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“Para trascender como país, para liberarnos de tanta carga negativa, tenemos que evolucionar, educarnos.”

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Entrevista con el escritor y maestro José H. Cáez-Romero

“Me hablas del mar en mi cuerpo,

sus bravas bahías despobladas

donde colonizas con tu mano mi inocencia.”

J.H.Cáez

Sensualidad, hipersensibilidad, amor, lujuria y ritmo desnudos de falsos artificios más allá de la piel de la palabra marcan los versos de Maretazo, poemario de intenso lirismo y dominio total de la palabra, las imágenes como de la propia marejada del cuerpo. Y es que este joven poeta y cuentista vive con intensidad la creación literaria y el arte como si fuesen un propio acto vital, como respirar, comer y amar.  “…Traspásame con tu mirada, /insisto en eso/…/ Bébeme /Respírame / ¡Bébeme! / … Sé caníbal y ven por mí.”  (Soy tu espejo, J.H.Cáez)  Maretazo está compuesto poemas potentes, valientes donde la pasión y el sexo exigen ser leídos con devoción hasta el vértigo de las sensaciones.

Maestro de profesión, el escritor santurcino José H. Cáez-Romero (1987) posee un bachillerato de la UPR-Río Piedras en educación secundaria con concentración en español y una segunda especialidad en literatura comparada. Ha cursado talleres literarios con los escritores: Pedro Mairal (Argentina), Santiago Gamboa (Colombia), Fernando Iwasaki (Perú), Mayra Santos-Febres (Puerto Rico), Edmundo Paz Soldán (Bolivia) y Ricardo Chávez Castañeda (México), entre otros. Publicó en la antología de cuentos infantiles “Desde un girasol: antología de cuentos del Caribe” (República Dominicana y Cuba, Ed. Dienteleche 2009). Ha  publicado en diversas revistas de Puerto Rico, Argentina, Chile, Venezuela, Colombia y España. Fue galardonado con el Premio Internacional de Poesía 2011 del Latin Heritage Foundation en Nueva York.  Es autor del poemario Maretazo (Boreales, 2012).

Tarde de aquelarre. Estamos reunidos en cofradía un pequeño grupo de amigos hermanados desde hace unos cinco años, donde compartimos secretos, hablamos de la vida, del amor, el arte, cine, libros, magia y sexo. Durante nuestra devoción culinaria- “terturliera”, Cáez siempre nos hace reír con sus comentarios. Es tan irreverente como inteligente, y posee un gran sentido del humor irónico, pero sin llegar al sarcasmo hiriente o mezquino. Y es que José es una persona cariñosa, honesta, desprendida, buen conversador y seguro de sí mismo, huyendo de la obviedad con la que se enmascaran quienes temen exponerse a la libertad de ser, que en fin es ponerle límites a la vida como sociedad. “Para trascender como país, para liberarnos de tanta carga negativa, tenemos que evolucionar, educarnos. Aprender a mirarnos correctamente y aceptar lo que somos y lo que son los demás.” (J.H.Cáez)

“Para qué decir otras cosas

cuando a las sábanas de la sombra

el embate de tu cuerpo

me hace temblar la voz,

todo es evidente” (J.H.Cáez)

Ana María Fuster: ¿Cuándo sentiste el llamado del arte y la literatura?

José H. Cáez: “Desde pequeño siempre tuve inclinación por el arte. Entré a su mundo porque no tuve otra opción. Era un niño muy introvertido. Un poco todavía, aunque proyecte lo contrario. Primero me incliné hacia la actuación. Era más fácil para mí, ser una persona distinta con otra vida, otro modo de ser y no yo. Nunca pensé en escribir, si te soy sincero. Siempre soñé con actuar y estar en las tablas todo el tiempo. Lo de la escritura llegó por accidente mágico del destino. Desde que tengo memoria me ha gustado leer, pero no fue hasta los 14 años que una maestra en la escuela, Ivette Martí Caloca --que, además, es una excelente poeta--, me enseñó las maravillas de la escritura. Por esos días no andaba emocionalmente bien. Mi adolescencia, como la de muchos, no fue fácil. Pero ella notó mi sensibilidad y quizá mi ansiedad por contar algo sin que nadie se enterara. Y un día me invitó en el recreo a que fuera a su salón. Me leyó poemas que ella había escrito y de otros escritores; quedé prendado para siempre. Me enseñó que podía canalizar mis emociones con la escritura y el poder asombroso de la palabra. Me retó a que escribiera un poema, desde ahí no he parado. Entonces, para mí, la palabra es un reto, un toro de lidia enorme que hay que tratar con respeto y armarse de valor para poder torearla como se debe.”

 

AMF: Acabas de publicar tu poemario Maretazo. ¿Cómo fue tu proceso de creación y publicación?

