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Presencia canaria en el pueblo de Lajas, Puerto Rico

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Lajas es hija de las Islas Canarias. La influencia isleña se permea  a través de su historia y tradiciones, pero es aún más visible en la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria y de San Blas, santos a los cuales los fundadores del pueblo lo consagraron.

El pueblo de Lajas comenzó a poblarse alrededor de 1720. Las primeras familias en ubicarse en el Valle de Lajas procedían de las Islas Canarias. Es un descendiente de canarios quien funda la Ciudad Cardenalicia, don Teodoro Jácome Pagán y Cancel.

Don Bartolomé Jácome, abuelo de don Teodoro, había llego de las Canarias  a principios del siglo XVIII, fallece en 1762. Don Teodoro Jácome Pagán y Cancel  nació en el sector el Cerrete en el Barrio Sabana Yeguas en 1766. Contrae matrimonio en 1803 con su prima, doña Juana Antonia Nazario. Es este matrimonio descendiente de familias canarias, quienes donaran los terrenos para que se funde la ciudad de la piña cabezona.

Conocemos la idiosincrasia lajeña estudiando nuestros orígenes isleños.

Las Islas Canarias es un archipiélago de origen volcánico cercano a la costa de la África sahariana. Está integrada por siete islas principales: Gran Canaria, Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura.

Conocidas en la antigüedad por fenicios, griegos y romanos, la historia de Las Canarias pudiera haber pasado desapercibida sino es porque Plinio el Viejo, para el año 40 AC, las cita en referencia a un viaje que realiza el rey Juba II de Mauritania a ellas. Plinio las llama Fortunatae Insulae o Islas de los Afortunados. El nombre de Canaria también es citado en este documento haciendo referencia a dos mastines que los enviados del rey capturaron en la Isla de Gran Canaria. Hoy día, sin embargo, la teoría es que el nombre de las Islas deriva del etnómino norafricano canarii, grupo bereber que se ubicaba en la zona noroccidental africana.

La población encontrada por los europeos en las Islas, los guanches, era de origen bereber. Existen dos teorías sobre el poblamiento de las Isla, la primera es que los habitantes fueron llevados probablemente por los fenicios y los romanos. La otra teoría propone que el poblamiento isleño es el resultado de olas migratorias producidas por la desertificación progresiva del desierto del Sáhara y las presiones generadas a raíz de la llegada de los romanos al norte de África.

El conocimiento sobre la existencia de las Islas desaparece del contexto europeo por mil años a partir del siglo IV. En el siglo XIV, las Canarias son redescubiertas por marinos portugueses, mallorquines y genoveses. Los mallorquines establecieron un obispado en Lancerote entre los años 1350 al 1400. Castilla conquistó las islas para 1496.

El Reglamento Real de 1718 crea una migración forzada pues establece que por cada cien toneladas de mercancía enviada a América deben emigrar cinco familias. La orden intentaba consolidar el poder español en sus colonias y mantener un flujo constante de nuevos pobladores “blancos” en las regiones del imperio. Los canarios enriquecieron y fortalecieron las poblaciones del estuario del Río de la Plata (Uruguay-Argentina); San Antonio en Texas, Florida, Cuba, Luisiana, California y Puerto Rico.

 A donde quiera que fueron, los isleños llevaron consigo sus costumbres, tradiciones y festividades, principalmente la fiesta en honor de Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de Canarias, la diosa Chaxiraxi, madre de los guanches en su sincretismo cristiano y la segunda advocación mariana más importante en América, luego de la Virgen de Guadalupe. También trasladaron su devoción por San Blas, fiesta que se celebra el 3 de febrero, luego de la Candelaria que es el 2. Los canarios llevan  el cordón de San Blas, un hilo al que los devotos le atribuyen la capacidad de proteger de las enfermedades colgado al cuellos, alrededor de la muñeca, en una prenda de ropa a buen recaudo en la cartera, o donde sea y es quemado el 3 de febrero en la Plaza de Santo Domingo, en el Barrio de la Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria; y  la de Santa Rosa de Lima en La Gomera, porque desde Canarias zarpó Cristóbal Colón para descubrir América.  

 

La presencia guanche entre los puertorriqueños se acentúa con los estudios de ADN mitocondrial que han demostrado que la población de Puerto Rico tiene un alto porciento taino (61.1%); subsahariano (26.4%) y solo un 12.5%   de origen europeo. El alto porciento subsahariano nos induce a entender cuán importante han sido los isleños en la formación del ente puertorriqueño.

Entre las primeras familias canarias que se establecieron en Puerto Rico podemos identificar a las apellidadas: Acosta, Morales, Mora, Martínez, García, Vera, Amador, Correa, Osorio, Moya, Alonso y Lorenzo.

