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“No concibo arte sin patria, sin historia, sin origen, sin sociedad, sin cuestionamiento y sin afirmación.”

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Entrevista al dramaturgo puertorriqueño Roberto Ramos-Perea

Acertado e incisivo como dardo en la palabra --más bien, ametralladora-- que no enmudece ante las injusticias, porque las conoce al ras de la sangre, intolerante ante ellas y sumamente solidario, el dramaturgo Roberto Ramos-Perea hace patria cada día desde la denuncia, la disciplina teatral y la creatividad.

Conversamos aquí sobre el arte que vivimos con intensidad, la libertad de expresión, la cultura ante nuestras instituciones gubernamentales, el teatro y el cine actual, entre tantas cosas.  Digo, conversamos, más bien escuché con deleite las disertaciones de este director mayagüezano y buen amigo al responder mis preguntas. Quien conoce su trayectoria y sus debates públicos, sabe bien de lo que hablo. Es creativamente inagotable, tan cerebral como pasional.

 

Y es que Ramos-Perea ha estrenado más de ochenta obras teatrales en Puerto Rico, y en países como Estados Unidos, España, la República Checa, Brasil, Cuba, Venezuela, Argentina, México, Chile, Santo Domingo y Japón. Sus obras han sido traducidas al inglés, al francés, al checo, al portugués y al japonés. Ha dirigido más de un centenar de puestas en escena en Puerto Rico y en el exterior y ha sido premiado por instituciones nacionales e internacionales como Casa de las Américas, el PEN Club- Puerto Rico, el Instituto de Literatura Puertorriqueña y el Ateneo Puertorriqueño.

Ana María Fuster Lavín: ¿Cómo sientes el arte? ¿Cuándo te iniciaste en el mundo del teatro y la literatura? Esas influencias y legados que nos arrastran sin remedio a amar hasta la muerte la creación artística.

Roberto Ramos-Perea: “El arte se siente en la pasión. Y es inevitable desapegarse de ella a la hora de crear. Les digo a mis estudiantes del Conservatorio del Ateneo, que crear es hacer el amor. Hay primero intriga, luego duda y miedo, luego juego, luego roce, luego mirada intensa, luego beso, luego desnudez, luego excitación, luego ardorosa penetración y finalmente un clímax volcánico de lágrimas o de risa feliz y plena.

“Esta pasión comienza a sentirse en plena adolescencia. Viene con la sed de descubrir, con la audacia del delirio y la temeridad. Mi primera obra de teatro era atrevida y sórdida. Tenía 15 años. Y como nací y me crié en un hogar espiritista, viví y crecí sin los límites entre la vida y la muerte. En esa extraña y dócil sensación de eternidad conocí que era el teatro la voz de la “boca de la sombra”, como diría Víctor Hugo. El teatro era la multiplicidad de voces en una sola, la mía. En esa sicosis generosa escuchaba las voces de los personajes, sus discursos, sus ruegos, sus penas. Y cuando me sentaba a escribirlas sentía la respiración de mis muertos queridos en mi nuca, sentía como movían mi mano y me ponían imágenes en el envés de los párpados. Comprendí, ante el reclamo de mi adorada hermana que era poeta, que no debía escribir de lo que no conocía. Comencé a leer vorazmente, a educarme en lo que no había visto nunca. A vivir en los libros y en los autores con una adicción pervertida a: Horacio Quiroga, a Víctor Hugo, a Poe, a Tapia, a García Márquez y Cortázar, a René Marqués, a Laguerre, a Paco Arriví, a Méndez Ballester, al viequense Carmelo Rodríguez Torres (que es un Dios literario para mí), a Maldonado Denis, a Albizu Campos, y a una buena indigestión de dramaturgos franchutes que conseguía traducidos en baratas ediciones argentinas: Jean Anouilh, Emannuel Roblés, Lenormand (que todavía sigue siendo mi favorito), Sartre, Camus, Adamov, Ionesco, Becket, entre muchos otros. Luego con el despertar político llegó Brecht, Behan, y toda la dramaturgia latinoamericana de los setentas y ochentas. Por supuesto, a escondidas leía a los poetas… Miguel Hernández, Dylan Thomas, Neruda, a mis hermanos de Guajana y a mi Maestro el cubano Luis Cartañá.

