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Para la Junta de Supervisión Fiscal, ni un vaso de agua

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altEs mi opinión, que las pasadas elecciones generales en Puerto Rico, contrario a lo que otros puedan pensar, tenían un carácter plebiscitario como nunca antes. La postura radical asumida por la compañera María de Lourdes Santiago, candidata a gobernadora por el Partido Independentista Puertorriqueño en la pasada contienda electoral, apuntaba a la medula de nuestro problema como construcción económico-social, la necesidad de romper la relación imperio-colonia.

Tengamos en cuenta que, durante los pasados años, se han hecho cada vez más evidente para amplios sectores de nuestro pueblo, nuestra situación de país subyugado política-económica-jurídicamente a los designios de Washington. Como alertados por la piedra que rompe la vitrina, el país empieza a chocar con esa realidad, monda y lironda, somos una colonia. El imperio dictatorial impone, si al principio un gobierno militar, luego la caricatura de un gobierno colonial y hoy una junta federal, hecha a la medida de sus intereses geo-estratégicos y financieros.

El sentido común va despertando y advierte como realidad contundente que los partidos Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PPD) son parte del andamiaje de dominio colonial que se va desplomando. Siendo estas estructuras desprestigiadas y corruptas, todo el mundo conoce que se lucran de los fondos públicos y hay una alta sospecha sobre los intereses que representan.

Las posiciones asumidas por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en las pasadas elecciones fueron particularmente radicales con relación a la mentalidad colonial imperante en nuestro pueblo. Plantearon desobedecer la dictadura de la junta federal fiscal y la llamaron así, por su nombre, dictadura. Plantearon enfrentarse a Washington, crear una situación de crisis la cual obligaría a la negociación de la supuesta deuda, a la que caracterizaron de ilegal-inmoral y odiosa.

Y en el centro de todas sus propuestas, destaca la necesidad de la Independencia Nacional, aquella que reconoce al pueblo de Puerto Rico como soberano, y que otorga los poderes, históricamente necesarios, que permitan manejar la situación de crisis política, económica y social por la que atraviesa el país.

El programa de gobierno presentado por el PIP fue reconocido, mediante encuetas realizadas por los medios de comunicación del país, como uno en clara sintonía con las expectativas del pueblo Sus propuestas sobre desarrollo tecnológico, cooperativismo, agricultura, impuestos a las corporaciones foráneas, plan de salud universal, medicina preventiva, educación pública gratuita y de calidad, derechos de la mujer, protección ambiental apuntan hacia la reconstrucción del tejido social de un país posible, donde la justicia y la equidad sean palpables y no quimeras.

A la compañera María de Lourdes Santiago, candidata a gobernadora por el PIP, hay que reconocerle su liderato, su carisma, dinamismo y compromiso incorruptible con las luchas del pueblo. Siendo un cuadro político de mucha experiencia y preparación, es innegable su capacidad para articular el mensaje de lucha, utilizando cada oportunidad que se le presenta para educar, motivar y agitar a quienes le escuchan y le respetan. Hoy más que nunca, esa consigna sencilla y a la vez contundente y radical, A La Junta, ni un Vaso de Agua, adquiere plena vigencia y es mejor entendida por el país.

Cuando escuchamos en estos días a los mismos políticos corruptos, inescrupulosos y oportunistas, de ambos partidos coloniales, anunciando que han de enfrentarse a la junta federal, vemos el retrato de lo que son, mercaderes del miedo, terroristas mediáticos, artífices del engaño y la traición. Por eso desde ya les decimos; son ustedes parte del problema, no pueden serlo de la solución. Les decimos que se vayan, no les reconocemos. Como tampoco vamos a reconocer poder alguno del gobierno imperial sobre los destinos de nuestro país y nuestro pueblo

Los que de verdad enfrentamos en todos los terrenos de la lucha social a la dictadura de la Junta de Supervisión Fiscal federal (la Junta) y del imperio, sabemos que hay una guerra declarada contra los mejores intereses de nuestro pueblo. Las organizaciones de mujeres, estudiantiles, obreras, ambientales, de derechos humanos, de profunda y genuina vocación democrática, van conformando ese bloque de poder social necesario para romper las cadenas del colonialismo, la opresión y la injusticia.

Hay una guerra declarada y la raya esta trazada, cada cual que asuma su postura ante la historia. Por lo pronto, para la Junta, ni un vaso de agua.