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A cincuenta años de la independencia de Argelia: La conexión caribeña

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Este año 2012 se cumple el medio siglo de la proclamación de la independencia de Argelia. Es indiscutible que, con sus particularidades y errores, sus aciertos y oportunidades perdidas, el proceso argelino no fue solo un gran logro para su pueblo, sino un modelo a imitar, frecuentemente de forma acrítica y poco adaptada a la realidad, para múltiples movimientos políticos revolucionarios o de liberación nacional. En la línea de la apelación del Che a "crear muchos Vietnam", aquellos que idealizaron el proceso revolucionario argelino lo consideraban un eslabón en la cadena emancipadora iniciada en Vietnam, continuada en Cuba y, que, tras Argelia, se extendería por todo el planeta. Así, los retratos de personalidades como Ho Chi Min, el Che y Ben Bella aparecieron en los dormitorios de los jóvenes contestatarios, en las manifestaciones universitarias y en las sedes de algunos partidos políticos, e inspiraron a independentistas vascos#, a estudiantes del mayo del 68 o al Ejército Rojo Alemán, tanto o más que a los guerrilleros en Latinoamérica, África o Asia. Argelia o el Che iluminaban el porvenir, apuntaban la ruta a seguir...

La sensación de equiparación y aparente continuidad entre esas luchas emancipadoras, aunada a la cooperación entre varios de esos movimientos, sugería una identidad de situaciones, luchas y proyectos políticos, algo muy lejano de la realidad. En efecto, las situaciones y procesos políticos fueron variadas, aunque en esos tres países emblemáticos se combinaron en diferentes dosis el antiimperialismo, el nacionalismo que pretendía la liberación nacional y la apelación a una revolución con consignas de tipo socialista. En todos los continentes se imitaron los modos de organización, el recurso a la violencia como método principal de lucha (la “guerra revolucionaria”), incluso se transpusieron los análisis ideológicos de esos procesos políticos a situaciones muy diferentes de las originarias. Ése es el origen de lo que se ha denominado “tercermundismo” de ciertos movimientos revolucionarios o nacionalistas que aparecieron en el Primer Mundo durante los años sesenta del siglo XX#. Finalmente, no se puede obviar la importancia del memorable film La Batalla de Argel (1965), que ha sido considerado, tanto por partidarios como adversarios de los movimientos armados revolucionarios, como una gran fuente de información e interpretación de su funcionamiento, así como de las modalidades de su desactivación y desarticulación (de alguna manera, tanto Al-Qaeda como Guantánamo son herederos del largometraje de Pontecorvo). Veamos algunas de las conexiones significativas que se establecieron por aquel entonces entre el Caribe y Argelia.

Fanon y el tercermundismo

"Es en Argel donde va a surgir un poco la idea tercermundista, del Tercer Mundo, por la influencia que tuvo allí Franz (sic) Fanon de un grupo de gente de izquierda con estas concepciones un poco antisoviéticas, un poco arabistas"#

Las actitudes críticas respecto a la Unión Soviética que describe el cubano Jorge Serguera no eran excepcionales entre los gobiernos y movimientos revolucionarios del Tercer Mundo. La Unión Soviética y Estados Unidos favorecieron la independencia de las colonias europeas a partir de la Segunda Guerra Mundial. En varios casos, por ejemplo en el Mundo Árabe, se trataba de cumplir con las promesas hechas a los pueblos de Asia o África: La colaboración con el esfuerzo de guerra en contra de Alemania y sus aliados, haciendo oídos sordos a las promesas de libertad hitlerianas, sería compensada a los colonizados, pues obtendrían la libertad cuando llegase la paz (en eso pensaban los argelinos que enarbolaron su bandera mientras celebraban la consecución de la paz en mayo de 1945, pero encontraron la muerte a manos del ejército y los colonos franceses#). El derecho a la autodeterminación fue incluido en las nuevas reglas del juego y en la máxima institución que las simbolizaba: Las Naciones Unidas. Finalmente, las dos superpotencias mundiales coincidían en desear el desmantelamiento de los antiguos imperios, derrotados o debilitados a causa de la guerra, para así reforzar su papel hegemónico frente a estos e influir directamente en los formalmente independientes, pero jóvenes y débiles, nuevos Estados.