“Hoy me retiro a los colegas dramaturgos y ensayistas de otros países, Rodolfo Santana de Venezuela, Schmidhuber de México, Santiago Martín (hermano querido) y Fermín Cabal de España… y tantos otros hermanos que escriben de mi tiempo y de dolores comunes. ¡Y ellos me contaminan! ¿Qué cosa común me ata a ellos? Esa mezcla íntima de atrevimiento con cautela, la extraña poción de pasión y contemplación, el súbito relámpago entre pesadilla feroz y sueño húmedo. Más o menos eso.”

AMF: ¿Hay en Puerto Rico una vida cultural sólida? ¿Cómo crees que podríamos inculcarle amor por la cultura y las artes a los niños y adolescentes?

RR-P: “Claro que la hay. Hay tanta que a veces es imposible cuantificarla, o tomar su pulso para ver cuán esparcida está. Cuántos adolescentes y jóvenes me envían sus obras, me ruegan que los vaya a ver a los teatros, que lea sus poemas, sus cuentos, para que les de mi opinión. La mía, que vale tan poco, de pronto es para ellos una necesidad y me pregunto si esta pasión de juventud tiene por consecuencia una promesa de continuidad. Y creo que sí. Pero vivimos en un país lleno de traidores. Lo primero que se traiciona, por muchos de los más viejos, es la esperanza y la utopía que vive esa juventud. Hay colegas escritores de mi generación cagados de miedo por el sistema, posmodernos, alarmistas y precavidos que prefieren defender su “prestigio” antes de entregarse a un propósito noble como lo es el entusiasmo. Y muchos de ellos advienen al poder en instituciones culturales, y desde allí mismo castran a la juventud, le cierran puertas, le prohíben, los persiguen, los amenazan y los alarman con su miedo. Entonces no nos quejemos de que se rebelen.

“Y me parece urgente que se haga de la rebelión un  modo de vida. Y eso que me preguntas, de cómo inculcarle la pasión por el arte a la juventud, pues pienso que debe inculcárseles como una forma de revolución y romanticismo. ¡Creo que el romanticismo socialista todavía puede salvarnos de la cínica e inútil indiferencia posmoderna! Que hagan arte y literatura y teatro porque están realmente ENCABRONADOS de tanta mierda como le hemos echado los viejos en el camino de sus vidas.”

AMF: Hay una evidente diferencia entre el arte, los artistas auténticos (actores, músicos, escritores, artistas plásticos…) y la llamada farándula. ¿Qué opinas sobre esto? En términos de la prensa cultural: ¿le dan importancia los  medios de comunicación al teatro y a la cultura en general?

R.R-P: “La farándula es la vulgar trivialización de lo que hacemos los artistas del teatro y el cine y la televisión. Bajo la excusa barata de que hay que “bajarse” al nivel de la “masa”, no solo se le falta el respeto al público y a sus muy altos niveles, sino de inteligencia, de comprensión (y al fin y al cabo esta última vale más que la primera). Se crea la farándula y el chisme, porque hemos hecho de nuestra vida cotidiana un mierdero de carencias y complejos, y con el chisme nos sentimos menos solos, porque nos damos cuenta de que hay gente igual o peor que uno y eso es un consuelo, vulgarísimo, pero un consuelo al fin. La farándula busca alienar el verdadero sentir honesto del artista hacia su creación; creamos la farándula porque carecemos de propósito. El único es la distracción. Queremos distraernos de la misión del arte que es la penetración en el presente y el pasado. Nadie es feliz hurgando en el pasado, y el presente crudo y malsano deja un sabor amargo a la existencia. Por eso tenemos que inventar “fama”, “reconocimiento”, “estatus” y “notoriedad”. Pero hemos llegado a un nivel de valoración artística en el que Maripily tendría más significación, en términos tangibles y plausibles, que la obra de cualquier puertorriqueño que fuera candidato al Premio Nobel de Literatura. Que de hecho, ya vamos necesitando uno con ansias, para ver si elevamos un poco el nivel de la discusión pública.

