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“Caribanías” en Marquette University: Wisconsin

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altSe formó una garata, un salpafuera, un acabóse,

una bullanga, un titingó.

Pedro Cabiya

I

Ahora que ha terminado la conferencia, “Calibanías y caribeñidades: espacios y topografías,” piloteada sobre todo por Dinorah Cortés-Vélez, cabe una reflexión que sirva también de esbozo a lo que fue, del 5 al 7 de abril, una alegría, en el sentido de la “sociología tropical” (1998) de Ángel Quintero Rivera, en medio del frío y del viento nórdicos.

¿Normandía de René Marqués o de José Enrique Rodó

Macrocartografía de una caribeñidad sumatoria; proliferación, conferencia con dos ponencias magistrales, la primera sobre Cuba y la segunda sobre Haití, más una puesta en escena final, sobre Puerto Rico.

Olor a fogones de Ana Lydia Vega.

De entrada, la primera ponencia magistral, “Ballet and Revolution in Cuba: Calibanesque Choreographies for Political Bodies On-and Offstage,” de Lester Tomé, resplandece. Ecuación convincente, demasiado convincente, sobre la metamorfosis calibanesca que goza el ballet cubano después de 1959, al incorporar música y coreografía afrocubanas.

¡Calibán en leotardo!

De la segunda ponencia magistral, “Constructed Neocolonial Spaces and Conflicted National Identities,” de Patrick Bellagarde-Smith, surgen los enredos de la subalternidad. Ruta tortuosa, que lleva a la primera república latinoamericana de 1804, año en que Haití, la única en hacerlo por partida doble, abole también la esclavitud, a enredarse en las trampas de la colonialidad del ser, cuya madeja racista le propone a Calibán renegar de su negritud.

Política que el antropólogo, Bellagarde-Smith, desde su mulatez blancuzca, ostensiblemente cana, confronta a pecho, porque su madre negra, corroída por la colonialidad, le aconsejaba al hijo blancuzco de padre francés —él— huir de los tambores africanos.

¿Tiembla la poesía caribeña?

Puesta en escena. Lo que sería la tercera propuesta magistral, una obra en proceso de Carmen Z. Pérez, “Caribanías o del Caribe feroz,” llena la copa. ¡Burbujas!

Convergencia; montaje, arreglo de calibanías y caribeñidades que empieza, como tiene que ser, a partir de una referencia a Shakespeare, The Tempest (1611), la cual pronto se convierte en una manera de hablar sobre Puerto Rico.

“Del Caribe feroz,” pieza que se hace con fragmentos prestados, tanto de otra performance como de poemas caribeños, leídos estos por Carmen Z. Pérez y Carlos Vázquez Cruz. Invitación a compartir, alrededor de la turbulencia de María (2017), la brutalidad del golpe.

Interpretación. Violencia que la obra filtra a través de las improvisaciones de los actores, estudiantes de Marquette University con quienes la directora ensayó durante una semana.

Ósmosis.

Convergencia de calibanías y caribeñidades que el teatro de Carmen Z. suma y mezcla desde un neologismo: ¡caribanías!

Poesía que se escribe con el cuerpo.

II

Releyendo el programa de la conferencia en clave literaria.

Entre los 11 paneles presentados el viernes, los que parten del inglés quedan imantados por una transcaribeñidad afrocaribeña:

-TransCaribbean Dialogues: Spaces and identities

-Afro-Caribbean (Re)imaginins

-TransCaribbean Reel: Calibanesque Encounters on the Big Screen

De los que parten del español, uno, “El Caribe decimonónico,” reclama el espacio de todo un siglo; mientras que el contrapunteo realidad-literatura, en “’Vivencias’ y ‘evidencia’ en las letras cubanas,” cartografía fragmentos culturales del siglo pasado hasta este. En “Escrituras liminales del Caribe hispano,” la negritud, el género, el realismo poético y la teoría del microcuento convergen.

Nueva imantación; entre paisajes, diálogos y reafirmaciones del ser. Cruces; la ciencia ficción y el ensayo caribeños, incluida la prosa de Luisa Capetillo, en “Entre aporías geopolíticas y utopías geográficas: nacionalismos cuestionados en Cuba y Puerto Rico,” se tocan. Diálogo de titanes que, en “Polifonías caribeñas: Miranda y Calibán,” crea un eco histórico. Ruido que, en “Identidades queer en clave caribeña,” la novela de Rita Indiana, la lírica y la picaresca boricuas ayudan a descifrar.

