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Brujas y hechiceras antillanas procesadas por la Inquisición, 1610 a 1632 (segunda de dos partes)

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En nuestra última entrega analizamos algunos datos estadísticos, obtenidos de la documentación inquisitorial de Cartagena de Indias, que demostraba la existencia de una gran cantidad de acusaciones relacionada con las prácticas supersticiosas, dándose un mínimo de 264 procesos en el siglo XVII. En el periodo de 1610 a 1632, para las Antillas españolas específicamente, se encontraron catorce personas enjuiciadas por este tipo de conducta. De ellas, nueve habían nacido y criado completamente en la zona, siendo todas mujeres. Ya visto el caso de Luisa Sánchez, en el artículo anterior, única sentenciada por brujería, pasamos a una breve descripción de las restantes ocho féminas, las cuales fueron juzgadas por el crimen de hechicería.

El primero de los casos, el de la liberta Jusefa Ruiz, fue presentado en Auto de fe (ceremonia donde se exponían las sentencias de los condenados) público, el 13 de marzo de 1622. Jusefa Ruiz era una negra, nacida y criada en Santo Domingo, de 40 años de edad, que fue testificada por 12 individuos.  Algunos de ellos alegaban que la rea pertenecía a una secta de brujas, que desenterraba muertos, y que tenía el don de la metamorfosis, ya que podía convertirse en un ratón o una cabra. Estas acusaciones llevaron a los inquisidores a inicial el juicio por brujería, no obstante, la rea pudo confrontar varios testimonios, demostrando que existía una vendetta hacia ella. Dado a la existencia de otros elementos, tales como los conjuros y hechizos que Jusefa realizaba, la determinación final fue que había cometido faltas relacionadas a la hechicería, recibiendo 200 azotes y el destierro perpetuo, tanto de Santo Domingo como de Cartagena de Indias.

En el auto de fe realizado en la catedral de Cartagena de Indias, el 25 de junio de 1628, se presentaron otras tres hechiceras antillanas. La primera, Beatriz de Oviedo, una criolla de 45 años, casada, que fue acusada por 26 personas por realizar conjuros amorosos, a la vez, que predecía el futuro. Beatriz de Oviedo había nacido en Santi Espíritu (Cuba) pero al momento de su arresto vivía con su esposo, Juan de Ribilla, en la Habana. Su sentencia final fue el destierro por un periodo de tres años.

La segunda rea en este auto de fe fue Isabel de la Mota, una partera criolla, habanera de 37 años. Testificada por 29 individuos. Al igual que otras hechiceras fue acusada por los sortilegios relacionados a los problemas amorosos, con el agravante de conocer las yerbas y sus usos mágicos, acción que llevó a los inquisidores a otorgarle una pena mayor que a otras mujeres. Esta consistió en cinco años de destierro y el tener que pasar por la vergüenza pública de ser reconocida en la plaza como hechicera y sortílega.

La tercera, de las sentenciadas fue una mulata puertorriqueña, residente en la Habana, conocida como Ana de Mena, que a sus 20 años ya era considerada una maestra de hechiceras. Su proceso inquisitorial comenzó por brujería, sin embargo, no contaba con los elementos necesarios para ello. Su sentencia, por el agravante de ser maestra de hechiceras, fue el destierro por cinco años y la vergüenza pública.

Las restantes cuatro reas fueron sentenciadas el 7 de marzo de 1632 en un autillo privado en la sede de la Inquisición. En la información recopilada sobre este autillo no se presentan las edades de las penitenciadas. Las primeras dos, sufrieron las mismas sentencias; que consistieron en recibir 100 azotes, prestar servicio comunitario en el hospital de San Sebastián, donde se les envió a atender a los pobres, y destierro por cuatro años. Ellas fueron Bernarda Álvarez, mulata de Santo Domingo, que realizaba diversos hechizos, conocía las propiedades de las yerbas y hasta se le acusó de haber preparado polvos venenosos para matar a un hombre; y Catalina de Acevedo, mulata esclava, habanera, que renegaba de Dios y que realizaba trabajos mágicos donde exponía los acontecimientos futuros.

Las últimas dos reas fueron Catalina de Molina y Ángela María, ambas procedentes de la Habana pero de constitución social distinta. Catalina de Molina era una mulata libre y soltera, conocedora de conjuros amorosos, de hechizos para la suerte y el uso de palabras sagradas para dominar los elementos naturales. Ángela María, criolla, casada con un marinero, cuyo nombre era Miguel González, utilizaba las oraciones sagradas como medio de sus hechizos. En ambos casos, la sentencia fue vergüenza pública y destierro por dos años.

Todas estas mujeres, representantes del mestizaje étnico-cultural que se vivió en la zona antillana y caribeña, son muestra de la lucha constante que se dio por sobrevivir en una sociedad enmarcada en el machismo y la subyugación, que los grupos de poder secular y eclesiástico imponían. Esto no implica que se establecieran los mismos patrones a seguir dentro de la población general. La lucha por la libertad religiosa y las prácticas espirituales sembró la simiente que conduciría a las guerras libertarias y la gestación de las naciones que integran los pueblos hispanocaribeños.

 

Fuente primaria consultada

Archivo Histórico Nacional en Madrid, Sección de Inquisición

Libro 1020: Libro primero de relaciones de causa de fe del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias: 1614-1637.

 

Fuentes secundarias recomendadas

 

Caro Baroja: Las brujas y su mundo [1961], 11ª reimpresión, Madrid, Alianza Editorial, 1995.

 

Crespo Vargas, Pablo L.: La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano,siglo XVII, 2ª ed., Lajas, Akelarre, 2013.

 

Escudero, José A. (ed.): Perfiles jurídicos de la Inquisición española, Madrid, Instituto de Historia de la Inquisición, Universidad Complutense de Madrid, 1992.

 

Henningsen, Gustav (ed.): The Inquisition in Early Modern Europe: Studies on Sources and Methods, Dekalb (Illinnois), Southern Illinois University Press, 1982.

 

Levack, Brian P. (ed.): Articles on Witchcraft, Magic and Demonology, New York, Garland Publishing, 1992, 12 vols.

 

Medina, José Toribio: La Inquisición en Cartagena de Indias [1899], 2ª ed., Bogotá, Valencia, 1978.

 

Pérez Villanueva, Joaquín (dir.): Historia de la Inquisición en España y América, Madrid, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984, 3 vols.

 

Russell, Jeffrey B. y Brooks Alexander: A History of Witchcraft: Sorcerers, Heretics & Pagans, 2a ed. aumentada, New York, 2007.

 

Pablo L. Crespo Vargas es maestro de historia en la escuela superior de Lajas, Leonides Morales Rodríguez y estudiante graduado de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metro, donde ya completó una maestría, siendo su tesis de grado publicada con el nombre de La Inquisición española y las supersticiones en el Caribe hispano, siglo XVII, obra galardonada con el Primer Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña en la categoría de Investigación y Crítica para el año 2011. Actualmente, trabaja su tesis doctoral, cuyo tema es referente al imaginario caribeño del siglo XVII y espera publicar un libro sobre la historia de Lajas para noviembre-diciembre de este año.