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La guerra comercial entre los EE.UU. y China

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altLa prensa comercial en Puerto Rico informa, en un despacho de la Agencia EFE del pasado 25 de mayo, que el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, pronunció un discurso en la provincia de Jiangxi, localizada al sur, que su país debería prepararse para “situaciones difíciles” ante un panorama de “importantes riesgos y desafíos”. Las expresiones del dirigente chino, que son señalamientos que suelen hacer los dirigentes de este gigante asiático cuando de proyectar el desafío por superar los remanentes del subdesarrollo y colocar a China en la ruta de la modernización, no debería causar sorpresa si no es dentro del contexto en que se producen las mismas. Nos referimos al diferendo entre la República Popular China y Estados Unidos dentro del marco de la guerra arancelaria existente entre ambos. 

De acuerdo con la noticia, el discurso Xi Jinping se produce luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitiera un decreto de emergencia nacional en virtud del cual prohíbe a las empresas estadounidenses comerciar con sus copartes en el extranjero alegando que supuestamente China espía a Estados Unidos, ello en una referencia a la empresa de tecnología Huawei, cuya directora de finanzas fue detenida y se encuentra bajo fianza en Canadá, donde se le imputa de violar las sanciones impuesta a la República Islámica de Irán. Se menciona que las medidas adoptadas por Trump pudieran tener consecuencias para China en materia de comunicaciones, señalando que la empresa Google se ha planteado dejar de permitirle a la empresa Huawei el uso del sistema operático Android con el cual operan los teléfonos móviles en la República Popular China.

Ante ello, sin embargo, el fundador y Director Ejecutivo de Huawei, Ren Zhengfei, ha indicado que tales restricciones por parte de Estados Unidos no afectarán los servicios de comunicaciones en su país ya que, en menos de dos a tres años, su país estará en condiciones de aventajar en tecnología 5G a sus competidores estadounidenses. 

Las complicaciones en este conflicto, sin embargo, son mayores. De acuerdo con CNN Business, “la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) advirtió que una escalada en la guerra comercial perjudicaría a la economía de Estados Unidos y al resto del mundo, reduciendo un 0.7% del crecimiento mundial para el año 2021.” A pesar del bajo por ciento, cuando se lleva a dólares, esto representa $600 mil millones. Indica que de acuerdo con Morgan Stanley, si las conversaciones en curso se estacaran sin que se llegue a un acuerdo entre ambos países, “y Estados Unidos impone aranceles del 25% sobre los 300,000 mil

millones de dólares restantes de las importaciones procedentes de China, vemos que la economía mundial se dirige a una recesión”. Bajo este escenario, indican, “la Reserva Federal se vería forzada a recortar las tasas de interés, finalmente volver a cero y China necesitaría un nuevo estímulo enorme.” Otros analistas del Bank of America han señalado que una prolongada guerra comercial eventualmente significará un gasto enorme para los consumidores, lo que se vería reflejado en el precio de algunos productos. 

Señala el artículo que el año pasado Estados Unidos impuso a China aranceles al acero y al aluminio extranjeros, así como $50 mil millones en productos de alta tecnología y más de $200 mil millones en otros productos. En Estados Unidos, donde más del 70% de los zapatos deportivos que vende son fabricados en China, la Asociación de Distribuidores y Minoristas de Calzado de EE UU ha pronosticado que habrá un aumento de 37.3% en los precios de ese calzado producido en China afectando bienes por un valor de $325 mil millones. Cerca de 170 firmas que distribuyen este tipo de calzado, entre ellas Nike y Adidas, han cursado una carta al presidente Trump rechazando esta política de fijación de aranceles a los productos fabricados en este país asiático. 

De acuerdo con Daniel Thomas, corresponsal de la BBC, el año pasado China aumentó las exportaciones de sus productos a Estados Unidos en un 7%, sin embargo, el flujo comercial entre ambos países tuvo una reducción de un 9% en el primer trimestre de 2019, lo que a juicio del periodista, refleja que ya la guerra comercial entre ambos países ha comenzado a afectar.

En un discurso hecho el 12 de noviembre de 2013 por el presidente chino ante la Segunda Reunión de la II Plenaria del XVIII Comité Central del Partido Comunista Chino, este indicaba que al “hay que apoyarse en la reforma y la innovación para que en la liberación y desarrollo de las fuerzas productivas sociales, en la liberación e intensificación de la vitalidad social y en el fenómeno del desarrollo integral del hombre, el socialismo con peculiaridades chinas sea más eficaz que el sistema capitalista, sea más capaz de incentivar la actividad, la iniciativa y la creatividad de todo el pueblo, sea capaz de proporcionar condiciones favorables para el desarrollo social, sea más capaz de ganarse la superioridad en la competencia, pudiendo demostrar a plenitud la superioridad del sistema del socialismo con peculiaridades chinas.” 

Con relación a Estados Unidos, en el contexto de una conferencia de prensa conjunta entre el presidente chino y el presidente de Estados Unidos Barack Obama el 7 de junio de 2013, el primero indicó que “China y Estados Unidos deben y pueden construir un nuevo modelo de relación, distinto al de los enfrentamientos y confrontaciones históricos entre grandes países que conoce a historia.” Allí, Xi Jinping expresó que ambos países habían acordado esforzarse “conjuntamente para estructurar un nuevo modelo de vínculos entre países grandes, respetarnos mutuamente, cooperar y procurar intereses mutuos, con el fin de generar beneficios para nuestros pueblos y los demás países del mundo en general.” El presidente chino indicó a la prensa que ambos países habían acordado “fortalecer la cooperación en una amplia gama de ámbitos como economía, comercio, energía, medio ambiente, cultura y humanidades”, así como establecer coordinaciones en asuntos tales como las políticas macroeconómicas”, e incluso, establecer “un equipo de trabajo para la ciberseguridad”. Tales metas, hoy, bajo la presidencia de Donald Trump, parecen revertir a viejos tiempos. 

