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Antón Carabalí y Pablillo: Un asesino en serie y su diablillo

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Las relaciones o causas de fe de la Inquisición española son una fuente importante para la historia de las regiones donde esta tuvo jurisdicción. El Caribe hispano, como parte de los territorios del Imperio Español tuvo un tribunal inquisitorial en el puerto de Cartagena de Indias. Este fue fundado en el 1610 y estuvo en funciones hasta que la zona se independizó en 1811. Los rebeldes dando rienda suelta a sus deseos de revanchismo llegaron a la sede inquisitorial quemando todo documento y destruyendo cualquier símbolo representativo a la institución. Esto lleva a los historiadores a tener que localizar los documentos inquisitoriales de nuestra región en el Archivo Nacional de Madrid.

Uno de los casos que más llama la atención, dentro de los procesos del siglo XVII fue la causa de Antón Carabalí, encontrada en el libro 1020 de la sección de la Inquisición. Antón era un esclavo nacido en África, específicamente en algún lugar entre la región de Calabar (suroriente del actual Nigeria) y del actual Camerún. Su apellido denotaba su origen étnico.

En el 1628, Antón tenía una edad aproximada de cincuenta años. Su dueño era un hacendado que tenía residencia en la ciudad de la Habana, llamado Luis de Soto. Antón había adquirido cierto prestigio en su hacienda debido a que conocía de yerbas curativas y era consultado como curandero, tanto por negros como por blancos. El oficio de curandero era uno donde el practicante, aparentemente, tenía conocimiento de las artes mágicas. Esto llevó a que en la eventualidad nuestro protagonista fuera consultado para otros asuntos de importancia dentro del sentir religioso popular, tales como los males de amor, la preparación de conjuros para ganar los juegos de azar, el adivinar el futuro, el indicar donde se encontraban las cosas perdidas y personas desaparecidas.

Antón también tenían su lado oscuro; ya que hubo consultas para eliminar contrarios, solicitar hechizos y conjuros para la formación de males de ojo; además, tenía la supuesta capacidad de identificar brujas maléficas. La fama de Antón duró por trece años, hasta que un grupo de personas llegaron al comisionado de la Inquisición en la Habana acusándolo de hechicero y de brujo. Luego de comenzado el proceso de investigación se llegó a recopilar la testificación de veintiún individuo.

En un principio Antón negó tales acusaciones pero bajo la presión inquisitorial y el temor a una posible ronda de torturas decide confesar sus pecados de fe. Comienza aceptando haber preparado pócimas para asesinar personas, algunas por encargo, otras como parte de los ritos que él y su secta de adoradores del demonio realizaba. Antón ingresó a la secta demoniaca por medio de una mulata llamada Isabel, quien luego de convencerlo le untó un ungüento verde en las axilas, los codos, los muslos, el pecho, los pies y las manos, el fin de esto era que pudieran volar hasta el aquelarre o centro de adoración al diablo. Allí Antón, luego de un proceso de aprendizaje, fue iniciado, teniendo que renegar de Jesucristo, pisotear una cruz, besando el trasero del demonio mayor, quien estaba en forma de macho cabrío, participando de un festín de carne humana y realizando sodomía con otros brujos y brujas.

Como parte del proceso se le asignó un demonio, quien era mitad hombre (parte superior) y mitad gato, su nombre era Pablillo. Entre los deberes de este demonio estaba el acompañar al brujo durante sus fechorías, darle consejos y ayudarlo a desarrollarse en las artes maléficas. Debemos mencionar que el tal Pablillo tenía la facultad de convertirse en un hombre de cuerpo entero para poder estar junto a Antón cuando este se encontraba en público.

Pablillo se encargó de perfeccionar las técnicas maléficas de Antón, entre ellas lo ayudaba a buscar víctimas a quienes se les chupaba la sangre en el proceso de asesinarlas. No solamente los cuerpos eran entregados en ofrenda, sino que la sangre que no era chupada debía ser llevada en calabazos como parte del ofrecimiento. En total, Antón confesó haber asesinado ciento dos personas. En una ocasión, Antón no llevó un cuerpo cuando le correspondía y el macho cabrío le solicitó a Pablillo que los azotase con un rabo de toro.

Comenzado el proceso inquisitorial, Antón fue llevado a la cárcel secreta, estando allí, el tal Pablillo se le apareció para ayudarle a escapar. Según la declaración, Pablillo removió una cruz de hierro colocada en la ventana para que nadie escapara y luego ayudó al reo a bajar ya que la celda se encontraba en un segundo piso. Días después fue encontrado y llevado nuevamente a la cárcel.

Al final del proceso, Antón dijo que el demonio le había engañado en todo momento y que él estaba arrepentido de su pecado de fe. Los inquisidores decidieron reconciliarlo al cristianismo, perdonando sus pecados, otorgándole una pena de doscientos azotes y cárcel de dos años, aunque fue recluido en el colegio de los Jesuitas para ser instruido en la fe cristiana de manera correcta. Por último, la Inquisición solicitó que su amo, Luis de Soto, vendiera a Antón en Cartagena de Indias ya que no se le permitiría salir más de la ciudad.

Este y otros casos fueron parte del estudio investigativo realizado para la obra El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitad del siglo XVII, un estudio sobre el imaginario, que la población del Caribe hispano desarrolló en el sincretismo religioso de la región, sobre la figura del diablo y los demonios.