la Universidad del Sagrado Corazón. Es el socio fundador de ADN-r (Auspicia Dramaturgia Nacional), director de más de cincuenta obras de teatro. Escribe sobre el Teatro Puertorriqueño en el blog: http://adnrodiz.blogspot.com Foto de Pedro Rodiz para la entrevista cortesía de Neysa Jordán.

Ana María Fuster:  Como dramaturgo, vemos que tus obras presentan temas diversos, tanto el humor como la mitología, y hasta el drama urbano. ¿Cuáles son tus temas preferidos al escribir una obra de teatro?

Pedro Rodiz: “No escribo a base de temas. Las obras no me surgen de esa manera. Vienen a través de imágenes, ideas, impulsos, caprichos o emociones. De pronto surge algo y me digo: ¿qué pasaría sí…? Y esa simple pregunta desencadena toda una gama de posibilidades o de avenidas que no se detienen hasta que la escribo.Y una vez escrita no se detiene hasta que se representa.

“Luego que surge ese primer impulso, busco el título. Eso le da identidad y dirección al trabajo. Después, lo visualizo sobre el escenario. No se escribe en el vacío, se escribe pensando en la puesta en escena y hasta en el tipo y estilo de obra que te gustaría ver representada sobre el escenario;  si a va a estar en un teatro de proscenio, a dos lados, al aire libre… Cuántos personajes necesita para desarrollar la trama; qué tipo de escenografía, vestuario...  Eso es esencial. Y aunque lo primero es la historia per sé, lo que va a pasar o no pasar  a los personajes, y hasta con suerte, saber cómo va a acabar; a veces hay que lanzarse al remolino sin saber cómo acaba y que las misma aguas (o sea, los personajes) te dirijan al desenlace...”

 

AMF: ¿Cómo mantienes un balance entre la calidad de la obra y el éxito o la acogida del público?

PR: “No se puede escribir pensando que tú obra será un éxito taquillero. Eso no es real y comprometes la integridad de la obra. Tampoco pensando: esto le va a gustar al público. Porque ahí entra en juego la estética personal y lo que se quiere decir. Porque el teatro está para decir algo, ya sea para denunciar o aclarar, o para proponer,  pero para algo se escribe.  Y eso es así por la inmediatez. Se puede escribir una obra hoy y estrenarla el mes que viene. Eso te da un poder infinito y una responsabilidad tremenda.

“Hay unas realidades de cómo se realiza el teatro en el país y de que todo sea costo efectivo. Lamentablemente el dinero limita, pero no condiciona, el tipo de obra que se va a realizar. No debería serlo, pero es así.  Uno no puede pensar en escribir una obra con 30 personajes, digo, se puede escribir pero ¿quién paga esa nómina? Esto no es Broadway. Cada detalle sobre el escenario cuesta dinero. Lo ideal es que uno puede concebir una obra hasta con seis personajes, y eso es mucho. Si se piensa en más personajes, lo más probable es que se termine eligiendo un elenco con pocos actores y actrices que representen varios personajes en escena.”

 

AMF: ¿Cómo concilias la dramaturgia con el texto? ¿y con nuestra realidad nacional?

PR: “Concibo la dramaturgia como una parte del proceso, no como un acto aislado. Ya que una vez terminada la pieza, pasa a manos de muchos artistas que te van haciendo preguntas, te van confrontando, empiezan a ver las grietas, a señalarte las fallas. Y es que todo tiene que justificarse con el texto. Es evidente que la base del teatro es el texto, pero una cosa es lo que se escribe y otra la que llega al escenario. Por eso se tiene que llegar a la dramaturgia con humildad, reconocer que el otro artista va a  aportar ideas valiosas.

“Actualmente no puedo concebir una idea para una obra que no sea que ocurra en Puerto Rico. Esa es mi realidad, para bien o para mal. Y no tiene que ver con asuntos políticos. Me gusta que todo pase por nuestra cosmovisión que es muy particular. Así que tengo que visualizar todo a partir de cómo eso le afectaría a un puertorriqueño. Para mí eso es lo que tiene valor y pertinencia. Es lo que hacen todos los dramaturgos del mundo, miran todo a través de sus ojos nacionales.”