Acabada la guerra, y retomando parcialmente una política exterior que se había visto truncada por el ascenso de Stalin y sobre todo por el pacto germano-soviético, la Unión Soviética volvía a presentarse como una fuerza mundial antiimperialista, solidaria de las luchas populares y de los movimientos de liberación nacional. Sin embargo, a la hora de la verdad, los soviéticos no tuvieron una actitud tan decidida ni comprometieron tantos recursos como los revolucionarios pretendían. En primer lugar, los prejuicios, unidos al complejo de superioridad y a una interpretación dogmática del marxismo, les llevaron a dudar que una revolución socialista auténtica pudiera darse en los países subdesarrollados de África, Asia y Latinoamérica. Asimismo, la Unión Soviética en la práctica privilegiaba sus intereses en Europa en una estrategia que era más defensiva que ofensiva, que prefería en el Tercer Mundo una intervención más indirecta (formación de técnicos y dirigentes, ayudas económicas, asesoría militar, venta de armamento) que directa (envío de tropas)#.

La actitud descrita pareció a muchos revolucionarios una decepción, cuando no una claudicación, de manera que muchos de ellos, incluyendo los cubanos tras la famosa crisis de los misiles (1962), comenzaron a criticar ese tipo de política y a proponer, a veces practicar, una mayor autonomía respecto a la Unión Soviética. Todo ello tuvo como consecuencia una retórica de confrontación directa frente a los imperialismos y una más decidida solidaridad con los movimientos emancipadores de todo tipo. De ahí surgiría lo que se denominó el tercermundismo y, en parte, el movimiento de los No-Alineados, el cual englobó a muchos países independientes que, pretendidamente revolucionarios y socialistas o no, quisieron estructurar una política exterior independiente de las grandes potencias, pero que era mayoritariamente antiimperialista y solidaria respecto a aquellos que luchaban todavía por la independencia.

Frantz Fanon nació en Martinica, estudió en la capital de la metrópolis, París, y trabajó como psiquiatra en Argelia, entonces colonia francesa, aunque oficialmente parte de la República como departamentos integrantes de ésta. Fue muy crítico respecto a la actitud, pretendidamente científica, de sus colegas en la caracterización y tratamiento de los argelinos musulmanes. Denunció el carácter estereotipado, discriminatorio y racista de las descripciones psiquiátricas al uso, al tiempo que proponía una explicación diferente. En efecto, para Fanon, mucho de lo "anormal", cuando era real y no prejuicio, era de hecho una consecuencia de la colonización, de la experiencia de violencia, discriminación, minorización, deshumanización y desposesión que sufrieron la inmensa mayoría de los argelinos. Consecuente con sus palabras, el martiniqués se unió al Frente de Liberación Nacional argelino y fue uno de sus portavoces. La identificación de Fanon con la causa argelina llegó al nivel de que, sabiéndose mortalmente enfermo, solicitó que su cuerpo fuera trasladado al país africano y enterrado en un pueblo liberado, todo lo cual ocurrió en 1961, dos años antes de la declaración oficial de la independencia#.

Más allá de su valía y compromiso personal con la emancipación argelina, Frantz Fanon aportó, desde la experiencia y el trabajo in situ con las víctimas de la colonización y de la Guerra de Argelia, una esclarecedora interpretación del colonialismo, de la experiencia del colonizado y de las lógicas de base racista subyacentes, aquellas que incluso condicionaban el proceso de liberación. Menos conocidas son las advertencias del autor caribeño acerca de los peligros que acechaban a la nueva sociedad, del carácter incompleto de la liberación si no incorporaba a las mujeres, rompía con la lógica de la violencia de la lucha revolucionaria ya pasada, eludía el sectarismo y, en cambio, se acababa imponiendo una nueva elite política, una "burguesía inauténtica" de partido único#, que recurriera al recuerdo de la lucha por la independencia, al pasado, para “dormir” al pueblo y eternizarse en el poder. Desgraciadamente, mucho de lo que vislumbraba Fanon acabó ocurriendo en Argelia, como en otros países descolonizados, como la destitución y el encarcelamiento de Ahmed Ben Bella en 1965, solo tres años después de la independencia, parecía ya anunciar#.

