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La elecciones en Brasil

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altEl pasado domingo se efectuaron las elecciones presidenciales en Brasil. Fueron convocados a participar en ellas 147 millones de electores. También concurrieron en esta fecha las elecciones para escoger las gobernaciones de los diferentes estados del país, las diputaciones nacionales y territoriales y la selección de otros puestos electivos. En Brasil, a pesar de ser compulsorio el ejercicio del voto, se manifestó un 20% de abstención en los comicios.

Como se había anticipado en las encuestas que precedieron la elección, habiéndose escrutado el 99.07% de los votos, resultó ganador de los comicios, con el endoso de más de 49 millones de electores aunque sin alcanzar el 50% más uno de los votos necesarios para ser elegido en una primera vuelta, el candidato de la extrema derecha por el Partido Social Liberal, Jair Bolsonaro.

¿Quién es este siniestro personaje que fue capaz de arrastrar tras su candidatura al 46.23% de los electores en Brasil?

Bolsonaro es un militar retirado y dirigente político de la derecha brasileña. Tiene en su resumé haber participado desde 1991 como diputado en el parlamento de Brasil por cinco partidos políticos diferentes. A pesar de haber rehuido la participación en los debates que precedieron las elecciones, sus argumentos fueron expuestos al elector brasileño a través de las redes sociales y medios de comunicación.

Este candidato, ex capitán de las Fuerzas Armadas de Brasil en una división de paracaidistas, tiene mucho parecido en cuanto a conducta y declaraciones públicas al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Bolsonaro se vanagloria de que se le señale como elemento ultraderechista, y ciertamente, cada vez que puede, da base para que así se le considere. Bolsonaro ha indicado, por ejemplo, en referencia a la Dictadura de Augusto Pinochet, que éste debió haber matado más gente. Uno de sus ídolos es Alberto Fujimori. De hecho, no ha vacilado al indicar que el primer paso que daría de ganar la presidencia podría ser disolver el Congreso, tal cual hizo Fujimori en Perú, y así dar un golpe desde el primer día.

Bolsonaro ha hecho expresiones de apoyo a la Dictadura Militar que rigió los destinos de Brasil. De hecho, en ocasión del Golpe de Estado blando dado contra el gobierno constitucional de Dilma Rousseff por parte del Congreso brasileño, que culminó con su destitución como presidenta, hizo además, expresiones de felicitación al coronel retirado Brilhante Ustra, quien participara del proceso de torturas practicado en prisión a la presidenta Rousseff durante la década de 1970. En el proceso ante el Congreso Bolsonaro, dedicó su voto en contra de la presidenta Rousseff señalando lo siguiente:

¨Perdieron en 1964 y ahora en 2016. Por la familia y la inocencia de los niños que el PT nunca respetó, contra el comunismo y el Foro de San Pablo (en referencia a la estructura que agrupa partidos y organizaciones de izquierda de América Latina y el Caribe), y en memoria del coronel Brilhante Ustra, voto sí.¨

Las expresiones degradantes de Bolsonaro según citadas por la página digital infobae de 30 de agosto de 2018, llegan al punto de expresar que sería incapaz de amar a un hijo si fuera homosexual, indicando que prefiere verlo morir en un accidente; o decir, por ejemplo, que los negros “no sirven ni para procrear”; expresarse en apoyo a la tortura; o decir que “la democracia es una mierda.”

Entre sus iniciativas como diputado ha propuesto la castración química para los violadores. Algunas de sus posturas le han ganado la simpatía de los sectores fundamentalistas y protestantes, algunos de los cuales antes habían hecho causa común con otra candidata protestante de corriente ecologista de nombre Marina Silva, la cual fue funcionaria bajo el gobierno de Lula y luego fue candidata opositora a Dilma Rousseff.

El candidato de oposición que más cerca llegó en votos a los votos obtenidos por Bolsonaro, fue Fernando Haddad, candidato impulsado por el Partido de los Trabajadores y postulado luego de que se inhabilitara a Luis Inacio (Lula) Da Silva. “Lula” como se le llama en Brasil, se encuentra en prisión desde el 7 de abril de 2018 luego de que dos días antes, las autoridades judiciales le denegaran una solicitud de “habeas corpus” radicada por sus abogados luego de ser condenado a 12 años y un mes.