“En tanto la farándula es una clara invención de los medios para hacer dinero, el artista auténtico es un soldado en guerra contra la trivialidad en medio de un campo minado de miseria moral. A veces ese artista cede, se seduce y se masturba por la portada de alguna revista, por el artículo en prensa o por alguna aparición rápida en la radio o la TV donde se elogie lo más banal y efímero de su obra, que es, por ejemplo, cuántos libros vendió, cuánta gente fue a su obra o cuánto hizo la taquilla de su película. Y para los medios puertorriqueños los criterios para juzgar el arte son aquellos que valoran lo que una obra artística produce, no lo que esa obra significa o aporta o revoluciona.

“Los medios han pagado un alto precio por fomentar esa trivialidad. El precio del poco respeto de las élites intelectuales, el Ateneo y la Academia. ¿Alguna vez has visto algún reportaje de contenido sobre una obra de teatro? Yo nunca. Siempre se enfatiza en los actores, en si el texto se refiere a algún escándalo social, si expone algún chisme, si alguien se desnuda, o si la producción es costosa o aparatosa. Para la prensa han dejado de importar los productos culturales como provocadores de confrontación de ideas o banderas de cambio, ahora a la prensa lo que le interesa, -como diría el novelista Philip Roth-, es “la costura sucia del pantie”.

“¿Excepciones? Tal vez. Algunos periodistas comprometidos en El Nuevo Día, Claridad y en Primera Hora, sí, los hay. Tal vez, en un futuro, los blogs resuelvan esta carencia aunque caigan por otra parte en el extremo de un elitismo clasista, que también los hay. Pero no olvidemos que en este momento, solo cuatro de cada diez puertorriqueños tienen acceso al internet.”

AFL: Roberto, y si además le añadimos el tema “prohibido” de la censura en todas sus manifestaciones. ¿Existe censura cultural en Puerto Rico a nivel gubernamental?

RR-P: “¡Uf!, por supuesto. Yo la he sufrido por más de 30 años. El primer agente de censura en Puerto Rico es el mismo Instituto de Cultura Puertorriqueña, donde los participantes de los programas de Teatro, de Música, Publicaciones o de Arte tienen que ser afectos al Gobierno de turno. De hecho, los mismos funcionarios del Programa de Teatro, por ejemplo, han sobrevivido a los dos gobiernos cometiendo las mismas injusticas y favoritismos ¡durante 30 años! Yo me encojo de hombros, y como yo, cientos de artistas desplazados de los merecidos subsidios del ICPR (¡que son dineros nuestros!) porque somos comunistas o socialistas y problemáticos. Hay miles de maneras de censurar, la más jodida de todas es la indiferencia. Mira el caso de la Corporación de Cine por ejemplo, donde el entreguismo al más descarado y asqueante gringuismo, mantiene en seca y orillado a lo más prometedor del cine nacional.

“En la repartición de fondos culturales del estado, en la otorgación de las salas de representación, en las juntas de selección para publicaciones, exposiciones, festivales o fondos de viajes, existe censura moral, censura ideológica, censura racial, censura religiosa y también autocensura.