En Lajas encontramos Acostas en los barrios Lajas Arriba, Sabana Yeguas, Lajas y en Santa Rosa, nombre de barrio asociado a la devoción canaria a la santa peruana. Hallamos Morales, Martínez y García en el Barrio Candelaria, nombre que honra a la Virgen y Mora en La Haya y en La Parguera.

Entre las familias canarias de Lajas, una de las familias más conocidas los Acosta. Los Acosta llegaron a Lajas durante el siglo XVIII. Una nueva oleada de parientes llegaron a  principios del siglo XIX, alrededor de 1840.

El tronco de la familia Acosta lajeña está conformado por Marcos Acosta y Dionisia Vélez. El matrimonio se ubicó en el Barrio Lajas Arriba de la Villa de San Germán (hoy un barrio de Lajas). Para ese entonces, existía un asentamiento de aborígenes taínos cercano a su ranchería. Estos nativos vivían en cuevas o en casitas de paja llamadas bohíos. Los archivos parroquiales indican que Marcos y Dionisia tenían por lo menos dos hijos Santiago, padre de los Acosta de Santa Rosa y Sabana Yeguas y Eustaquio, padre de los de Lajas Arriba y San Germán. Un tercer hermano dio origen a los Acosta de Cabo Rojo.

Santiago Acosta emigró a Maricao donde el gobierno español le cedió una finca en el barrio Indiera Alta, entonces pertenecientes también al Partido de San Germán.

Santiago contrajo matrimonio con Ramona Ortiz de Santiago, hija de un canario que había llegado a Lajas y de una descendiente de taínos. En Maricao le nacieron dos hijas Jovita (1859) y Matea (1862). Luego del Grito de Lares la familia regresó a Lajas. En Lajas le nacieron  seis hijos más. Inés (n.1870), José Francisco (n. 1871), Eustaquio (n.1879), Isidro (n.1880), Gerónimo (Gabino, n.1882) y Lucas (n.1885).

Santiago Acosta enviudó y casó en segundas nupcias con una señora de apellido Torres, con la cual tuvo tres hijos Francisco (n.1889), Gil (n.1893) y Juan José (n.1895).

Los Acostas se integraron a las diversas comunidades existentes en Lajas. Se casaron con hombres y mujeres de diferentes saberes y han dejado una huella perdurable en la historia de la Capital Cultural del Suroeste.

El Clan Acosta ha contribuido al acervo cultural lajeño en diversidad de profesiones destacándose como maestros, trabajadores sociales, escritores, políticos, músicos, actores, pintores, diseñadores y comerciantes, entre otras.

Algunos de los descendientes de Santiago Acosta y Ramona Ortiz que han aportado al desarrollo sociocultural y económico de Lajas son: el pintor Edgard Acosta;  el escenógrafo y pintor Pedro A. Jusino Lugo;   las artistas y maestras de Arte, Migdalia y Juana Norma Jusino Acosta; los educadores Ramona Acosta Santana, Enrique Ortiz. Estela Asencio, Rubén Asencio y la además escritora, Luz Hernández; la empresaria Carmen H. Jusino Acosta; el gestor cultural Félix M. Cruz Jusino;   la contadora y líder cívico Nancy Vargas Acosta, el actor de Hollywood y Broadway, Renoly Santiago Jusino; el historiador Pablo L. Crespo Vargas; el ex alcalde Walter Vélez Ramírez; las líderes cívicas Karla Bracero Acosta, Francheska Acosta, Delia Rodríguez Acosta; el músico Leopoldo Acosta y Carlos González Acosta “Cayín”; la investigadora colombina Asela Rodríguez de Laguna; los religiosos Hna. Luz Leida Visot Acosta, padres Edgardo Acosta y Francisco Acosta y muchos más.

El Dr. Pablo L. Crespo Vargas asegura que “la familia Acosta estimula la creatividad, la educación, la laboriosidad y la honradez como valores importantes para el desarrollo humanístico del individuo. En su visión, el primer compromiso de todo ser humano debe ser su familia. Una familia ejemplar estimula a otras a emularlas. Familias saludables, holísticas y comprometidas con la sociedad transforman las comunidades. Luego, el ente fortalecido con la experiencia familiar se integra a la sociedad y se convierte en gestor de transformación y creatividad humana que genera pautas que estimulan la inversión en la comunidad, creando movimientos filosóficos, económicos, educativos, políticos que  impactan positivamente a los pueblos. La mayor contribución de mi familia a Lajas es la formación de hombres y mujeres conscientes de su compromiso comunitario que sirven de vectores para el desarrollo de comunidades holísticas e integradas con la gestación del bienestar común”.

Los Acosta es un ejemplo del compromiso de una familia puertorriqueña, producto del mestizaje de culturas, con el pueblo que aman y consideran su hogar.