La respuesta de la República Popular China a las medidas adoptadas por Estados Unidos no han tardó en manifestarse. De acuerdo con el periódico El País, en su edición del pasado 14 de mayo bajo la firma de Macarena Vidal y Sandro Pozzi, apenas 100 minutos luego del anuncio de Trump estableciendo nuevos aranceles a China, Beijín respondió anunciando que, efectivo al 1 de junio, establecería un incremento entre un 10% al 25% en los aranceles para cerca de 5,140 productos estadounidenses por un valor de $60 mil millones. Al hacer pública su posición, el Ministerio de Finanzas de China indicó que la decisión tomada por su país era “una respuesta al unilateralismo y al proteccionismo”, señalando de paso la esperanza en que Estados Unidos “vuelva a la vía correcta de las negociaciones bilaterales de comercio”. De acuerdo con los periodistas, la posición de China es la de no firmar ningún documento que a juicio de su país y su gobierno sea perjudicial a sus intereses, señalando de paso que “su economía tiene la capacidad para aguantar los efectos adversos de los impuestos estadounidenses”, señalando, además, que aprovechará las circunstancias creadas como una oportunidad para fortalecer aún más su país. 

Esta guerra comercial de Estados Unidos comenzó en enero de 2018 cuando Estados Unidos impuso aranceles a los paneles solares y lavadoras importadas desde todo el mundo, y más adelante, en marzo de 2018, cuando hizo los mismo con aranceles al acero y aluminio. La primera respuesta por parte de China se produjo en abril de 2018 cuando el gobierno respondió fijando aranceles a 120 tipos de productos provenientes de Estados Unidos por un valor de $3 mil millones. A ello Estados Unidos respondió con la imposición de aranceles a productos hechos en China valorados en $34 mil millones. Contra dicha medida, China respondió con otra medida de igual dimensión. En agosto Estados Unidos impulso nuevos aranceles a productos chinos valorados en $16 mil millones, mientras China impuso otros aranceles por igual valor a productos hechos en Estados Unidos. Para septiembre de 2018 la situación se disparó al Estados Unidos imponer aranceles equivalentes al 10% sobre una lista de productos que sumó la cantidad de $200 mil millones, a lo que China respondió imponiendo aranceles adicionales por la suma de $60 mil millones. La última movida es la de Estados Unidos aumentando en 25% los aranceles a la lista elaborada en septiembre de 2018, con una respuesta por parte de China de aumentar los aranceles entre 20% a 25% a su lista de septiembre de 2018 para un total de $60 mil millones.

De acuerdo con la publicación El Economista.Es, de fecha 23 de mayo de 2019, tomando como base la existencia en Estados Unidos de 127.6 millones de hogares, el impacto monetario de la fijación de estos aranceles a los productos procedentes de China se cifra en $52,800 millones en el año 2018 y $106,074 millones en el año 2019. De acuerdo con la publicación electrónica Sputnik, en su edición del 24 de mayo de 2019, los nuevos aranceles que ha propuesto la administración Trump a los productos hechos en China costarán a cada hogar en Estados Unidos en este año 2019 la suma de $831.00, prácticamente el doble de su costo el pasado año

Todo apunta a que el incremento continuará, en el caso de la República Popular China, devolviendo a Estados Unidos golpe por golpe cada incremento en aranceles que este país emita en perjuicio de su comercio, aunque manteniendo abierta la puerta para resolver las diferencias en la mesa de negociación.

Para la dirección del Partido Comunista de China, los esfuerzos que lleva a cabo el país enmarcan dentro de dos grandes objetivos. El primero, el centenario de la fundación de dicho Partido en 2021 y el centenario de la fundación de la República Popular China el 30 de octubre de 2049. Se trata de fechas emblemáticas en las que, dentro de sus proyecciones, se plantea para el pueblo y el gobierno chino, lograr “culminar la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada y acelerar el impulso de la modernización socialista del país”.

En ocasión de una entrevista al presidente chino efectuada en mayo de 2013, Xi Jinping indicaba como metas de su país, duplicar para el año 2020 el Producto Interno Bruto y la renta per cápita de la población comparada con la de 2010, logrando el objetivo indicado de “una sociedad modestamente acomodada”; y luego para 2049, “concluir la transformación de nuestro país en un país socialista moderno, próspero, democrático, civilizado y armonioso, haciendo con ello realidad el sueño chino de la gran revitalización de la nación china.” Para entonces no estaba sobre la mesa esta lucha arancelaria con Estados Unidos. Sin embargo, a la luz de los elementos que derivan de su reciente discurso en Jiangxi, a seis años de distancia de aquella entrevista, la voluntad de alcanzar tales metas sigue en pie al señalar que China, a pesar de las complicaciones por las cuales atraviesa “está aún en un periodo de importantes oportunidades estratégicas para el desarrollo.” Habrá por lo pronto que esperar al desarrollo de esta guerra comercial entre ambas naciones.