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La Primera Declaración de La Habana

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altEl pasado 5 de febrero se conmemoró el 59 Aniversario de la Primera Declaración de La Habana. Se trata de uno de los primeros documentos fundamentales en la conformación de la Revolución Cubana una vez alcanzada la victoria sobre la Tiranía de Batista. Su mérito está en que el documento, una vez leído, fue ratificado por cientos de miles de cubanos reunidos en Asamblea General soberana en la Plaza de la Revolución.

El documento surge en respuesta a la Declaración de Costa Rica emitida días antes en la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA); la misma entidad que hoy se presta para procurar deslegitimar el gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y su presidente, Nicolás Maduro Moros. La Primera Declaración de La Habana fue sometida para ratificación por el pueblo cubano el día 5 de febrero de 1960, mientras que el cónclave de Ministros de Relaciones Exteriores, de la entidad que el Canciller de la Dignidad Cubana bautizara como “ministerio de colonias” de Estados Unidos, sesionó en Costa Rica entre los días 22 al 29 de agosto de 1960.

La importancia política de este documento es que marca claramente la postura anti imperialista del pueblo de Cuba frente al gobierno de Estados Unidos y postula, además, el carácter soberano de la misma frente a las políticas injerencistas y avasalladoras de ese país hacia los pueblos de América Latina.

Como indicamos, en su respuesta, Cuba rechaza y condena en todos sus términos el documento aprobado por los cancilleres de la OEA catalogando tal declaración como atentatoria de la soberanía nacional, de la autodeterminación nacional y contraria a la dignidad de los pueblos latinoamericanos. La Declaración, casi con un sentido de actualidad, condena enérgicamente la “intervención abierta y criminal de Estados Unidos sobre nuestros pueblos”, expresando de paso su rechazo a la aplicación por parte de dicho país de la Doctrina Monroe. La Declaración agradece a la Unión Soviética, la ayuda prestada a la Revolución en momentos tan difíciles donde ya se fraguaba una agresión militar, como también hoy está planteado para Venezuela, y expresa la política internacional de la Revolución Cubana en sus relaciones con otros Estados, independientemente de sus sistemas económicos. La Primera Declaración de La Habana, además, se pronuncia en contra de todo tipo de discrimen racial, estableciendo de paso que la democracia es incompatible con el hambre, la desigualdad social y el analfabetismo.

En el proceso de ratificación, el pueblo de Cuba condena el latifundismo; los salarios de hambre; la explotación del ser humano, particularmente de la mujer; la falta de maestros, médicos, hospitales, atención a los ancianos; como también su rechazo a las oligarquías militares y políticas, la entrega de los recursos naturales, el uso de las campañas mediáticas para promover la mentira; y reivindica los derechos de la clase trabajadora, los campesinos, los estudiantes y los intelectuales. Llama al pueblo a la unidad, a organizarse y luchar, estableciendo el principio de que es un “deber de cada pueblo”, la solidaridad.

Es en el párrafo dispositivo Octavo de aquella Primera Declaración, donde proclamando a Cuba “territorio libre de América”, donde el pueblo cubano consuma su compromiso que le ha acompañado a lo largo de seis décadas de Revolución, el lema entonces acuñado de ¡Patria o Muerte!

Aquella intervención militar que ya anticipaba la Primera Declaración no tardó mucho en materializarse. Entre los días 15 de abril y 19 de abril de 1961, en Playa Girón, una expedición armada, organizada y financiada por Estados Unidos, compuesta por cientos de contra revolucionarios cubanos, tras 72 horas de combates, fue derrotada por el pueblo en armas. En el intento perecieron 114 mercenarios cubanos, 150 fueron rescatados por la fuerza invasora, mientras 1189 fueron capturados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias y las Milicias cubanas.

La derrota imperialista de Estados Unidos en Playa Girón impulsó la convocatoria de una nueva Conferencia por parte de la OEA, llevada a cabo esta vez en Punta del Este, Uruguay, para presumiblemente abordar temas económicos y sociales. En ella se creó a instancias de Estados Unidos la “Alianza para el Progreso”, en virtud de la cual, con el propósito de aislar a Cuba de su propio entorno de países caribeños y latinoamericanos, se distribuyeron entre estos miles de millones de dólares. Más adelante, también en Punta del Este, durante los días 22 al 31 de enero de 1962, se dio otra reunión de cancilleres de la OEA donde se acordó la expulsión de Cuba del organismo internacional y se manifestó el respaldo a acciones armadas contra la Revolución Cubana. De hecho, ya tan temprano como el 3 de febrero de 1962 el presidente John F. Kennedy anunciaba la decisión de Estados Unidos de decretar un bloque comercial contra Cuba.

Si mencionamos estos detalles de las operaciones del imperialismo estadounidense hacia Cuba hace 59 años, es porque en estos momentos estamos también observando el uso de viejos métodos ante nuevos escenarios, como es el desarrollo de la Revolución Bolivariana en Venezuela.

Si algo debemos todos aprender de la historia, y esto aplica tanto para los revolucionarios como para quienes se apegan a la defensa de posiciones imperialistas, es el significado que representó en aquel momento la respuesta del pueblo cubano. Ante la agresividad imperialista, sin vacilaciones de clase alguna, al día siguiente en que fuera impuesto el bloqueo a Cuba, sus dirigentes encabezados por su Comandante en Jefe, convocaron al pueblo al mismo lugar donde antes había sido aprobada la Primera Declaración de La Habana, para allí aprobar el día 4 de febrero de 1962 la que pasaría a llamarse en la historia, “Segunda Declaración de La Habana”.

Tomando como punto de partida la consigna en la cual se señala que “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, la Segunda Declaración de La Habana indica que “allí donde estén cerrados los caminos de los pueblos, donde la represión de los obreros y campesinos es feroz, donde es más fuerte el dominio de los monopolios yanquis, lo primero y más importante es comprender que no es justo ni es correcto entretener a los pueblos con la vana y acomodaticia ilusión de arrancar, por vías legales que no existen ni existirán, a las clases dominantes, atrincheradas todas las posiciones del estado, monopolizadoras de la instrucción, dueñas de todos los vehículos financieros, un poder que los monopolios y las oligarquías defenderán a sangre y fuego con la fuerza de sus policías y sus ejércitos.” Esta vez, proclama la Segunda Declaración que en adelante mueran “morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia.”

La Segunda Declaración de La Habana dotó al pueblo cubano de un nuevo marco teórico, el cual le permitió en aquella difícil coyuntura, profundizar las ideas de la joven Revolución, radicalizar la misma y preparar al pueblo y a todas las fuerzas en las cuales se había sostenido la lucha, para enfrentar y derrotar los planes del enemigo. Ese ejemplo lo vemos también hoy en la respuesta que da el gobierno bolivariano junto a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, ante las amenazas de Estados Unidos y los esfuerzos del presidente de encargo impuesto también por dicho país y la derecha venezolana a través de la Asamblea Nacional, en abierto desacato al poder popular expresado en la Asamblea Nacional Constituyente.

Si bien recordar efemérides como la Primera y Segunda Declaración de La Habana es importante, más importante aún es sustraer de esa memoria aquellas lecciones que hoy nos sirvan de respaldo y sostén para las luchas que se avecinan. El “Patria o Muerte” de esa Primera Declaración de La Habana como el “Patria o Muerte, Venceremos” de la Segunda Declaración, son hoy portaestandartes necesarios para la lucha, resistencia y solidaridad que nos recaba hoy la Revolución Bolivariana de Venezuela.