“Este tema es tan amplio hermana Ana, que en este momento escribo un libro titulado Historia de la censura teatral y cinematográfica en Puerto Rico, (1511-2011). Tengo docenas de expedientes de casos comprobados y evidenciados. Junto con este libro trabajo también la Historia de la pornografía en Puerto Rico. Ambos libros trabajan directamente con el ejercicio de la censura y los espacios desde donde se produce. Y el mayor censor, el más notorio sin duda alguna, es el Gobierno de Puerto Rico.”

AFL: Y pese a todo esto, ¿Cuál es el estado actual del teatro en nuestra Isla?

RR-P: “Pregunta complicada. Depende de cuál teatro hables. Hay un teatro, mal llamado “comercial”, que ya comienza a mostrar una franca decadencia. El teatro sobre la sexualidad, -como le bautizó un reseñista- “el teatro culitético”, de culos y tetas, ya llegó a su máximo punto de hastío y ese es el teatro que mayormente se presenta en las salas del estado. Ya fracasó. Tenemos evidencia de que en los últimos 10 años, más de 300 producciones se han publicitado con el mismo concepto fotográfico: los actores desnudos detrás de una sábana, o todos desnudos en una cama, o sugerencias de posiciones sexuales. ¿Qué el sexo vende? Ya no tanto. ¿Qué público es el que convoca esa publicidad tan vulgar? ¿La mal llamada "masa”? ¿Y esa “masa” está asistiendo al teatro? No me parece.

“Por otro lado, apenas la semana pasada, tuve que virar docenas de personas que ya no cabían en la Sala del Ateneo para nuestro espectáculo de INFERNO inspirado en la obra de Dante -que no tenía ningún subsidio-, mientras obras subvencionadas con $30,000 por el ICPR no tenían ni 20 personas en sala en el Teatro Arriví. La gente está volviendo al teatro a ver “temas”. No actores, no escenografías, no música, no tetas, no culos… ¡temas! Y eso es maravilloso.

“En cuanto a la dramaturgia nacional, te puedo decir que estamos en fortaleza y consistencia. Los dramaturgos ya probados como Ramos Escobar, Canales, Marichal, Marat, yo mismo, que ya somos los de la “vieja” guardia, ven también consistencia y mucha originalidad en las generaciones “menos viejas” como Carlos Vega, Pedro Rodiz, Silvia Boffil, Miguel Diffoot, Adriana Pantoja, Raiza Vidal, Omar Torres Molina y los dramaturgos del Ateneo como Ricardo Magriñá y Jesús Aguad. Incluso los creadores colectivos como Y no había luz y Agua, sol y sereno han dado lecciones excelentes de teatro sólido y dramaturgia vital. Lo mejor de todo es que hay contenido, hay propuestas de cambio, hay exploraciones constantes y en todos estos nombres que te he mencionado hay cultura, hay Patria y hay Identidad. Y mejor aún es contarte que nuestra dramaturgia ha llegado, en el caso de Ramos Escobar a países tan lejos como Australia y en el mío, que he podido estrenar tres obras en Tokyo, Japón. ¡Esparcidos por el mundo!, ¿qué te parece?

“Con respecto al desarrollo de la actuación siguen las dos más importantes escuelas de teatro -el Ateneo y la UPR- creando actores para las filas del desempleo. Por eso, hay varios compañeros que luchan en las trincheras sindicales como Anamín Santiago, lo hacen con un gran sentido de compromiso.

“Ante lo hueco y lo vacío de un teatro oficial y “comercial” sin propósito, la gestión artística individual e independiente se impone. Esa es nuestra forma de resistir la banalidad: el compromiso.”

AFL: ¿Existe solidaridad entre los dramaturgos? ¿En el mundo cultural?

R.R-P: “Peleas generacionales siempre las habrá. Por ejemplo, aún no puedo encontrar ninguna coincidencia entre el compañero Luis Rafael Sánchez y yo, por tantas razones artísticas y políticas que no vienen a cuento pero que han sido agrias. Entre los de mi generación, las peleas se reducen a personalismos y prejuicios, pero si no hay solidaridad entre algunos, al menos hay un mínimo respeto. Otros somos íntimos amigos. Mantengo estrechas relaciones de amistad con casi toda mi generación y con mis hermanos los dramaturgos nuyoricans y puertorriqueños en EU, ¡ni te digo, es intensa y vital! La comunicación entre todos fluye hermosa y solidariamente.