JHC: “Por un lado me siento emocionado porque veía muy distante la posibilidad de publicación. Todavía no me lo creo. Pero a la misma vez, lo tomo con cautela. Me asusta el creerme algo que no soy. Como escritor, todavía me siento en formación. Por lo que he hablado con otros escritores a quienes admiro, al parecer, esa sensación no se va nunca. El proceso fue raro, al menos para mí. Comencé a escribir poemas sueltos y me di cuenta que la mayoría tenían como base el mar, el agua. Decidí aventurarme a escribir, entonces, un libro formalmente. Tomé una libreta y realicé una investigación gigante sobre el mar, el agua, términos, animales, mitos, historias y experiencias. Luego ideé la forma y el contenido; le di estructura. Fueron muchas horas de pensar y reflexionar. Tardé tres años en lograr el producto final. Lo hice sin ninguna prisa y sin ninguna intención. Solo quería experimentar y jugar a ser escritor. Iba y leía algunos de los poemas en recitales para probar la reacción de la gente. Tomé talleres durante ese tiempo para abrir discusión con otros semejantes a mí. Se lo pasé a amistades en las que confío plenamente. Pasó por cuatro rescrituras y tres títulos, hasta que finalmente quedó Maretazo.

“Publicarlo fue otra aventura. Después de esos tres años, el libro me pedía publicación. Y tenía que ser en este momento o hubiese sido presa del polvo. Así que decidí hacer una edición mínima. Cuando no sé algo o quiero saber algo grito. Grité y pedí ayuda. Yolanda Arroyo Pizarro vino al rescate y me ayudó con su editorial Boreales. Me obsequió esta bella edición por la cual voy a estar agradecido para siempre.”

 

AMF: El miércoles 5 de septiembre (7:00pm) presentarás Maretazo en Río Piedras. ¿Qué nos puedes anticipar sobre la presentación de tu poemario? ¿Qué expectativas tienes con esta publicación?

JHC: “Lo vamos a presentar en La Tertulia, lo que me resulta muy cómico pensando en todos los escritores nacionales e internacionales que he visto ahí. Será una noche mágica, rodeada de amigos a quienes quiero y admiro mucho. También habrá uno que otro duendecillo travieso invitado a leer. Estoy contento porque la profesora y crítica literaria Melanie Pérez Ortiz lo va a presentar. Confío mucho en ella y su juicio.

“Por otro lado, se acerca el Festival de la Palabra, un punto de intercambio importante para los escritores de la isla. Vendrá mucha gente y quiero aprovechar eso para exponer mi literatura. He tenido la oportunidad de publicar en revistas afuera, pero quiero en algún punto hacerlo con un libro. Lo dejo todo en manos de la fortuna.”

“Tu boca

tú al revés

tú a dentro

tú mangle salvaje

tu boca, tú en tu cuerpo.” (J.H. Cáez)

 

AMF: Entrando a tu obra, cargada de ritmo y erotismo. Háblanos un poco sobre esa música en tu poesía, esa sensualidad/sexualidad y pasión que fluyen con naturalidad.  ¿Crees que en Puerto Rico todavía existe un miedo o tabúes con los temas de la sexualidad dentro del mundo literario?

JHC: “Vengo de una tradición poética caribeña. La música la tengo por todos lados y eso se refleja mucho en mi poesía. Vengo de una familia musical y fiestera. Todo el tiempo había un bembé en casa de mis tías. Tengo primos que son cantantes. Así que de alguna forma eso influenció mi escritura y las otras disciplinas a las que me dedico. También crecí en una barriada en Santurce donde en la esquina de mi calle había una barra-colmado con vellonera. Lo que se escuchaba era salsa de la gorda y boleros como los de La Lupe (divino desgarre de voz). Yo sé que el bolero lo tengo en la oreja haciéndome cosquillas. La mayoría de los temas en esas canciones son el amor, el despecho y sobre todo el erotismo, ya un poco más escondido, pero erotismo al fin. Supongo que desarrollé un gusto por ello, fue lo que aprendí. También veía y todavía lo hago, películas en blanco y negro con mi tía abuela cuando me cuidaba. Los años ‘40 en Hollywood eran magníficos. Melodramas en donde la pasión era hiperbólica. Todo eso lo tengo en la mente, constantemente me abrasa y me abraza. Para mí es necesario que se sigan escribiendo de estos temas, es la cosa más natural y genuina que existe en nosotros. Yo pienso que al final todos lo que buscamos es que nos quieran, nos guste aceptarlo o no.