Ernesto Che Guevara y Ahmed Ben Bella en el aeropuerto de Argel.

Cuba y el Che

"Y hay pocos escenarios para afirmarlo; tan simbólicos como Argel, una de las capitales más heroicas de la libertad. Que el magnífico pueblo argelino, entrenado como pocos en los sufrimientos de la independencia, bajo la decidida dirección de su partido, con nuestro compañero Ahmed Ben Bella a la cabeza, nos sirva de inspiración en esta lucha sin cuartel contra el imperialismo mundial"

Discurso de Ernesto Che Guevara ante el Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática, febrero de 1965#

Como ya se apuntó más arriba, la lucha por la verdadera emancipación nacional y la transformación social en Indochina, Cuba y Argelia recurrió a la violencia como una estrategia fundamental. Probablemente fue la única o la más factible vía en un contexto colonial basado intrínsecamente en la fuerza: La violencia del colonizador engendraba una respuesta armada, natural y desgraciadamente necesaria, aunque ésta no debía ser desmesurada ni un fin en sí misma. Los dos aspectos mencionados aparecen descritos, el el caso de Argelia, tanto en las críticas o advertencias de Fanon como, en menor medida, en la Batalla de Argel de Pontocorvo. Los caminos de la emancipación no iban, sin embargo, necesariamente por esa vía militar o militarizada (con las consecuencias conocidas de violencia política y protagonismo del ejército en el periodo poscolonial), otros itinerarios era posibles, como demuestra la independencia de la India de la mano de Gandhi#. En cualquier caso, la proeza de esos pueblos en su lucha contra el colonialismo y el imperialismo, junto al fracaso de los movimientos de transformación social profunda por vías democráticas y puramente electorales (en el Chile de Allende y con los partidos eurocomunistas en el Primer Mundo, por ejemplo), llevó a muchos, en Cuba, Argelia y otros países, a idealizar la lucha armada y a considerarla como la única salida. En consecuencia, ante la actitud que creían expectante o pasiva de la Unión Soviética y sus países satélites, cubanos y argelinos, entre otros, optaron por una solidaridad revolucionaria directa, que a menudo estaba ligada a la lucha armada, y que partía del presupuesto de que solo mediante la violencia se podía obtener la victoria#.

Argelia fue el primer país africano que recibió tropas cubanas. Éste sería el primero de varios cuerpos expedicionarios que Cuba envió a África#. Con anterioridad, durante la lucha por la independencia, la Cuba revolucionaria había enviado armas para abastecer a los rebeldes en su lucha contra los franceses, aspecto que afirman Jorge Serguera y otros, pero que parece desconocer Pablo J. Hernández#. Los cubanos respondieron prontamente (demasiado rápido para no haber estado organizado de antemano, según Hernández) a una expedición militar marroquí en varios puntos de la frontera común, en 1963. Ese ataque fue interpretado por argelinos y cubanos como un intento de destruir o debilitar la revolución, aunque posiblemente hay que considerar otros factores (la presencia de recursos naturales en la zona objeto de disputa, el hecho de que las fronteras habían sido impuestas por la colonización francesa y la circunstancia de que la población en esa zona desértica era de carácter nómada y que quizás era reticente a las políticas que se dictaban desde Argel)#. En todo caso, pocos días después de la agresión de Marruecos y a petición del presidente Ben Bella, llegaron desde Cuba, primero un grupo de oficiales, un par de semanas después un cargamento de soldados, artillería, vehículos de transporte y varias decenas de blindados#. Aunque nunca entraron en combate, posiblemente su presencia con material blindado soviético contribuyó al final de la ofensiva de Marruecos y a que se establecieran negociaciones de paz. Según Ben Bella, la ofensiva marroquí estaba respaldada por Estados Unidos, país que incluso habría provisto pilotos para los aviones que transportaban las tropas. También afirmó el recientemente fallecido presidente argelino que, por instrucciones expresas de Moscú, el avanzado equipo soviético enviado por los cubanos no debía ser puesto a disposición de terceros países, pero que los cubanos ignoraron esa indicación#.