De origen humilde, Lula accedió en la década de 1980 a la dirección del sindicato de obreros metalúrgicos de Brasil. Fue un militante político en la lucha contra la Dictadura en Brasil, que duró entre 1964 y 1985, donde también se destacó en esta lucha su compañera de partido y posterior presidenta, Dilma Rousseff. Lula aspiró a la presidencia de Brasil en varias ocasiones, a saber, las elecciones de 1989, 1994 y 1998. No fue, sin embargo, hasta las elecciones de 27 de octubre de 2002, que finalmente obtuvo el poder al ganar las elecciones de este año bajo como candidato del Partido de los Trabajadores de Brasil y en unión a otras organizaciones que también le respaldaron, como el Partido Comunista de Brasil. Como presidente a partir del 1 de enero de 2003, Lula dirigió los destinos de su país por espacio de ocho años. Entre los logros económicos de su presidencia pueden señalarse haber triplicado el PIB per cápita y dimensionar su país a una de las principales economías emergentes a escala global como parte del denominado BRICS, que incluye Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica. De hecho, se estima que para finales del año 2011 Brasil ocupaba el puesto número ocho a escala global.

Durante su mandato, la pobreza extrema en Brasil tuvo una reducción significativa, estimándose en 30 millones de seres humanos. Estos esfuerzos estuvieron, además, acompañados de importantes programas de asistencia social, donde, por ejemplo, en la llamada “Bolsa Familia”, se beneficiaron cerca de 52 millones de personas, lo que equivale al 27% de la población brasileña. Durante su mandato se amplió el acceso de la población a la educación, a la vivienda y la salud. En su rol como presidente, contribuyó en forma significativa junto a los presidentes de Bolivia, Ecuador y la República Bolivariana de Venezuela, a la conformación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), y más adelante, junto a otros importantes dirigentes latinoamericanos y caribeños, en el proceso de construcción de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Durante su mandato, Brasil amplió, además, su presencia internacional desarrollando importantes acuerdos con la República Islámica de Irán, así como su rol en la defensa del medio ambiente y su oposición a políticas desarrollistas promotoras del cambio climático.

Durante su primer mandato, Lula ganó ampliamente las elecciones de 2006 que le llevan a la reelección como presidente obteniendo el 48.61% de los votos en la primera vuelta y luego, en segunda vuelta, el 60.82%, acumulando alrededor de 52 millones de votos a su favor.

Las imputaciones a Lula comienzan a destaparse a escala global a raíz de lo que se ha llamado el “escándalo de Petrobras”, ello en referencia a la compañía brasileña de petróleo. El 4 de marzo de 2018, mientras ocupaba la presidencia Dilma Rousseff, su residencia fue allanada. Se le imputó entonces haber recibido sobornos o pagos indebidos por $8 millones. En lo que para muchos fue una movida política dirigida a dotarlo de inmunidad, la presidenta Rousseff le designó el 16 de marzo a un cargo conocido como Ministro de la Casa Civil (lo que equivale a un cargo de Primer Ministro). Sin embargo, al día siguiente un magistrado le despojó del cargo, imputándole de paso a la presidenta Rousseff que con su actuación había cometido un delito que le despojaba de inmunidad como presidenta, lo que abrió el camino hacia su residenciamiento (“impeachment”) por parte del Congreso brasileño. Aunque posteriormente el nombramiento a Lula fue restituido, las propias complicaciones de la presidenta Rousseff con el Congreso; las luchas internas entre figuras de la derecha brasileña y Rousseff; así como la agenda dirigida a interferir con Lula y su probable candidatura de cara a las elecciones presidenciales de 2018, continuaron adelante.

A pesar de encontrarse en prisión, el Partido de los Trabajadores del Brasil decidió continuar impulsando la candidatura de Lula a la presidencia en estas elecciones. A pesar de su realidad como prisionero, las encuestas le colocaban con la simpatía del 40% del electorado, lo que al momento era más del doble de la simpatía del electorado por la candidatura del ultraderechista Bolsonaro.