“La literatura últimamente se ha enfocado mucho en lo académico, que para nada está mal, es magnífico cuestionarse, preguntarle al texto, investigar. Pero, ¿qué hace la gente que no ha estudiado literatura? ¿Qué referentes académicos pueden tener para destejer el enredo de palabras y alcanzar lo esencial de lo que se lee? Como escritores, creo que es nuestro deber permitir la accesibilidad a los lectores en nuestros textos, debemos abrirnos tanto al lector común, como al lector más profundo.

“Sobre los tabúes, pienso que sí existe un miedo hondo sobre el tema de la sexualidad. El gobierno insiste en tapar, no con un dedo, sino con la punta de una uña las realidades en las que vivimos. Nos aferramos a una fe religiosa a conveniencia, lo que es absurdo y deja mucho que desear de las personas que lo hacen. Cada cual puede creer en lo que quiera, pero eso no da derecho a enjuiciar y prohibir algo tan natural como lo es la sexualidad. Eso habla mucho de nuestro país, de la falta de educación, juicio crítico en nuestras comunidades y lo que es peor, en nuestros líderes.”

 

AMF: Además de poeta, eres cuentista. ¿Qué diferencias hay entre el José Cáez poeta y el narrador? ¿Cómo montas tus personajes?

JHC: “Hay mucha. El José poeta es un torbellino de colores, un ser intranquilo, reflexivo, agonizante. Cuando escribo poesía me concentro demasiado. Me la tomo muy en serio. La pienso y la repienso. Mido cada palabra y su colocación  en el poema, el sonido, la musicalidad, el ritmo. Sigo mi intuición, pero no lo hago sin estar seguro de lo que estoy haciendo. Dejo que eso que los artistas flamencos llaman duende, se apodere de mí. Que esa fuerza y su arte salgan de la tierra y me atrapen. Permito que el misterio y la vera del abismo me guíen hasta el final. Escribir poesía me da mucha ansiedad, me pone muy tenso y me toma mucho trabajo. Sin embargo me disfruto ese proceso y esa incomodidad.  Conozco gente que me dice que le sale muy fácil. No sé cómo lo hacen. En cambio, el José narrador, es más pasivo, más relajado. Puedo estar días, semanas, meses pensando bien lo que quiero contar, reflexiono sobre los personajes, sus vidas, qué les ha sucedido, me invento una historia desde su nacimiento hasta el momento en el que decido escribir el cuento para entenderlo. Luego en el final. Cuando tengo el final de la historia, me siento a escribirlo y todo fluye con más naturalidad. Luego de escribirlo, experimento con las voces, los distintos recursos; la narratividad. Siempre hago como tres versiones de cada cuento. Creo que todo es cuestión de reflexionar, no tomarlo a la ligera. La literatura tiene su propio paso, es ella quien nos dicta la velocidad.”

 

AMF: ¿Qué lecturas, libros, autores te han marcado como escritor?

JHC: “Qué pregunta difícil. Tengo a muchos, casi todos del patio. Quizá sea un cliché esto que te diga, pues siendo puertorriqueño es obvio que te diría a Julia como primera influencia. Creo que mi primer libro de poesía fue de ella. Le debemos mucho. Otra gran mujer a la que admiro es a Angelamaría Dávila. Todos conocen mi obsesión por su poesía, en especial la que aparece en La Querencia. También a Manuel Ramos Otero, Lorca, Rafael de León y la hermosura de sus coplas hechas canciones por la folklóricas flamencas. Otros más actuales a quienes admiro mucho son Xavier Valcárcel, Ángel Antonio Ruiz, Jocelyn Pimentel, Noel Luna y Javier Ávila. En la narrativa mi querida Mayra Santos Febres. He aprendido mucho desde que la conocí y trabajo con ella. No porque seas tú [Ana María Fuster] la que me entrevista, pero sabes que siempre he dicho que eres una de las mejores cuentistas que ha dado este país. Fernando Iwasaki en Perú, Santiago Gamboa. Mario Bellatín. Si sigo, no paro. Todos me han marcado como lector y escritor, sin embargo, intento seguir mi propia voz a la hora de escribir, intento no influenciarme mucho por sus estilos, aunque sí converso con todos.”

 

AMF: Además de poeta eres maestro de español. ¿Qué visión tienes sobre la educación del español, gramática y literatura en las escuelas? ¿Cuál es la situación de la educación en Puerto Rico?

JHC: “Adoro sobre todas las cosas ser maestro. Me llena de mucha satisfacción. No hay nada que me llene más que llegar a mi salón y verle los rostros sonrientes a mis chicos. Tengo mucha complicidad con ellos. Me gusta que me vean como una persona que siempre los va a ayudar en lo que necesiten. Soy muy exigente, no estricto, pero sí les exijo mucho. Me gusta que ellos mismos descubran el potencial que tienen. Les muestro la importancia de saber un poco de todo. Uno puede perder en la vida lo que sea, menos el conocimiento que encerramos en la cabeza. Así les digo. Los pico con la curiosidad, los obligo a cuestionarse y cuestionarlo todo. La duda y la aventura son las claves de la educación. Y es maravilloso cuando ves que han aprendido algo y lo implementan en sus vidas. En ese momento sabes que no ha sido en vano. Y ellos te lo agradecen al final.