 

AMF: Director o dramaturgo, digo, Pedro, en cual de las dos disciplinas te iniciaste. ¿Cómo las comparas?

PR: “Llegué a la dirección escenica y a la dramaturgia casi a la vez. Pero me siento más completo en la dirección, en ella soy más osado, tomo riesgos calculados, exploro posibilidades, tengo el control de todo. Con la dramaturgia no. Con la dramaturgia soy más cuateloso, pienso bien lo que dicen los personajes, sus motivaciones, cómo se podría representar. Es un proceso más lento. De hecho, prefiero que otras personas dirijan mis textos. Me fascina ver cómo deconstruye esa obra y representan su  visión, que en ocasiones coincide pero que en otras instancias difiere. Eso es seductor. Porque si quisiera que se representara como yo la concebí inicialmente, la dirigiría yo.

“Existen dramaturgos a los que no les gusta que les cambien ni una coma. El texto es un instrumento de trabajo y al director  que les confías la obra sabe lo que hacen y ve posibilidades que tú no viste. Y eso es ganancia tanto para texto como para el público. Ahora, lo que si me molesta es que la propuesta que presente con el texto sea superior al montaje del director. El montaje tiene que ser siempre igual o  superior al texto, siempre, a menos seas Shakespeare, que sus textos sobreviven a cualquier montaje. El  director y el dramaturgo son colaboradores. El director le hace recomendaciones al dramaturgo y este reordena, cambia, añade escenas.  Lo que no debe pasar es que el director se crea dramaturgo y cambie las cosas a su gusto. Eso si  que no lo permito. Le doy libertad de trabajo, pero si hay que cambiarle algo al texto lo hago yo.

“Como director busco siempre nuevas formas de representación, estar al día con lo que se hace en otros países, como dramaturgo estoy más interesado en contar una historia intima. Y es que como director lo importante es el cómo, pero como dramaturgo lo más importante es el porqué.

“El éxito o el fracaso de una obra de teatro depende de cuán bien te prepares. Porque todo los artistas involucrados saben lo que tienen que hacer, pero todo depende del director, es su concepto y eso es lo que se hace, claro hay colaboración pero la última palabra la tiene el director. Y el director solamente consulta con el dramaturgo, si está vivo, porque si está muerto hace lo que le da la gana, jajaja.”

 

AMF: Trabajar el humor conlleva mucha disciplina y talento. Cuéntanos cómo trabajas el elemento del humor y la comedia en tu narrativa y en el teatro ¿y como ser humano llevas a tu vida privada este humor?

PR: “El humor se tiene o no se tiene. Se puede aprender, pero no se puede enseñar. La literatura puertorriqueña, salvo en contadas ocasiones, es muy seria. Hay una tendencia a pensar que si contiene humor está en una categoría inferior a drama y eso no es necesariamente así. Escribir comedias es algo serio. Es más fácil hacer llorar a una persona que hacerla reír. El puertorriqueño es muy dado a hacer chistes, es parte de nuestra realidad cotidiana, está integrada a nuestra idiosincracia. A todo le sacamos punta. Lo veo como un mecanismo de defensa colectivo. Nos reímos como una forma de escape a las cosas terribles que se viven día a día.  Así que yo no estoy exento de eso.  Te confieso que una de las experiencias más extraordinarias es ver reír a carcajadas al público y saber que ríen por algo que escribiste. Es una sensación orgásmica.