“En el resto del mundo literario puertorriqueño hay una cierta actitud de bichería posmoderna entre los que promueven ese descompromiso con la Nación, esa falta de sentido patriótico, esa fracturada y negociada identidad, contra los que realmente aún creemos que la Nación, la Patria y la Identidad son vitales para nuestra existencia. Quien no lo entienda así porque en su alma no hay un pueblo, ¡que no joda a los que sí lo tienen! Vivimos en una cochambrosa colonia, pero somos Nación. En estas peleas se debaten cinismos destructivos -agudos e interesantes-, pero de terribles despropósitos. La reciente pelea entre los poetas Marcos Reyes Dávila y Alberto Martínez Márquez pudo ser interesante, pero devino en personalismos y burlas cuya víctima final fue la propia Literatura Nacional y hasta la imagen del propio Maestro Albizu cayó en la insensata refriega. En mis lanzas contra Mayra Santos Febles y Edgardo Rodríguez Juliá tengo claro mi derecho a defender la Identidad que nos alienta y que ellos niegan con desparpajo, justificados por su “libertad” como escritores. Vale, por esa libertad yo mato; pero no confundamos disidencia con irrespeto. Podemos ser agudos, cínicos y hasta procaces, no creo que nadie se escandalice por eso, pero transferir el irrespeto personal al irrespeto por la Nación es intolerable. A quien hay que irrespetar es al poder del Estado, al que niega la Nación, al que la humilla y la atropella. Ese no merece ni nuestro escupitajo. Pero el que la defiende, de la manera que sea, el que evita la disolución, el que lucha contra el fracaso, aun cuando no lo haga al gusto, sino merece el mínimo respeto, al menos cállese la boca.”

AFL: ¿Y qué hay del cine en Puerto Rico? Se ha hecho buen cine en Puerto Rico, aunque tímidamente, podemos ver más producciones puertorriqueñas en las carteleras del cine comercial. ¿Cuál es el panorama de nuestro cine local? ¿Qué trabas crees que existen para que no haya una mayor producción y difusión?

R.R-P: “Escribí un libro titulado CINELIBRE, (incluido en 4 ensayos jodidos y una obra de teatro. Eds. Puerto, 2012) donde esbozo mis ideas sobre este tema. En resumen te cuento que nuestro cine tiene un gran problema, y es que quiere parecerse al cine gringo. Eso hace que el cine puertorriqueño contemporáneo carezca de sentido, propósito, identidad y pertinencia.

“La traba más importante, -de muchas que existen- es el modelo gringo en el que se produce. Estamos haciendo cine de $100 millones de pesos, con apenas $5,000. El estado propone modelos de producción, mercadeo y distribución que no están a la par con nuestra realidad de producción. Muchos cineastas padecen de “disociación cognoscitiva” y creen que caminan por las calles de Hollywood cuando en realidad caminan por las callejones del viejo San Juan. El modelo gringo lo tenemos entronizado en la cabeza desde que somos chicos.  Aquí en Puerto Rico se cree que las películas son buenas cuando venden muchas taquillas. Yo he hecho cinco películas y mi mayor inversión en ellas ha sido de $5,000 y el amor de mis amigos. Y como me he cagado en los óscares, en los premios y en esos modelos, puedo decirte que mis películas sí han tenido éxito y han sido más vistas que las películas puertorriqueñas que han entrado en el circuito de Caribean Cinemas y se hayan creído el cuento de la alfombrita roja y la marquesinita del Mall.