“Sobre mi materia, qué te digo. La lengua es un ente en constante evolución. Como maestros debemos estar pendientes a los cambios que ocurren, a las nuevas investigaciones y tendencias. Es obligatorio asistir a talleres, realizar investigaciones propias. Existe mucho desconocimiento, tanto de la gramática como de la literatura. Y te diría mucho más de la última. Basta con mirar los currículos en las escuelas. No hay nada más inverosímil que un maestro de español que no lea. Pero es la realidad que nos toca y es alarmante. El libro más reciente que se estudia fue publicado quizá hace 50 años. No tengo nada en contra de los clásicos, son necesarios, pero existe una literatura nueva más interesante y ágil que no se está enseñando. En el sistema público hay más restricciones que en el privado, pero eso no quiere decir que el último se libere de todo esto que te he mencionado.

“Me apena mucho la situación del sistema educativo de este país. Para nada a la vanguardia, en cambio muy atrás, muy de siglo pasado. No existe pertinencia entre lo que se enseña con las necesidades de los estudiantes. Existen muchos buenos maestros, excelentes, comprometidos. Pero yo he visto en muchos lugares a los que he ido a ofrecer talleres y charlas, el poco interés y el poco amor verdadero por su profesión. Cada cual se encierra, y a veces ni eso, en su materia. No les interesa aprender y llenarse de conocimiento. No asumen el riesgo que conlleva ser educador, no les gusta salirse del librito y aventurarse a más, que es lo que los estudiantes verdaderamente piden. Esto es una profesión por vocación, no es fácil.”

 

AMF: ¿Qué otros proyectos literarios tienes en proceso? ¿Nuevos retos?

JHC:Tengo como mil proyectos que estoy trabajando a la vez. Siento que no me da el tiempo para atenderlos como se debe, pero la literatura es así, antojada y dominante. Hace unos meses terminé un poemario. Lo voy a dejar descansar unos meses más, para luego revisarlo, editarlo y eventualmente publicarlo. Ahora estoy en el proceso de escribir otro y acechando las posibilidades de un cuarto. Comencé a escribir una serie de cuentos hace poco, veremos que pasa con ellos. Tengo dos novelas en el tintero. Todavía quiero ver hacia dónde las quiero llevar. Por ahora me mantengo leyendo e investigando para todos mis proyectos. Y me obligo a escribir al menos tres veces en semana.”

Esperemos las nuevas publicaciones de José H. Cáez-Romero, escucharlo en los recitales y talleres. Por el momento terminamos la entrevista, para entrar en temas de la vida, la amistad y nuestras confidencias, que no revelaremos aquí. Brindamos con una sangría por Maretazo, del que leímos una muestra:

Te hablo desde mi caricia seca, la única que conozco desde hace años. Te hablo desde el inútil intento de poseerte en mi cama, en mi cuerpo, en tu cuerpo, en tu pelo. Te hablo desde mi voz perdida en algún lugar de mi garganta, desde esta sed de palabras disparatadas, desde esta sed de palabras gigantes, minúsculas, absurdas, intensas. Te quiero intensa, te quiero perdida en mi boca, en mi nariz y mi silueta rara. Te hablo desde esta cabeza loca y redonda que traigo puesta, desde la sencillez más sencilla de tu cara sencilla y tu mirada sencilla y loca que me traga. Te hablo desde el deseo desesperado y hambriento y extraño que tengo. Esos modales caníbales con los que nazco desde las vísceras más hondas hondísimas hondonadas, oscuras y profundas. Te hablo desde la carne, la piel, la epidermis, tantos nombres. Te hablo desde mis nombres, los nombres de todos, todos los nombres, los apellidos. Te hablo desde los huesos, mis huesos, estos huesos huesados, calcificados, quebrados, desviados, invisibles. Te hablo a ti desde el espejo, desde mi mano, desde mi verga, desde mi papel, desde mi pluma. Desde el brillito en tu cara larga, mi cara morena tu cara morena clara, desde tu boca bocada, callada, absurda abismada. Te hablo desde mí por mí para mí a mí en mí, desde la rosa, desde el anamú, y la luna en tu espalda, en tu vientre, en mi vientre, en tus pies, mis pies, los pieses pisados. Te hablo con nostalgia y alegría. Te hablo para quererte con todo, con nada, conmigo, contigo, ahora, aquí, ahora, aquí, allá, aquí, en mí, en ti…en nosotros.” (José H. Cáez, del poemario Maretazo)