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El fracaso de un simulacro: intento de golpe de estado en Venezuela

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alt“No podrán entender la voluntad absoluta de defender esta Revolución, nuestra Constitución Bolivariana, la independencia nacional y el derecho del pueblo de constituir su futuro.”

Nicolás Maduro Moros

1ro. de mayo de 2019

Con el título de “Operación Libertad”, el autodenominado presidente de “encargo” de Estados Unidos en Venezuela, Juan Guaidó, convocó nuevamente a sus turbas en un intento desestabilizador que lleve al derrocamiento del gobierno del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros. En la víspera del Primero de Mayo, fecha en que a nivel mundial se conmemora el Día Internacional de los Trabajadores(as) y que el movimiento obrero venezolano, junto con las organizaciones revolucionarias y de masas, saldrían a la calle a expresarse, Guaidó, en un mensaje grabado en video y circulado a los medios internacionales, hizo la representación de contar con el apoyo de la Fuerza Armada Bolivariana y, en consecuencia, pidió al pueblo lanzarse a la calle a echar abajo al gobierno del presidente Maduro.

Como parte del montaje propagandístico, el sector opositor que apoya al Guaidó procedió a excarcelar a Leopoldo López, quien cumplía 13 años de prisión domiciliaria por acciones violentas, también de naturaleza golpista, contra el gobierno del presidente Maduro. Con ello esperaban que también los seguidores de López se sumaran a su llamado. Al presente, luego de fracasada la intentona golpista, un tribunal venezolano ha dictado una orden de encarcelamiento para Leopoldo López, quien permanece asilado en la Embajada de España en Caracas. En algún momento, otros implicados también serán objeto de sanción penal por los delitos cometidos.

En el operativo mediático del cual inmediatamente se hicieron eco inmediatamente las grandes cadenas noticiosas a escala mundial, medios de comunicación controladas por el capital transnacional, se informó que un sector de la Fuerza Armada Bolivariana se había sumado al golpe, fracturando así la cohesión de ésta, creándose así una división en esta rama castrense. Lo cierto es que algunos de sus efectivos se sumaron al llamado hecho por Guaidó. A nivel global, sin embargo, se intentó proyectar, tomando como base el video circulado por Guaidó, que un gran sector de la Fuerza Armada Bolivariana había tomado el control de la Base de la Fuerza Aérea “La Carlota”, localizada en el este de Caracas, sumándose al Golpe de Estado, cuando la realidad es que apenas unos cuantos militares desertaron, mientras que la mayoría, soldados de baja gradación y estimados por el propio gobierno en unos 40 efectivos, informaban que habían sido conducidos a dicha instalación bajo engaño. De acuerdo con declaraciones del Ministro de Defensa, General Vladimir Padrino López, el 80% de los efectivos que figuraron en el video hecho público por Guaidó fueron objeto de engaño, regresando luego a sus cuarteles, incluyendo el equipo militar que había sido utilizado para desplazarse hacia la instalación militar, como fue el caso de ocho tanquetas.

Mientras la población se lanzaba a las calles respaldando al presidente Maduro y su gobierno constitucional, repitiendo su proceder en el año 2002 cuando se dio el intento de Golpe contra Chávez, el conato de Golpe iniciado por Guaidó se desinflaba con la misma velocidad que había iniciado.

Ante el fracaso de esta intentona timoneada por Estados Unidos y respaldada por sus aliados europeos y países integrantes del denominado “Grupo de Lima” en América del Sur, nuevas amenazas fueron pronunciadas por portavoces del gobierno estadounidense, enfilando sus pronunciamientos agresivos e injerencistas contra la Revolución Cubana. Desde hace ya varias semanas, el gobierno de Estados Unidos ha ido montando un discurso, similar al que en el pasado se montó contra Iraq, cuando se acusó al gobierno de Saddan Hussein de fabricar y almacenar armas de destrucción masiva; o contra el gobierno constitucional de Bashar al-Assad en la República Árabe Siria, de poseer, almacenar y utilizar armamentos químicos contra la población civil como instrumento propagandístico que justificara una intervención militar de parte de Estados Unidos. Hoy el discurso los desplazan hacia Cuba con mentiras sobre los alegados miles de milicianos, soldados y asesores militares cubanos enviados a Venezuela, para apoyar al gobierno de Nicolás Maduro. Esta imputación ha sido una y otra vez desmentida por el gobierno cubano, señalando que, en Venezuela, la presencia cubana se limita esencialmente a personal médico y deportivo como parte de acuerdos soberanos alcanzados entre ambos países.

