Pura Belpré: la primera bibliotecaria hispana en Nueva York

altEl 1 de julio de este año se cumplen 35 años del fallecimiento de la primera bibliotecaria hispana que trabajó en la Biblioteca Pública de la ciudad de Nueva York: la puertorriqueña Pura Belpré Nogueras.

Belpré nació en Cidra en 1899, se crio y se graduó de Escuela Superior en Puerto Rico, pero a los 20 años cuando comenzaba a estudiar en la Universidad de Puerto Rico, viajó a la ciudad de Nueva York para celebrar el matrimonio de su hermana y a partir de ese momento vivió el resto de su vida en la ciudad de los rascacielos.

El dominio del español y el inglés le permitió conseguir un puesto de asistente de bibliotecaria en la biblioteca de la ciudad de Nueva York en el año 1921 y así se convirtió en la primera hispana contratada por la Biblioteca de Nueva York. Cuenta Belpré, en los documentos que dejó para la posteridad, que una de sus primeras tareas en la biblioteca fue arreglar los anaqueles de cuentos folclóricos de la sección infantil y a pesar de que disfrutó muchísimo la lectura de esos textos que contaban historias de hadas de diferentes partes del mundo, le sorprendió enormemente que no hubiera ningún texto en español o que tuviera alguno de los relatos que le contaba su abuela de niña. Pensó en todos los niños hispanos que vivían cerca de la sucursal de la biblioteca y que no podrían encontrar ni un solo texto con el que pudieran relacionarse. A partir de ese momento, comenzó su búsqueda de historias que tuvieran narraciones de países hispanos y más tarde siguiendo ese mismo deseo de que la biblioteca tuviera textos que reflejaran el folklore puertorriqueño, se convirtió en escritora de cuentos infantiles.

Con una visión muy adelantada a su época, Pura Belpré se dio cuenta en la segunda década del siglo XX de la importancia de la educación bilingüe, pensaba Belpré que un niño que llega a otro país debe aprender el idioma del que será su nuevo hogar, pero debe afianzarse en ese nuevo idioma desde la seguridad que le da el suyo propio, su idioma materno. Belpré aportó al trabajo bibliotecario una mirada internacional en un momento en que no se pensaba ni se hablaba de globalización o multiculturalismo.

En el año 1926 empezó sus estudios en “The Library School of the New York Public Library.” Una de las clases que tomó se llamaba “El arte de contar historias” y como requisito del curso tuvo que crear un cuento folklórico; decidió escribir uno de los que le contaba su abuela sobre una historia de amor entre una cucaracha y un ratón y así escribió el cuento Pérez and Martina que se convirtió en el primer texto puertorriqueño que compartiría con los niños en la hora del cuento en la biblioteca pública. Ese fue el primer libro que publicó en el 1932, el primero publicado por una editorial norteamericana íntegramente bilingüe: en inglés y en español. Además, fue seleccionado por la Biblioteca del Congreso para una edición en Braille dirigida a niños ciegos. Sostiene Belpré, que ese relato se convirtió en la llave de oro que le fue abriendo muchas puertas en su labor de escritora. A partir de ese momento fue descubriendo su pasión por contar cuentos y la literatura de niños. Tomó cursos en la Universidad de Columbia de literatura latinoamericana, de portugués y del arte de los titiriteros y las marionetas.

Pura Belpré trabajó más de cuatro décadas en la Biblioteca de la ciudad de Nueva York, la transfirieron a distintas sucursales, desde el este de Harlem, al suroeste y finalmente a Manhattan dependiendo del crecimiento de la comunidad de puertorriqueños en las diferentes partes de la ciudad. Junto a otras bibliotecarias fue una de las responsables de crear diferentes programas para niños, horas de lectura de cuentos, shows de marionetas e incluso actividades para que las madres se acercaran a la biblioteca. Quiso exponer a los niños y a los padres a la diversidad de la literatura y a las diferentes tradiciones culturales desde la suya propia.

Su segundo libro fue The Tiger and the Rabbit and Other Tales, publicado en el 1944, una colección de 15 cuentos folklóricos que introducen el personaje de Juan Bobo a los niños americanos. Este personaje tuvo tanto éxito que le dedicó por completo su tercer libro Juan Bobo and the Queen’s Necklace: A Puerto Rican Folk Tale.

