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Osario de Vivos y los narco… en Puerto Rico

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altGean Carlo Villegas, joven escritor emergente, nos sigue vislumbrando en su incursión en la literatura contemporánea puertorriqueña. En esta ocasión se trata de su primera novela, Osario de Vivos (Terranova Editores, San Juan, 2013). Ya en otro momento habíamos reseñado en esta sección sus cuentos Post Retro y Sub-Post Retro (Editorial Dictatorial, San Juan, 2012). Hoy nos toca examinar esta nueva apuesta del escritor Villegas.

La trama es sencillamente común: un residencial, una pareja de mujeres (Jossie y María) las cuales viven con el hijo de la última (Cristian). María y Cristian son víctimas inocentes del trasiego de drogas el cual ya había llevado a Jossie a cumplir cárcel por no delatar a sus compinches. En recompensa, el Sindicato (nombre del colectivo anónimo detrás de la industria de drogas), las reconoce con un apartamento todo organizado en un residencial público (caserío) de San Juan. Esta situación parece normal, pero el autor nos va narrando que Jossie tiene una vida normal, aunque está al servicio del Sindicato.

La obra entonces se desarrolla desde la lejanía del narcotráfico, y en la residencia de los tres. Allí pasan cosas ocurrentes de la vida de los pobres. Pero la más interesante es cuando María y su hijo Cristian se dedican a leer la Charca de Manuel Zeno Gandía. Esta obra cumbre de la situación social de Puerto Rico del siglo 19, se traduce a una lectura no interpretada por los personajes de la misma. Por momentos pensé que la mención a la Charca nos llevaría a tener una interpretación más fiel a la obra en la vida real de la novela. Pero esto no se dio. Se trató de una mención que pasó desapercibida o no integrada como uno esperaría.

No obstante la obra tuvo algo mucho más cercano al filme Romeo & Julie (Dir. Baz Lurhman, USA, 1996) donde se narra la vida del trasiego, el narcotráfico y la violencia, a través de una interpretación libre de la obra clásica Romeo y Julieta de William Shakespeare. En todo caso la novela tiene mucho de drogas, narcotráfico y una violencia que nunca se detiene.

Ahora bien, le reconozco al joven escritor Villegas una capacidad de narración interesante y agíl. Ahí tiene grandes aciertos, atributos y futuro. En lo que no pude vincularme a la obra, es en la manera no profunda de aproximarse al tema. Es decir, esta obra trabajo más desde la literatura pulp de los EE.UU, que desde una narrativa caribeña que explora la complejidad de la psiquis de los humanos. AL final siempre supe que dos mujeres vivían juntas, y estaban metidas de una forma u otra en la cultura del trasiego de drogas. Lo que nunca súper es por qué. Nunca se explicó las complejidades en la mente de esas mujeres, como del niño que estaba viendo el tema de la droga-violencia tan de cerca.

Al final en la novela, Jossie es recontratada por el Sindicato para asesinar al secretario de vivienda pública de Puerto Rico. ¿Que qué? No sabemos porque, pero se lo “limpiaron”.

En fin, tal vez la obra opera mucho más como los prejuicios del joven escritor, ascendente en la escalera de los valores clase-media boricuas, que en la real fuerza y naturaleza de la pobreza, el vicio y la subsistencia de los pobres. Hay algo desfasado entre autor y obra en este sentido.

Dicho lo anterior, yo sigo apostando a Gean Carlo Villegas, pues en las obras que he leído escritas por él, veo otro futuro y desarrollo. Hay que prestarle atención a su pluma y escritura. Si tienen tiempo lean Osario de Vivos, es decir el campo santo donde depositan los huesos, aunque usted se pueda imaginar que en la vida real la violencia del narcotráfico es aún peor.