“Además, la comedia es algo muy peligroso. No creo en hacer reír por hacer reír, me gusta la risa provocada por una razón, por una denuncia o un reclamo, que es una exigencia individual, pero, a la vez, un coraje compartido.  Se necesita ingenio para escribir comedia. Pero la resposabilidad principal de hacer reír recae sobre los actores y actrices. Puede ser un texto muy gracioso, pero el actor o la actriz tienen que saber cómo exprimir las líneas, explorar todas las posibilidades, crear el doble sentido, que no es necesariamente de contenido sexual como popularmente se ha vendido, sino que se diga una cosa que quiere decir otra. Ese ingenio, dicho en el momento justo, es lo gracioso. Y claro, tener muy en cuenta el sentido de ritmo de una comedia, porque si no de nada sirve. El ritmo para hacer chistes es algo que no se puede enseñar, se tiene o no se tiene. Por supuesto, un buen actor o actriz lo saca por su talento. Un comediante no necesarariamente puede hacer drama, pero un actor o actriz sí puede hacer comedias. Vengo de una familia que se pasaba pegándose vellones.  O te defiendes con otro chiste más ocurrente que el que están haciendo sobre ti o te sufres la burla.  Así que el humor se convirtió en un acto de supervivencia. Es una salida ingeniosa y me salvó y me salva muchas veces de situaciones embarazosas. Claro, hay que saber reírse de uno mismo, eso es escencial. Y no es que no te tomes las cosas en serio, las más grandes verdades se dicen en forma de broma. La risa es el mejor remedio para todo.”

 

AMF: Además, eres maestro de teatro. ¿Cuál es la importancia de incluir talleres y cursos de teatro en las escuelas?

PR: “Un estudiante que es impactado por el arte, por cualquiera de sus manifestaciones, lo  cambia para siempre. Lo vuelve más sensible, por tanto será un ciudadano que aportará seriamente a su país. Será mejor profesional, mejor persona, mejor padre, mejor vecino. Porque el arte también salva vidas. El arte da dirección, da un propósito a la vida.

“En fin, aportar al arte es lo que deberían estar haciendo los gobiernos de turno. Si te fijas en el presupuesto que se le asigna al Departamento de Educación, a la Policía y a la Universidad de Puerto Rico en contraparte con lo que se le asigna a las actividades artísticas culturales, te darás cuenta que es una desproporción  enorme. Si parte de ese presupuesto que se le asigna a esas agencias – que no estoy diciendo que no sean necesarias- se destinara a imparctar directamente a los muchachos y muchachas ¿no crees que empezaríamos a ver cambios significativos?  Si lo modelos para crear un mejor país están o han fracasado, ¿no crees que es tiempo de mirar hacia lo que siempre ha funcionado a pesar de no contarse con los recursos del estado? Pero ojo, que no es venderle sueños a los jóvenes de que pueden vivir del arte. De nada vale impactar en las comunidades y a las escuelas con actividades y  talleres artístico-culturales si no se crean las bases para que ese estudiante quiera ser artista pueda encontrar trabajo. Si a duras penas hay trabajos para los artistas establecidos, imagínate para los que van formando. Puerto Rico es un país de artistas.”

 

AMF: ¿Qué aportan los certámenes de dramaturgia? ¿Ayudan verdaderamente a nuestro teatro? ¿Se apoya a nuestros dramaturgos?

PR: “Puedo hablar de los certámenes de dramaturgia que auspicia el Instituto de Cultura Puertorriqueña en los que he participado y he ganado también.  No es que sea la gran cosa ganar un certamen, el dinero que me gané lo utilicé para hacer la compra y  pagar algunas deudas, nada más. Lo bueno de los certámenes es que te dan el dinero para montar la obra ganadora. Y eso sí es motivo de celebración. Porque uno se despreocupa del dinero.