La colaboración entre la Cuba de Fidel y la Argelia de Ben Bella no se limitó a ese incidente, ni tampoco fue unívoca. El gobierno argelino “pagó” a Cuba con productos propios, incluyendo unos cuantos caballos bereberes –sugerencia de Serguera-, que llenaron en su trayecto de regreso el barco en el que habían llegado los soldados cubanos#. Posteriormente, Argelia sirvió de escala para el transporte de armamento cubano a varios movimientos armados latinoamericanos, como indican Jorge Serguera y el propio Ben Bella#. Ben Bella afirma que ofreció apoyo a las acciones del Che en África, que éste fue en buena medida rechazado y que las autoridades argelinas llevaron a cabo, paralelamente, una política de asistencia a los revolucionarios de Zaire, coordinada con otros gobiernos africanos. Por su parte, aunque en lo interno el régimen se hizo progresivamente más conservador tras el golpe de Estado que impuso a Boumedian, Argelia proveyó por años bases de entrenamiento y cierta cobertura a movimientos armados y exiliados políticos revolucionarios de todo tipo y procedencia geográfica, especialmente durante los años setenta (canarios, vascos y palestinos, entre otros).

Si el modelo argelino pocas veces pudo ser exportado a otras latitudes, mucho menos a Europa, algo similar se puede decir respecto a la Revolución Cubana. No sólo eso, la “solidaridad revolucionaria” del régimen cubano fue bien recibida en algunos lugares, pero casi nunca los cubanos encontraron lo que esperaban o el proceso no tuvo el éxito deseado. En muchos casos, tanto el Che como los cubanos, hallaron en África (y en Latinoamérica) actitudes, ideologías y formas de organización que no casaban bien ni con su experiencia revolucionaria, ni con los dogmas comunistas que la revolución había adoptado oficialmente. Sin abandonar totalmente su colaboración con los movimientos progresistas, antiimperialistas o revolucionarios que consideraban afines, la realidad les obligó a moderar su optimismo y a reconocer que las situaciones y dinámicas de cada país no sólo eran diferentes, sino frecuentemente mucho más complejas y contradictorias que las experiencias propias y los esquemas ideológicos preconcebidos que acarreaban. En algunos casos, el fracaso fue evidente o la decepción mayúscula, lo que aconsejó abandonar la intervención directa, como ocurrió con la campaña del Che en el Congo.

En Argelia, los cubanos hallaron una sociedad donde la religión y ciertos factores internos del movimiento independentista (divisiones entre políticos y militares, entre los que lucharon en el interior y en el exterior, desavenencias entre algunos comandantes militares,…) condicionaban las políticas revolucionarias. Descubrieron asimismo, que ni el FLN era realmente marxista, ni los comunistas eran una parte integral y significativa del movimiento#. En efecto, el Frente de Liberación Nacional provenía, como su nombre sugiere, de la aglomeración de grupos y personalidades que no sólo tenían ideologías diferentes, sino que procedían de experiencias políticas, así como de trasfondos socioeconómicos y culturales, muy diversos#. Asimismo, la influencia de la cultura francesa era (y es) muy importante entre la elite gobernante argelina y, sin embargo, la lucha por la independencia fue también un combate contra los “colaboradores” (harkis, soldados argelinos del ejército francés, pero también otros grupos de la población) y contra el finalmente suprimido MNA, el movimiento independentista histórico de Messali Hadj#. Para Fidel Castro y los cubanos, el mayor golpe vino de la destitución del idolatrado “político” Ben Bella y el ascenso del enigmático y “militar” Boumedian, en 1965. Las relaciones entre Cuba y Argelia se resintieron, aunque finalmente fueron reconstituidas y siguieron siendo buenas, aunque no tan cálidas como anteriormente#.

El espejismo de la unidad revolucionaria internacionalista engendró otro fenomenal oponente, que se le oponía frontalmente. Para muchos en ambos lados de la trinchera existió, o debió haber existido, una especie de “internacional revolucionaria”, con fuertes conexiones soviéticas, durante los años sesenta y setenta. Frente a esa, en buena medida ilusioria, coalición de grupos, guerrillas y gobiernos, se alzó otra coordinación de fuerzas, asimismo de carácter mundial y contrapuesto, centrada en la represión y la contrainsurgencia. Ésta unde sus raíces en la experiencia colonial, especialmente la francesa, y sus siniestras ramificaciones llegan hasta la actualidad.