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La prensa vuelve a derrotar a Trump, ¿y en Puerto Rico?

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(San Juan, 1:00 p.m.) Michael Flynn, el asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump renunció anoche en medio de un escándalo relacionado con sus contactos con el embajador ruso en diciembre pasado. El funcionario, representante de la línea dura en materia de relaciones internacionales de Donald Trump, anunció su renuncia anoche luego de que la prensa de Estados Unidos hiciera público reportes relacionados con sus contactos con el embajador ruso durante la crisis desatada por la intervención de Rusia en las elecciones de Estados Unidos.

Mientras el presidente Obama anunciaba sanciones contra Rusia a causa de su intervención con las elecciones de Estados Unidos, a favor de Donald Trump, Michael Flynn se comunicó con el embajador de dicho país y aparentemente le aseguró que la administración Trump se encargaría de dicho asunto una vez tomara el poder. Dicha llamada fue comentada por el vice-presidente Mike Pence en los medios, pero, según fue informado por el propio Flynn, Pence dijo que no se había hablado de las sanciones con el embajador ruso.

La intervención de Flynn en asuntos de relaciones internacionales, sobre todo en contra de la política oficial de Estados Unidos manejada en diciembre por la administración Obama, constituye una violación de la ley de 1799 llamada la ley Logan. Dicha legislación prohíbe que personas privadas negocien con gobiernos de países que tienen un conflicto con los Estados Unidos en contradicción con la política oficial de dicho país. La misma establece que será un delito que un ciudadano de Estados Unidos negocie con un poder extranjero con el fin de influenciar su conducta en relación con alguna disputa con Estados Unidos o con el objetivo de derrotar la política de Estados Unidos en relación a dicho país. Aunque nadie ha sido condenado por violar dicha ley y sólo ha habido una acusación relacionada a la misma, la realidad es que la intervención de Flynn, quien al momento era un ciudadano privado, aparenta haber estado dirigida a dar seguridad al embajador de sobre las intenciones de Donald Trump una vez juramentara como presidente de los Estados Unidos.

La prensa de Estados Unidos no dejó que la historia de Flynn y el embajador ruso se disipara, como suele suceder, sino que continuó investigando hasta que se obtuvieron las transcripciones de dicha conversación. Entonces Flynn tuvo que admitir que probablemente no había informado completamente al vice-presidente del contenido de dicha conversación lo cual provocó que el vice-residente diera información falsa a la prensa durante sus intervenciones en diciembre. El hecho de que Flynn mintió acerca del contenido de las conversaciones es el detonante que provocó su renuncia en la noche de ayer. Pero dicha renuncia no está basada en el hecho de haber mentido, exclusivamente, sino en el hecho de que la prensa reveló el contenido de dichas conversaciones. En este sentido es una victoria para la prensa de Estados Unidos ante la administración de Donald Trump que se ha destacado por mentir, decir medias verdades y mentir un poco más.

Ante el hecho de que la administración Trump ha insistido en hacer declaraciones de dudosa credibilidad, como que tres millones de indocumentados votaron por Hilary Clinton y por eso ella obtuvo más votos que Trump en las elecciones, la prensa de Estados Unidos se ha convertido en una fuente de verificación constante de las declaraciones de los miembros de la administración. Esto está cambiando la fisionomía de la prensa norteamericana. Se está dando una transición de una prensa que se conformaba con dar datos relacionados con las declaraciones de la administración bajo la presidencia de Obama a una prensa que confirma, verifica, y revisa los datos revelados por la administración Trump.

En ese sentido la prensa está recuperando su papel como el cuarto poder dentro de una estructura democrática. Dejando de lado su papel de transmisor de las políticas oficiales la prensa comienza a jugar el rol de desafío ante el poder imperante. Ante el intento de crear una nueva hegemonía la prensa elabora su propia contra-hegemonía que rompe con el control que la administración Trump quiere tener de los medios de comunicación y va, de este modo, cercenando la emboscada twittera creada por Trump.

Este nuevo papel de la prensa, que no es nuevo sino la recuperación de su verdadera función, es motivo para reflexionar sobre la prensa en Puerto Rico. Mientras que la prensa de Estados Unidos ya le ha dado el primer golpe, y ha obtenido la primera victoria ante la administración Trump, la prensa de Puerto Rico aparentemente se ha quedado dormida ante la administración Rosselló. Contrario a lo que pasaba en el cuatrienio pasado varios medios supuestamente independientes han comenzado a ser meramente fotutos de la política oficial. Las noticias consisten en repetir lo que dice la administración y se ha ido abandonando, una vez más, el periodismo investigativo. Atrapada por intereses económicos extranjeros la prensa digital se ha convertido en un espectáculo de redundancias. La prensa corporativa nunca ha jugado un papel importante en la defensa de derechos o de los intereses del pueblo, así que su función de fotuto oficial o gaceta del gobierno no sorprende a nadie.  Los medios televisivos se centran en los chismes y no en la investigación noticiera y la prensa alternativa, con la excepción de El Post Antillano, ha ido en picada perdiendo capacidad de respuesta y su poder como contrapeso ante la hegemonía imperante.

Ante la realidad del embate hegemónico del poder económico en Puerto Rico el silencio sepulcral de los medios debe preocupar a más de una persona. Es como si los contratos de exalcaldes o legisladores fueran el verdadero escándalo y no el contubernio entre el sector privado y el poder público representado con claridad en la forma de la Junta de Control Fiscal. Mientras el colectivo está siendo endrogado con noticias sobre el salario de Jorge Santini o Aníbal Vega Borges el sector corporativo-financiero, que es el verdadero culpable de la crisis actual, sigue haciendo de las suyas sin que la prensa sepa cómo responder ante el mismo. Esta es la verdadera derrota de nuestro periodismo y probablemente el nuevo papel del periodismo norteamericano nos sirve de modelo para reinventarnos.