“Del ICP comentaré que ha perdido presencia y pertinencia. No se produce una idea nueva hace tiempo. Es un ente inerte. Del dinero que se asigna, se dedican a recoger las propuestas de las compañías y dar dinero. Nada más. Toda la labor cultural teatral está en manos de las compañías de teatro, tanto las que logran obtener los fondos como las que se van por cuenta propia. Existen dos festivales de teatro auspiciados por el ICP: el Festival Internacional, que a mi jucio debería desaparecer y el Festival de Teatro Puertorriqueño, que se nutre de las propuestas que hacen las compañías con obras de autores puertorriqueños y de la obra ganadora –si el premio no queda desierto- del certamen. Si tú sometes una obra al certamen y ganas, santo y bueno. ¿Pero qué pasa si sometes una obra y pierdes? ¿Qué haces con esas obra? Se engaveta posiblemente. Pero el Instituto maneja dos teatros, el Victoria Espinosa y el Francisco Arriví.  ¿Tú no crees que en vez del ICP estar dando dinero para que se monte una obra de un escritor extranjero, - no tengo problemas con el estreno de obras extranjeras, pero no por encima de las nuestras- porque no destina ese dinero o parte de ese dinero y hacer un festival en el Victoria Espinosa que es una sala pequeña donde se monten esas obras que se sometieron al certamen y no ganaron. Ya te mencioné que las obras no están listas hasta que se representan en un teatro, esa es su prueba de fuego, ¿pero cómo un dramaturgo va a evolucionar si no puede presentar sus obras, como va a madurar como escritor si ni siquiera tiene la oportunidad de equivocarse?

“Voy más allá, aquí se hace mucho teatro al año, mucho. Cuenta a ver cuántos de esos estrenos son de dramaturgos puertorriqueños. Suelo ver mucho teatro, y te puedo asegurar que muchas de esas obras que se presentan acá, los autores nuestros pueden igualarlas o mejorarlas. Pero los autores de mi generación --y de la que va subiendo-- tenemos que recurrir a espacios alternativos, a sufragar las obras de nuestro propio bolsillo, pedir favores a nuestros amigos y encima no ganar nada. Y en ocasiones va muy poco público a verlas. Es terrible lo que pasa con nuestros dramaturgos. Pregúntate cuántas obras al año estrenan los dramaturgos ya establecidos. ¡Cuando fue la última vez que se estrenó una obra de Luis Rafael Sánchez?  ¿Hace cuanto no estrena Mirna Casas? ¿Y que me dices de esa generación de José Luis Ramos Escobar, Tere Marichal, Abniel Marat, Carlos Canales y Roberto Ramos Perea por mencionar a los más activos? Que no es que no estrenen, pero no lo hacen con la regularidad que se debería y no es por falta de  talento o ingenio ni mucho menos deseos o porque no hayan escrito, obras demás tienen. Y de muy buena calidad por cierto.

“A los de nuestra generación nos va peor. En los últimos años he estado más activo presentando obras en las barras que en los teatros.  Es terrible. Claro, es una manera de mantenerme activo y vigente, pero no son las condiciones ideales.  Dramaturgos hay, el problema es que nuestras obras no están teniendo salida. Y cada vez el desánimo es más evidente. No es que no se estrene, se estrena pero cada vez son más esporádicos.”

 

AMF:  Pedro, gracias por la charla (desde una azotea donde degustamos un vino entre amigos poetas), para terminar por hoy y deseándote muchos exitos y que mejore la situación nacional. ¿Dónde te ves de aquí a veinte años?

PR: “Haciendo teatro. Eso es lo que sé hacer y eso es lo que continuaré haciendo. Teniendo mi propio espacio. Ese es el sueño de toda la vida. No necesito mucho, un espacio que quepa como 75 personas.  No habrá problemas con las obras, ingenio no me falta, lo que falta es la sala. Eso da continuidad a las propuestas escénicas. Creo que eso sería lo más extraordinario que podría tener.

“Gracias al teatro conocí lo que es la disciplina con propósito, a entender lo que es entregarse a una causa sin miramientos, a sacrificarme por lo que es esencial y trascendente en la vida. Me dio el caracter, la lucidez y el ingenio para confrontar límites, los propios y los ajenos. A explorar las posibilidades más allá de la lógica y de la razón. A odiar el conformismo, pero sobretodo, a cuestionar lo sagrado y lo intocable. Porque el teatro sí salva vidas: salvó la mía. Me ayudó a internalizar que la libertad -individual y colectiva, que nos han negado por tanta vías- es el valor supremo, el sueño más anhelado, el legado que se le deja  un hijo. No hubiese podido vivir de otra forma; de haber elegido otra ruta, sería un grandioso inútil o un completo imbécil. ¡Qué viva el teatro!”