Proliferación e inclusión. Dos paneles constituidos por estudiantes, uno en francés y el otro en español, se acercan a la literatura de Guadalupe, “Perspectives Sur Marycee Conde’s Moi Tituba, Sorciere,” y a la de las islas de Lola Rodríguez de Tió: “Aproximaciones feministas a la producción cultural puertorriqueña y cubana.”

De los 7 paneles del sábado, los que traban el legado shakesperiano, “Nuevos calibanismos: zombis y vampiros caribeños” y “Cultural Cannibalisms: Diasporic and Transpacific Encounters,” marcan un recorrido entre la ciencia ficción caribeña, la literatura de la diáspora dominicana, la conexión filipina y el diseño animado —el noveno arte— narrado en creole/criollo antillano.

Pulsión; imantación que no cesa de volver a su carnalidad: “Cuba y Puerto Rico: comunidades imaginadas y espacios (anti)normativos en la literatura del siglo XX.”

Entre la escritura de viaje —la cual, escrita desde la experiencia diaspórica, reescribe el Caribe cuando lo viaja—, la estética de la exhortación jamaiquina y la construcción de lo guayanés musulmán, “Encounters, Foreignness, and Otherized Identities” nos lleva a pasear por zonas que la caribeñidad hispánica no se puede dar el lujo de ingnorar.

Destellos; en “The Cuban Connection: Filmic and Narrative Transgressions,” el cine cubano se mueve entre la pedagogía, la raza, la resistencia, la risa y los límites del exilio alegórico.

Grounding (toma de tierra); de Juan Antonio Corretjer a Aimé Césaire y a Alejo Carpentier, en “Paisajes caribeños: diálogos ecocríticos,” el ecologismo literario se acopla con el legado indigenista de la Pachamama.

La poética de la soledad, la política del ser-estar de la identidad cultural y la ciudad antropoide de la novela ponen sobre la mesa esta tensión boricua: “Dislocaciones caribeñas: entre soledades y la ciudad caribeña.

III

La conferencia está por terminar.

Del jueves por la noche al sábado por la tarde; solo falta, antes de cerrar con el broche de oro de Carmen Z., “Caribanías o del Caribe feroz,” por un lado, una discusión informal sobre “The State of Caribbean Studies Today,” de la que surge un millón de calibanías y caribeñidades, como la invisibilidad académica de lo caribeño, opacado y apocado por la centralidad de los países, como México, Argentina y Brasil, que dominan el currículo en las universidades usamericanas.

Se habla también de cómo, vista desde una subjetividad boricua creada desde la isla, el propio concepto de identidad caribeña es una etiqueta de la academia estadounidense, que es la que, a fin de cuentas, le dice al boricua que llega de la isla que es caribeño (algo que también les pasa a los llamados “Young Lions” del jazz latino, músicos como David Sánchez y Miguel Zenón que han estudiado jazz en las universidades).

Por otro lado, falta que la última tertulia de la conferencia les dé la voz a los escritores, para que, en “Escribir el Caribe: A Bilingual Colloquy with Hispanic Caribbean Writers,” cuatro boricuas, Dinorah Cortés-Vélez, Carlos Vázque Cruzz, Dalia Stella González y Nany Bird, y una dominicana, Ibeth Guzmán, expliquen su escritura y contesten preguntas.

La literatura se mira en el espejo de la literatura.

IV

Saldo de cuentas.

Al final, después de un cúmulo de ponencias ilustrativas e interesantes — ¡tantas presentaciones que no pude escuchar! — que culmina con una puesta en escena; después de tantas invitaciones a repensar el Caribe, la luz de una ponencia en particular se empeña en iluminar el camino de regreso a lo largo de una calle calidoscópica: “La ciudad antropoide: San Juan como personaje cuasi humano de Simone de Eduardo Lalo.”

Sí, por supuesto, le digo a la autora, Dalia Stella González, San Juan como ciudad antropoide gira alrededor de la comida. Por eso, hay que trazar un mapa culinario de Simone.

Una vez alejado de Marquette University, en ruta de Milwaukee al norte de Ohio, fragmentos de la conferencia se agrupan entre sí hasta armar preguntas que se han hecho antes, como esta: ¿silencia Simone los tambores de la caribeñidad boricua?

¡”Caribanía” rabiosa!