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Isabel Noble: Una hechicera portuguesa en el Caribe

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El 2 de febrero de 1614 se efectuó el primer auto de fe del Tribunal Inquisitorial de Cartagena de Indias. Fue todo un acontecimiento que llenó de júbilo a los funcionarios gubernamentales de dicha ciudad. En ese momento, la Inquisición española llevaba cuatro años establecida en lo que era considerado uno de los principales puertos españoles en el Caribe. Este auto de fe o procesión de acusados por delitos en contra de la fe buscaba presentar a la Inquisición española como la primordial institución de la monarquía, estableciéndose ante todo poder secular como el principal instrumento de control social de los reyes de la casa Habsburgo. Ese día se presentaron treinta y seis acusados, de los cuales cuatro fueron por hechicería y uno por brujería.

Una de las causas presentadas fue la de Isabel Noble. Esta mujer había llegado junto a su esposo desde su natal Portugal. Ellos, al igual que miles más, emigraron buscando riquezas, prosperidad y bienestar en el Nuevo Mundo. No obstante, esto para muchos era únicamente una quimera, ya que las Indias eran un lugar inhóspito, lleno de peligros, donde cada colonizador debía asumir una serie de riesgos para lograr las ganancias deseadas, que en muchas ocasiones nunca se daban.

El caso de Isabel fue uno lamentable. Su esposo, viéndola como una carga, decide seguir un rumbo aparte, dejándola prácticamente en la soledad y la pobreza en Cartagena de Indias. Su excusa, irse al Perú buscando riqueza y dejando la promesa de que algún día la mandaría a buscar o regresaría lleno de joyas y oro que disfrutaría con su amada esposa. La realidad fue otra, Isabel se había quedado sola, sin nadie a quien recorrer, desamparada y desesperada. Con cuarenta y ocho años de edad no tenía muchas opciones para sobrevivir en un ambiente lleno de crueldades y sinsabores. Su única opción era buscar un oficio donde pudiera ser reconocida, valorada y que le diera un ingreso recurrente con el que pudiera vivir bien. La prostitución no fue una opción a escoger. El oficio de celestina le venía mucho mejor.

En un principio pudo establecer una gran clientela, quienes le solicitaban todo tipo de conjuros y brebajes dirigidos a solucionar los problemas y males del amor. Se especializó en la invocación de palabras de consagración; el uso de diversos elementos tales como el agua, sal y habas, entre otros; la realización de casamientos; y el hacer regresar maridos perdidos. Nos suena curioso esta última, conociendo que ella misma tenía a su esposo en tierras lejanas y sin conocer su paradero. Pero debemos recordar, que dentro de estas creencias se dice que quienes tienen dones mágicos no los pueden utilizar a su favor, el hacerlo los autodestruiría.

Por lo visto en su proceso, la magia que Isabel utilizaba, si tuviera que ser catalogada, tendríamos que indicar que era una de tipo blanca o buena, ya que en ningún momento se menciona algún uso maléfico de sus hechizos. Sin embargo, no todo le salió bien. Algunas de sus clientas no quedaron satisfechas y llevaron sus quejas al inquisidor, quien rápidamente la mandó a encarcelar. En su juicio se presentaron dieciocho testigos todas alegando la diversidad de hechizos que la acusada utilizaba.

Su condena fue ser expuesta a vergüenza pública y destierro de las Indias, en otras palabras debía regresar a Portugal. A su beneficio, la Corte Suprema Inquisitorial en Madrid revoca el destierro, por lo cual puede mantenerse en la región. Sin dinero y si mucha salida, Isabel retoma su antiguo oficio sabiendo que una segunda sentencia la podría llevar a la hoguera. Es por esto que en esta ocasión trata de permanecer en el anonimato, acción que también la lleva a cambiar sus métodos de operación, ya que comienza a invocar diversos demonios, entre ellos a Satanás, Barrabás y al Caifás (los dos últimos eran nombres referentes a personajes bíblicos que eran comunes en la época para denominar demonios). Esta acción nos indica que Isabel tenía una clientela diferente a la que originalmente solicitaba sus servicios. En este sentido podemos ver que su magia tomó, en parte y por necesidad, un enfoque malévolo. En el 1622 es llevada a juicio gracias a la testificación de tres mujeres que sintieron que sus pedidos no fueron atendidos satisfactoriamente. Los inquisidores reprendieron gravemente a la portuguesa, la condenaron a 100 azotes y fue desterrada de manera perpetua e irrevocable de Cartagena de Indias.

Los datos sobre el proceso de Isabel Noble se encuentran en el Libro 1020 de Relaciones de Fe del Tribunal de Cartagena de Indias, Sección de la Inquisición, en el Archivo Histórico Nacional en Madrid. La reseña de su vida puede leerse en La Inquisición española y las Supersticiones en el Caribe hispano, siglo XVII (Editorial Akelarre, 2011) y en El demonismo en el Caribe hispano: Primera mitad del siglo XVII (Editorial Akelarre, 2014).