Mientras Juan Guaidó insiste en pretender fungir como “presidente encargado” de Venezuela, la discusión sobre las bases a partir de las cuales se hace tal representación ya no se menciona. Claro, no pueden mencionarlas porque, aún bajo la premisa de que existiera tal derecho en su persona como presidente encargado, habría fallado y fracasado en su misión, ello a la luz de la propia Constitución en la cual afirma tal derecho, en la medida que el Artículo 233 bajo el cual se proclama presidente encargado le obligaba a llevar a cabo una “elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes”. Es un hecho indisputable que, dentro del referido plazo, ni se convocó ni se efectuó tal elección. Expirado el plazo, sin convocatoria ni elecciones, en consecuencia, cesa todo reclamo de legitimidad por parte de Juan Guaidó, no es bajo la Constitución un “presidente encargado”, sino un “presidente de encargo” al servicio de Estados Unidos en su faena de derrocar al gobierno legítimo de Venezuela.

Las noticias que circulan en medios opositores al gobierno de Nicolás Maduro Moros no han podido ocultar la realidad de en manos de quién está el control del país. En Venezuela hoy no hay tal cosa como un poder dual; no hay tal cosa con zonas controladas por el gobierno y zonas bajo control de la oposición; tampoco hay tal fractura en la cohesión de los mandos militares. Las referencias a los manifestantes de la oposición en las grandes cadenas informativas, reproducida en nuestro país en un medio como El Nuevo Día, es una donde se describen las acciones de la oposición como actos llevados a cabo por “un grupo de manifestantes”, los cuales fueron “frenados por agentes de la policía nacional motorizados y funcionarios de la Guardia Nacional.” En ningún parte de la información publicada surgen datos confiables sobre enfrentamientos violentos entre sectores de la Fuerza Armadas Bolivariana. Tampoco se refleja información que proyecte un estado de guerra civil en el país; o la pérdida de control por parte del gobierno de municipios, o regiones del país. De hecho, la propia información que circulan estos medios, no logra proyectar, más allá de unas reducidas manifestaciones en Caracas, la respuesta a la convocatoria hecha por Guaidó. Esa misma prensa, al referirse a los enfrentamientos entre Gobierno y oposición, les trata de simples “escaramuzas”.

Parte de la campaña mediática contra la Revolución Bolivariana ha sido propagar información a los efectos de que el presidente Nicolás Maduro Moros está siendo objeto de negociación, como si se tratares de una mercancía, por parte de sectores militares y la oposición para hacer viable su salida del gobierno. Sin embargo, a la vez que dan tal información, terminan teniendo que reconocer que, mientras sectores de la oposición buscan refugiarse en embajadas de países afines radicadas en Caracas, Maduro como presidente constitucional en funciones se mantiene al frente del gobierno, rodeado por miles de sus seguidores que no han abandonado las inmediaciones del Palacio de Miraflores, sede de la presidencia.

Mientras estos sucesos se desarrollan en Venezuela, cada vez son más los medios de comunicación que responden a los conglomerados transnacionales vinculados a Estados Unidos, la Unión Europea o países hostiles a Venezuela que, actuando de manera concertada, uniformizan sus mensajes contra el gobierno de Venezuela y sus dirigentes. En la medida en que tales medios logren copar la comunicación, y en consecuencia, menos la información objetiva se obtenga en el acceso ciudadano a internet y las redes sociales sobre lo que en efecto ocurre en Venezuela, mayor aislamiento tendría su proceso revolucionario. Por esto apuestan a fortalecer un cerco mediático, que también forma parte de esta guerra de baja intensidad, contra la Revolución Bolivariana. De ahí la importancia en buscar medios de información alternos, aquellos que, desde la sociedad, desde las organizaciones de base, desde la solidaridad con el bravo pueblo venezolano, nos presenten una visión alterna a aquella que nos inyectan las grandes cadenas de televisión y los grandes periódicos en su despliegue a escala global.

A pesar de la derrota de esta nueva intentona golpista, los intentos desestabilizadores contra Venezuela están aún lejos de concluir. Los sectores de la oposición, con el respaldo del gobierno de Estados Unidos y algunos países del hemisferio americano, siguen empeñados en destruir la Revolución Bolivariana. Esto últimos, en particular, lo hacen por el temor que les inspira que mañana, la conciencia de sus propios pueblos despierte y como en Venezuela, sea el pueblo quien decida echar a caminar un proceso en el cual se enfrente la pobreza, la desigualdad y la miseria; un proceso en el cual se reivindique con orgullo su sentido de la nacionalidad, de la independencia, de la soberanía y de la justicia social; un proceso en el cual el pueblo asuma el propio control de su futuro; un proceso en el cual nuestro sur sea de una vez por todas nuestro norte; un proceso en el cual nuestros pueblos se integren, como uno solo, en una gran patria soberana.

Venezuela exige hoy de todos nosotros y nosotras la mayor solidaridad y compromiso. Cada cual, desde su particular espacio, dentro o fuera de este país hermano, tiene algo que aportar en la defensa de su futuro, en la afirmación de su independencia, y claro está, en la agenda de la integración latinoamericana y caribeña.