La candidatura de Haddad se definió apenas unas semanas antes de las elecciones. El candidato por el Partido de los Trabajadores, ex alcalde de Sao Paulo y quien fuera ministro de educación bajo los dos anteriores gobiernos del PT, obtuvo el favor del 28.99% de los votos, poco más de 31 millones de electores. Un tercer candidato, Ciro Gomes por el Partido Democrático Liberal, que impulsaba previo a las elecciones un bloque de centro izquierda contra Bolsonaro, obtuvo el favor del 12.50% de los electores, con 13 millones de votos. Otros candidatos obtuvieron cifras menores, entre ellos Geraldo Akman del Partido Socialdemócrata que obtuvo el 4.78% de los votos, aunque en conjunto tales partidos minoritarios representen varios millones de electores. Este dato es importante de cara a la segunda vuelta electoral y las alianzas que puedan desarrollarse entre los partidos minoritarios y los dos mayoritarios que irían a dicha segunda vuelta el próximo 28 de octubre.

En las elecciones también resultó fortalecida la derecha en lo que concierne a las gobernaciones y los diputados y senadores al parlamento nacional. No deja de sorprender, por ejemplo, que en su propio terreno la expresidenta Rousseff haya quedado en tercer lugar en sus aspiraciones al Senado. Tampoco que el segundo estado más poblado de Brasil, el cual había sido baluarte del PT, haya ganado un candidato de la derecha; mientras el hijo de Bolsonaro, con una línea de pensamiento político afín a su padre, fue el candidato más votado en estas elecciones para un puesto a senador.

Un examen el mapa electoral en Brasil muestra que los estados localizados tanto en el noreste como noroeste del país, son los que mayor apoyo cuenta el PT. Se trata precisamente de los estados más industrializados, mientras que en la región central y sur se concentra el poder de la oligarquía y terratenientes de Brasil.

Entre Bolsonaro y Haddad hay una diferencia de 18 millones de electores, lo que es una suma a considerar de cara a superar Haddad el desafío que representa la segunda vuelta. Sin embargo, hay dos escenarios con los cuales el candidato del PT deberá enfocar sus esfuerzos. El primero es cómo mover en favor de su propuesta social ese 20% de la población electoral que se abstuvo de participar en las elecciones; la segunda, el contenido y alcance de las transacciones programáticas que deberá hacer el PT si es que quiere arrastrar en su favor las fuerzas de centro e izquierda ante un triunfo de la extrema derecha en Brasil. Ciertamente, Bolsonaro representa hoy una amenaza incluso para una derecha ideológica pero apegada a la constitucionalidad y a las libertades civiles. Si Haddad, mediante nuevas alianzas, logra atraer a su causa tales sectores, aun cuando sea sólo una posibilidad, no está perdida aún la pelea contra la opción fascista en Brasil. Como ya han anticipado varias fuentes de análisis, el centro político será quien decida el resultado final. El partido que atraiga ese centro hacia sí, tendrá la victoria en la segunda vuelta.

En sus primeras expresiones luego del resultado de las elecciones, Bolsonaro dio la impresión de estar sumamente molesto con el resultado. Todo apunta a que esperaba quedar electo en una primera vuelta y no tener que someterse a la segunda vuelta. Haddad, por su parte, también reflejaba algún descontento, posiblemente ante la expectativa de un mejor resultado para su candidatura y el resultado de las elecciones en las candidaturas a la gobernaciones, diputados y senadores.

Concluida ya la primera vuelta en las elecciones y su resultado, ya hay voces cada vez más agudas que plantean preocupaciones con el triunfo de Bolsonaro, de quien se anticipa un relajamiento en las normas ambientales que prevalecen en el país, incluyendo la reducción de penalidades por violaciones ambientales, así como el incremento en la deforestación de la Amazonia brasileña, la cual representa el 60% de la región selvática de América del Sur.

En un anterior escrito decíamos que nos parecía que había que esperar no solo al resultado de las elecciones, sino a las salidas políticas que puedan surgir como resultado de las mismas, las que sin lugar a dudas tendrán como telón de fondo, la lucha y resistencia popular. Hoy, con mayor razón y ante el peligro que se presenta para el pueblo brasileño, apostamos a la lucha y resistencia como alternativa de futuro.