En la sucursal de la biblioteca de Aguilar, en 110th Street en East Harlem llevó a cabo distintos programas con el objetivo de extender los servicios de la biblioteca a la comunidad puertorriqueña. Organizó pequeñas representaciones de las fiestas tradicionales puertorriqueñas: por ejemplo el 6 de enero era un día muy esperado en la biblioteca porque se celebraba la llegada de los Tres Reyes Magos, y los niños llegaban con mucha ilusión. Otra de las actividades que tuvo una excelente acogida fue la hora del cuento: una hora dedicada a contar algún cuento, por lo general en inglés y en español; Belpré fue una pionera en llamar la atención sobre la importancia del bilingüismo. Como bibliotecaria hispana, Pura Belpré creía en la importancia de que los niños hispanos pudieran encontrar en las bibliotecas de Nueva York libros escritos en esa primera lengua que trajeron al nuevo país o en inglés con temas de los lugares que venían, o en ambos idiomas. Con la ayuda de algunos compañeros de la biblioteca, Belpré creó un teatro de marionetas portátil como parte del Proyecto de la Biblioteca del sur del Bronx. Ella se encargaba de dirigir todo lo relacionado con los vestuarios de las marionetas y la redacción de los guiones. Por medio del teatro portátil llevaron los cuentos a diferentes escuelas y a centros comunitarios; así que, también se convirtió en una de las primeras titiriteras puertorriqueñas y logró acercar el folklore popular a muchísimos niños hispanos. A través de sus historias, Pura Belpré contribuyó a fortalecer la identidad latina; conocer los relatos y saber de dónde vienen, es una forma de mantenerla.

Como mencioné anteriormente, Pura Belpré le dedicó más de cuatro décadas al trabajo de bibliotecaria y siempre celebró con regocijo la llegada de un niño, de una niña a la biblioteca. Los anaqueles de la Biblioteca de Nueva York tienen libros en español, bilingües, en inglés con temas del folklore puertorriqueño gracias a ella. Algunos tuvo que escribirlos y otros los trajo de diferentes lugares de Hispanoamérica, pero logró su deseo de mostrar a los niños hispanos que la biblioteca es un lugar para ellos en el que pueden encontrar algunas de las historias que les contaban sus abuelas y descubrir otras que nadie les había contado. Pura Belpré fue una de las responsables de que, a mediados del siglo XX, la magia de la palabra llenara de alegría el corazón de muchos niños que tenían raíces culturales de diferentes partes del mundo hispanoparlante.

Escribió más de diez libros para niños, The Rainbow-Colored Horse es el último que publicó en vida, en el 1976, ilustrado por el artista puertorriqueño Antonio Martorell, quien describe a Belpré como una narradora nata, y tiene por protagonista a un hermoso caballo mágico que cumple los deseos de un humilde campesino. Belpré posee también más de 15 cuentos sin publicar así como otros escritos, ensayos y cartas que están en el archivo del Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College en Nueva York. En el 2013 el Centro publicó un texto muy valioso para conocer a Pura Belpré : The stories I read to the children. The Life and Writing of Pura Belpré, The legendary Storyteller, Children”s Author and New York Public Librarian editado y con una introducción biográfica excelente de Lisa Sánchez González.

En el 1996 se estableció el premio Pura Belpré dirigido a un texto infantil o juvenil que describa y celebre la experiencia cultural latina. El premio anual, es coauspiciado por la “Association for Library Service to Children” una división de la “American Library Association” y REFORMA “The National Association to Promote Library and Information Service to Latinos and the Spanish-Speaking”.

El 1 de julio de 2017, a treinta cinco años de su muerte, celebremos y conmemoremos la vida de esta mujer puertorriqueña que con gran pasión dedicó todos los años de su vida profesional a que se conociera y apreciara el folklore puertorriqueño. Su compromiso con la cultura puertorriqueña le sirvió de motivación para escribir sus historias, así como su determinación y energía para trabajar a favor de la alfabetización de los niños puertorriqueños que llegaban a Nueva York como resultado de las olas migratorias de mediados de siglo XX.


Acuarela por Tomás Méndez