“No hay distribución, no hay publicidad competitiva con el cine americano, y lo peor de todo, no hay una cultura cinematográfica que enfatice en lo Nacional. Por el contrario el Estado, para prestarte dinero te exige “universalidad”, “profesionalismo” (lo que eso sea), nada de cruda realidad social o política, sino la antisepsis de un país que no existe. La traba de nuestro cine son los jodidos gringos y su visión capitalista, barata y pueril de lo que es el séptimo arte y nuestra incapacidad de liberar el nuestro de esa apestosa influencia.”

AFL: ¿Y cuál quisieras que fuese tu mayor legado a nuestro país?

R.R-P: “Estudiantes con conciencia. Revolucionarios. Jóvenes atrevidos y audaces. Mentes liberadas, teatro libre, cine libre, Ateneo libre, alma y espíritu libres, poder sembrar atrevimiento, audacia, coraje y universos de pasión y fuego creador. Que cada cosa que yo haya hecho sirva a la Nación, a la Patria, al único e insobornable sentido de puertorriqueñidad que a la larga me definirá ante las demás Naciones del mundo. Como dijo Unamuno, “cuando uno es de su país, es de los países todos”. Que algún día se celebre, no mi persona, sino mis dramas, mis películas, mis libros, como señal de una soberana y magna afirmación. No concibo arte sin patria, sin historia, sin origen, sin sociedad, sin cuestionamiento y sin afirmación. Ser celebrado, halagado o premiado por eso, es suficiente para que uno sienta que dejó ese “legado” que dices. Que se diga que mi obra es, porque mi Patria es. No necesito nada más.”

Nos despedimos, por poco tiempo, pues día a día, hay que darle al debate cultural, leer, escribir, promover nuestro arte, denunciar, crecer y construir. Agradezco al amigo y director Roberto Ramos-Perea por la tertulia virtual.

Otros datos biográficos sobre ROBERTO RAMOS-PEREA

Mayagüez, Puerto Rico (1959). Dramaturgo, actor, director de escena, historiador y crítico del teatro y el cine puertorriqueño. Cursó estudios de Dramaturgia y Actuación en el Instituto Nacional de Bellas Artes de México, D.F. y en la Universidad de Puerto Rico. Es Director General del Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño. Es, además, Rector del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo.   En 1992, el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid, España le otorgó el Premio Tirso de Molina a su obra Miénteme más. La obra se estrenó y se publicó en España. En ese mismo certamen, su obra Morir de Noche, quedó entre las seis finalistas escogidas para el premio.
Morir de Noche fue seleccionada la Mejor Obra Teatral Puertorriqueña de 1996 por el Círculo de Críticos de Teatro de Puerto Rico. Su obra Besos de Fuego recibió Accésit en el Certamen de Teatro de Los Hermanos Machado en Sevilla, España en 2002 y fue estrenada en Brasil y la República Checa. Mientras su monólogo Nosotras lo hacemos mejor, se ha estrenado en más de 15 países. Su obra Avatar fue estrenada en el Teatro X de Tokio, bajo la dirección de Mitsumi Mori.
Ha dirigido y escrito las películas puertorriqueñas: Callando amores (1996), Revolución en el Infierno (2004), Después de la Muerte (2005) e Iraq en mi (2007) y el largometraje documental Tapia: el primer puertorriqueño (2009) Publicó: el volumen de cuentos Sangre de niño (1976) y los ensayos Perspectiva de la Nueva Dramaturgia Puertorriqueña (1989),  Teatro Puertorriqueño Contemporáneo 1982-2003 (2003) y el libro Literatura Puertorriqueña Negra del Siglo XIX escrita por Negros (2009). Publicaciones Gaviota editó su Teatro Escogido en siete volúmenes. Ha escrito una docena de libros de ensayos históricos y críticos sobre el teatro y el cine puertorriqueño.

Escenas del teatro de Roberto Ramos-Perea :

 


http:www.youtube.com/watch?v=D4sWFj3N98A