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La hipocresía de la OEA

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altA Estados Unidos, a la Organización de Estados Americanos (OEA) y la mayoría de sus gobiernos corruptos les importa un rábano la democracia en Venezuela, lo que se demuestra con el doble rasero moral que usan mirando para otro lado ante mucho más graves violaciones a los derechos humanos que pasan en nuestro continente a diario. Lo que quieren es someter a un gobierno que no obedece las órdenes de Washington y que tiene mucho petróleo.

La OEA, Almagro y el gobierno de Panamá, quienes han mantenido un silencio cómplice frente al golpe de estado contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; quienes callaron frente a los golpes de estado contra Fernando Lugo de Paraguay y Manuel Zelaya de Honduras, con su secuela de muertos, pretende condenar a ahora a Venezuela.

Los gobiernos de la OEA que no dicen nada frente al asesinato sistemático de cientos de defensores de derechos humanos en Colombia y Honduras; quienes son mudos ante el fraude electoral en Haití; gobiernos desprestigiados como el de Peña Nieto de México, que son cómplices de crímenes contra la humanidad, como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa; ahora pretenden avalar a la derecha golpista de Venezuela.

¿Con qué moral presidentes como Juan C. Varela pretenden dictarle pautas "democráticas" a Venezuela, si acaban de utilizar la fuerza militar ("Águila") para expulsar a 600 humildes familias precaristas de un terreno baldío que tomaron a falta de soluciones habitacionales para los pobres? ¿Con qué desfachatez va a hablar Varela de libertades democráticas a Venezuela, si en ese "operativo" la policía panameña golpeó y arrestó a dos jóvenes periodistas y las tuvo retenidas por más de 12 horas sin cargos?

El imperialismo norteamericano y la derecha venezolana, han intentado liquidar desde el principio el Proceso Bolivariano, nacido de la lucha de su pueblo contra los gobiernos neoliberales y lacayos de EE UU de los años 70 y 80. Primero intentaron un fracasado golpe de estado en 2002 contra Chávez, luego vino su prematura y sospechosa muerte. Fallecido el líder, el gobierno yanqui y la derecha venezolana creyeron llegado el momento de liquidar el proceso tumbando a Nicolás Maduro recurriendo a todo tipo de métodos: sabotaje económico, acciones terroristas, bloqueo legislativo, etc.

En la medida en que la derecha venezolana, agrupada en la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD) no ha logrado su objetivo de derribar al presidente Maduro, ni forzar elecciones anticipadas, ni un referéndum revocatorio, ha apelado a la ayuda del gobierno yanqui y la OEA para que culpe a Venezuela de la ruptura de su Carta Democrática y así justificar un golpe de estado militar, al que ha llamado descaradamente el opositor Enrique Capriles, o a una intervención militar extranjera.

Al gobierno de Maduro le caben muchas críticas por la forma en que, por acción u omisión, ha gestionado la crisis, en particular el desabastecimiento de alimentos y medicinas, y el combate a la corrupción, que afectan gravemente al pueblo venezolano. Principalmente por hablar de "socialismo" mientras avala un sistema capitalista de especulación cambiaria, la fuga de capitales, la importación y acaparamiento privado de alimentos, etc.

Pero es al pueblo de Venezuela soberanamente al que le corresponde decidir el futuro de quién debe gobernarle, y no a una intervención extranjera, ni a la OEA. Veamos el triste ejemplo de Panamá con la invasión de 1989 que no nos trajo ninguna democracia sino un régimen oligárquico corrupto.